UN ZAPALLO PESADO

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Ángela Gulbenkian tiene 40 años y conecta al arte internacional con coleccionistas y compradores varios. Ahora está presa en Londres. Vendió una escultura de Yayoi Kusama que no estaba en venta a un comerciante de arte con base en Hong Kong, Mathieu Ticolat.

Triolat confió en Ángela, una alemana cuya familia política tiene su museo de arte en Lisboa y la Fundación Calouste Gulbenkian. Y como si fuera poco lo convenció el prestigio social, artístico y económico del apellido, que no le pertenece sino a su ex marido. Así las cosas le compró nada menos que el famoso Yellow Pumpkin (Zapallo amarillo), una escultura gigante de fibra de vidrio reforzado, pesa unos 81 kilos, es de 2021, y formó parte de retrospectivas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en la Tate Modern de Londres.

Por 1.375.000 de dólares, esa pieza de Yayoi Kusama resultó por demás atractiva para el comerciante de arte Triolat. La señora de Gulbenkian le aseguró la venta.  Ángela viajó a Munich para darle a su madre 288 mil dólares; gastó otros 288 mil dólares en shopping; 160 mil en viajes y vuelos charter; 25 mil en un Rolex, y hasta 56 mil en dos obras de arte.  Este detalle de gastos lo explicó la propia Gulbenkian cuando la extraditaron de Portugal a Londres para declarar ante la justicia. El Zapallo dio motivo a una investigación seguida de una demanda judicial por estafa en el Reino Unido.

Allí no solo se declaró culpable sino también de haber actuado de manera similar con una londinense que le dio 66 mil dólares para invertir en arte, algo que tampoco hizo efectivo.

Ya en Lisboa cumple arresto desde hacía unos dos años. El resto de la condena de tres años y medio, la cumplirá en el Reino Unido,  sin zapallo en su menú carcelario. Le cae pesado.