UNA VISITA ESPECIAL.

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Jake Sullivan, un hombre decisivo de la Casa Blanca, llega mañana a la Argentina. No es tema menor. El conoce el acontecer político de este rincón del mundo y sus tratos internacionales, en particular la provisión de materiales estratégicos con bases portuarias y militares para garantizar esos suministros.

Sullivan tiene confirmados encuentros con el secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Beliz -qué es su contraparte- y el canciller Felipe Solá. Solá espera a su su par de Washington,  Antony Blinken, con un grpo de asesores significativo.

El asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Jake Sullivan secretario de Estado, Antony Blinken.

A Sullivan le sobrán antecedentes para informar al presidente Biden  sobre el caso argentino: una participante central en la campaña presidencial de Hillary Clinton y en el 2016 contribuyó al acuerdo nuclear de Barack Obama con Irán en 2015.

Sullivan es jefe del colombiano Juan González, cercano asesor del presidente Biden. González estuvo en Buenos Aires a principios de abril. Aquí dejó en evidencia las reservas de Washington hacia la relación estratégica que China y Rusia mantienen con la Argentina y otros países latinoamericanos. Las visitas señalan ese interés.

Juan Sebastián González es el hombre de Joe Biden para América Latina: conoce muy bien la región, y tiene experiencia en la burocracia y en los pasillos del poder de Washington. Pero, más importante aún, González forjó una relación muy estrecha con Biden y goza de una enorme confianza por parte del Presidente.

González creció en Nueva York y construyó su carrera desde el Departamento de Estado, donde comenzó a trabajar a mediados de 2004, en el equipo dedicado a Colombia, su país natal. Tras un posgrado enfocado en América Latina en la Universidad Georgetown, fue jefe de gabinete de Arturo Valenzuela, uno de los jefes diplomáticos para la región que tuvo el gobierno de Barack Obama. Después llegó el salto a la Casa Blanca. Primero trabajó como asesor de Biden. El regreso a la Casa Blanca, ya con Biden en la presidencia.

A sus 45 años, González maneja el Salón Oval para cualquier gobierno regional. Se destacan sus buenos vínculos, sus contactos y su profundo conocimiento de América Latina. Está casado con Sarah Platts, y tienen dos hijos, Sebastián y Emma, quien nació este año, pocos días después de la asunción de Biden. A principios de febrero, su mujer publicó en Twitter una foto de González sosteniendo en brazos a su hija recién nacida, de apenas tres días, frente una computadora portátil. “Tengo fortuna de servir a un presidente que valora a la familia, y un asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, que cree que hacer tiempo para los seres queridos nos hace mejores funcionarios”, escribió.

Por otra parte la carta de Blinken refiere a los temas tratados con el ministro Solá en el encuentro que sostuvieron en Matera, Italia, en la cumbre del G20: cambio climático, derechos humanos, pandemia, y el fortalecimiento de la seguridad y la democracia regional. La relación entre el Gobierno de Alberto Fernández y la administración de Biden – mantienen importantes diferencias sobre la política y la seguridad regional. No serán diálogos sencillos.

Hace pocos días durante otra de sus participaciones en el Grupo de Puebla, Fernández cuestionó a Estados Unidos por su rol en la Organización de Estados Americanos. Arremetió contra su secretario general Luis Almagro. Fernández cuestionó «también la institucionalidad de los Estados Unidos de haber sostenido a un hombre como Almagro».

La mirada amistosa hacia Venezuela y Nicaragua por parte del  Gobierno argentino, es observada atentamente desde la Casa Blanca.  Analizan las reacciones prescindentes o favorables a nivel regional ante el conflicto en Cuba. Los demócratas son conscientes de la reticencia. Argentina -aliada a México y Bolivia- y los países del Caribe resisten debatir la situación en Cuba dentro del Consejo Permanente de la OEA, propuesta por el gobierno uruguayo.

En la OEA la Argentina se abstienen de condenar a Nicaragua y  a reprobar la violencia oficial de Caracas. Tanto Solá  como Alberto Fernández mantienen discretos contactos con Jorge Arreaza, el canciller de Venezuela y directamente –en el caso de Alberto  Fernández-  conversó con Maduro en la ceremonia de asunción de  Pedro Castillo, en Perú.

Es un clima de estable inquietud la que envuelve a los dos países.  El Departamento de Estado analiza la economía argentina y señala que adolece de “inflación alta”, “incertidumbre” e “intervencionismo”. Se suman a un estado de tensión local que se expresará en el proceso electoral próximo.

A esta cuestión puntual también estarán atentos los visitantes de la Casa Blanca que llegan a Buenos Aires.