UNA MIRADA AL FUTURO

0
97

 

Miguel Crotto*. La evolución de la economía argentina desde la época de la Independencia, reflejada en el producto per cápita, nos muestra algo que todos sabemos, las últimas décadas son, en su conjunto malas, y hemos retrocedido notablemente en el cuadro del bienestar económico mundial.

Los números del PBI en el 2021, por el contrario son reconfortantes -una recuperación de más del 10%- lo que supone que la extraordinaria caída del año 2020 por la pandemia, se ha superado y que nuestra economía en los inicios del 2022 está en los niveles de enero del 2020, aunque con una tendencia claramente mejor.

Una pequeña aclaración. Para poder analizar el futuro económico del país sería bueno contar con números más precisos y que el BCRA recalculara el PBI de este siglo en razón de los grandes cambios producidos como consecuencia de nuevas tecnologías en las estructuras económicas, las cuales no están adecuadamente reflejadas en la medición actual.

Un interesantísimo libro, citado últimamente en esta publicación, «Nueva Historia Económica de la Argentina» con la dirección de Roberto Cortes Conde y Gerardo della Paolera, recopila los últimos estudios sobre la historia económica argentina y dentro de los temas resume la evolución del producto bruto per cápita, permitiendo un análisis lo suficientemente extendido en el tiempo como para reflexionar sobre lo sucedido.

Si tomamos el periodo que va desde la recuperación de la democracia -1983- hasta el 2020, el crecimiento de la economía argentina fue del 1,6% anual y el producto per cápita creció un 0,7% anual, un muy mediocre resultado.

Analizando el periodo anterior 1913-1974, que no incluye los años dorados de crecimiento, nos encontramos que el producto per cápita avanzo un 1,55% anual, más que el doble del que tuvimos en los últimos 38 años.

La diferencia entre ambas 1913-1974 y 1983-2020, es equivalente al 0,85% de crecimiento anual en el producto per cápita, a favor de la primera etapa. La diferencia en menos, teniendo en cuenta la capitalización de las cifras, es del orden del 40%. La conclusión es muy obvia, si se hubiera mantenido el modesto pero no despreciable crecimiento del periodo 1913-1974, hoy tendríamos un producto per cápita 40% superior al que tenemos y la pobreza sería del orden del 15%.

Actualmente la población del país, incluyendo la inmigración crece a razón del 0,95% anual (tendremos cifras más precisas cuando se haga el censo que debió hacerse en el 2020 y fuera suspendido por la pandemia) y para que el producto per cápita crezca un 1,55% anual (el crecimiento 1913-1974) se necesita que el PBI del país crezca a razón del 2,5% por año. Con este crecimiento en el futuro volveríamos a la performance de 1913-1974 pero no recuperaríamos lo perdido en el periodo 1983-2020.

Para compensar esta pérdida el país tendría que crecer al 6% anual durante ocho años, tasa a la que crecimos durante el decenio 1963-1973. Cada año de crecimiento al 6% se recupera 3,5% del producto per cápita y en ocho años, por el esquema de capitalización anual, se recupera la totalidad de lo perdido.

Por supuesto que cuando analizamos los números del periodo 1875-1913, caracterizado por la dinámica de la exportación atlántica, es difícil sentirse satisfecho. En ese periodo, que coincidentemente tiene el mismo número de años que el que va desde 1983 hasta hoy, la Argentina tuvo un crecimiento del producto per cápita del orden del 3,75% anual promedio. Coincidieron un explosivo aumento de la población, principalmente por la inmigración, con un excelente crecimiento económico, lo que supuso que al final de ese periodo, el tamaño total de nuestra economía fuera nueve veces mayor que el que tenía al inicio del mismo. Fue una performance que históricamente no se había dado en la economía mundial, aunque un proceso parecido tendría Brasil en el periodo 1930-1980 y en las últimas décadas algunos países asiáticos lograrían superarla.

No es este artículo el lugar para discutir nuestra historia económica. En el libro se refleja con amplitud las posiciones de los actores que la han analizado, pudiendo afirmarse que la racionalidad es una buena guía para dilucidarla. También que tenemos muchísimo para aprender de cara a la definición de políticas exitosas para nuestro futuro.

Hoy la economía está en un punto de inflexión. La recuperación de la crisis ha sido muy buena, ayudada significativamente por la mejora de los términos de intercambio, corroborando una vez más lo que nos enseñan los 200 años de historia económica del país, cuando mejoran claramente los términos de intercambio, a la economía argentina le va bien, independientemente del gobierno que está a cargo de la administración del país. En el 2021 hay que agregarle los casi 5MM de dólares que recibimos del FMI en DEG, sin contraprestación, por lo que nuestra economía conto con 20MM de dólares adicionales a lo que hubiera tenido en un año normal.

También nos enseña la historia que sin una oferta fluida de dólares los procesos de crecimiento de nuestra economía no se mantienen, se desaceleran y por fin se detienen, no logrando entrar en un círculo virtuoso.

El acuerdo con el FMI es necesario porque un default provocaría un escenario extraordinariamente negativo y las consecuencias para los que hoy están en situación vulnerable muy malos.

Sin embargo, no cualquier acuerdo. Normalmente el primer objetivo del Fondo es recuperar la balanza comercial. En el caso argentino ya son tres años de superavit y con un nivel importante, 3% del PBI. El ajuste fiscal, también indispensable en los planes del Fondo, ha sido, en un porcentaje significativo, realizado, y el tema de los subsidios es de sentido común, evitar precios artificialmente bajos de bienes y servicios que tienen un efecto negativo en el gran tema actual, el calentamiento global. Por otra parte el consumo de estos bienes por parte de las familias de muy bajos recursos es muy reducido y subvencionarlas no tiene volumen económico.

Pienso que el punto crucial, de cara a los intereses del país, está en el mercado de cambios y el esquema que asegure una fluida oferta de dólares a nuestra economía. Por supuesto debe incluirse la refinanciación de la deuda con el organismo.

No parece una solución difícil. Hay en nuestra historia económica excelentes ejemplos y 1933 es un año emblemático, con condiciones internas y externas infinitamente más complicadas que las actuales.

Una razonable performance económica en el 2022 y el 2023 pondría al país en una base sólida para los ocho años que continúan a partir del 10 de diciembre del 2023.

Es claro que por la evolución de las elecciones desde 1983 hasta ahora, en esa fecha asumirá un presidente (puede ser el actual) que responda a la coalición gobernante o a la coalición que gobernó en el periodo 2015-2019.

Sería bueno que ambas coaliciones se preparen para poder llevar adelante una etapa de ocho años con crecimiento del 6% anual. Recuperado el crecimiento perdido y desde ese nuevo nivel, la Argentina podría, a partir del 2031, comenzar a incorporarse al primer mundo. Un desafío histórico.

 

*Es economista. Realizo estudios de posgrado de finanzas en Italia (I.R.I) y Políticas Publicas en la Universidad del Salvador y Carlos III de Madrid. Fue director del Banco de Desarrollo, Vicepresidente del Banco  Nación y  Subsecretario de gestión empresarial. Dicta diversas materias en la carrera de economía de la Universidad Católica Argentina. Es autor del libro “Una economía para ocho millones de pobres”