¡VENGA LA VACUNA CHINA!

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Ferdinand Amunchásteguy. Como diría Machado a través de la voz catalana de Serrat “todo pasa”, también este año  del  que todos quieren olvidarse. Llamativamente, sin embargo, a lo largo de estos más de trescientos días, han regresado del pasado , fantasmas y escenarios que parecía no habrían de repetirse y que, sin embargo, no nos abandonan. En nuestra última gran crisis, se hizo popular el clamor masivo de que se “fueran todos”, sin embargo, no solo no se fueron, sino que intentan regresar, forzando su permanencia a través de un “internismo” difícil de entender.

Las nuevas figuras se aferran a un relato que intenta convertir en épico cualquier episodio intrascendente que protagonicen. Así, la búsqueda de las controvertidas vacunas rusas buscó parangonarse  con el cruce de los Alpes por Aníbal -no Fernandez- y sus elefantes, aunque la mística que buscó imprimirse al suceso, llegó a mostrar el llanto de una de las azafatas que participó del viaje – al que concurrió seguramente por su facilidad para emocionarse, ya que no había pasajeros que atender- .

Más allá de la miscelánea con que se adornó lo que no resulta más que un viaje de carga, (a un país europeo conocido y al que llegan millones de personas para conocer sus palacios y colecciones de arte) lo que debería preocupar es el modo en que se cubre de niebla una realidad que afecta a todos los habitantes de la Nación.

Podría haber sido uno de los monologos de Tato Bores, escuchar a un Ministro explicar la complejidad de la logística que iba a asegurar que la vacuna llegase a un pueblo jujeño de 20 habitantes, en el que seguramente no saben de la existencia del virus -casi podríamos asegurar que ninguno viajó a Europa para contagiarse- y donde no existen portadores, salvo aquellos a los que el personal sanitario que los vaya a vacunar pueda enfermar.

Mientras junto con la pandemia se tratan otras situaciones: la discusión del aborto, el impuesto a la riqueza, la nueva fórmula jubilatoria, o la discusión sobre la reforma judicial,  nadie parece advertir el hartazgo de los ciudadanos con aquellos que asumen ser sus dirigentes. Dicha situación, solo favorece a aquellos que tienen en mente modificar nuestro sistema de gobierno con el argumento mentido de hallar una fórmula de mayor representación popular. Es así como nos deslizamos hacia un sistema alejado de la democracia que conocemos y de las Instituciones propias de una República.

No es la primera vez en la historia que busca alterarse el “contrato social”, aunque en la mayoría de los casos ello ocurrió del modo violento en el que se producen las revoluciones .La violencia, esta vez, se presenta distinta, es la sociedad la que se ha dividido  generando dos bandos aparentemente irreconciliables, la violencia es de los espíritus y no de los músculos,  y el escenario vacío deja abierta la opción de quienes son los que deben irse.

Los jueces no pueden administrar la Justicia, los Legisladores han perdido la iniciativa para establecer las normas y quienes deben ponerlas en práctica se muestran incapaces de concretarlas, en ese ámbito diabólico, la Nación debe encontrar el rumbo para diseñar un futuro que no puede augurarse como el mejor.

El desorden de los  años 70, parece querer volver instalarse en la Argentina, aunque en este ahora,  no existe el espacio para los enfrentamientos violentos,  ya que ni unos ni otros pueden arrogarse el derecho a tomar por la fuerza la dirección del país, y tampoco existe el espacio para ello, sin embargo, el enfrentamiento entre los ciudadanos se hace evidente partiendo al país en dos, y alejando la posibilidad de un desarrollo armónico  salvo que se entienda la necesaria renovación de las figuras encargadas de conducirnos, cosa que, por ahora, se niegan a aceptar quienes nos han llevado a este desafortunado presente.

Si la vacuna Rusa no es exitosa, quizás la solución a nuestros problemas venga de China.