UNA PINTORA

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El feminismo criollo, tan color verde, tan progresista, tan vehemente  y no necesariamente tan culto, pasa por alto nada menos que a  Artemisia Gentileschi. Su formación se hizo en el taller de su padre, el pintor toscano Orazio Gentileschi (1563-1639), perteneciente de la escuela romana de Caravaggio. Fue la primera mujer en hacerse miembro de la Accademia di Arte del Disegno de Florencia y tuvo una clientela internacional. Trabajó bajo los auspicios de Cosme II de Médici y en Londres bajo el patrocinio de Carlos I de Inglaterra.

Al filo del post Renacimiento – el barroco- se dedicó a la pintura, en tiempos que esa actividad era reservada a los hombres (y hasta los tiempos modernos así ocurre). Ella hizo cuadros históricos y religiosos. También retocó y modificó obras de su padre y les aplicó el claroscuro con gran acento dramático. Su “Judith decapitando a Holofernes” (en los Uffizi en Firenze) sorprende por la luminiscencia de seda de los vestidos y su pincelada minuciosa.

El interés feminista en Artemisia Gentileschi que no alcanzó estas orillas se  inició en la década de 1970, merced a la crítica e feminista Linda Nochlin quien se preguntó en un ensayo: ¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?. Por supuesto que la respuesta de la Nochlin fue debido a “las instituciones opresivas.”

Otra especialista en arte feminista Teresa Alario sostiene que la artista «se enfrenta firmemente con los tópicos misóginos dominantes de la época. Sufrió  de sumisión psicológica por lavado de cerebro y los celos de su talento obvio». En fin. Desde el impresionismo hasta hoy abundan las pintoras. Cuesta mencionar las excepcionales, como Georgia O´ Keeffe por ejemplo.

¿Es un grave pecado considerar que los géneros tienen a veces cualidades y condiciones distintas?