UN PRESIDENTE PEQUEÑO, PEQUEÑO

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Por Luis Tonelli. Alberto Fernández ha logrado la perfección en el arte de contradecirse. Ya lo que dijo antes de asumir no es su principal crítica de lo que hace como Presidente. Ya no solo su belicoso discurso de Inauguración de las Sesiones del Congreso de su segundo año como presidente contradice el espíritu de consenso que moraba en el que realizó para su primer año. Sino que prácticamente cada párrafo que recito con tono profesoril ante la Asamblea del Congreso tuvo su correspondiente antítesis segundos después,  alcanzando casi la perfección oximorónica. Asi el Presidente habló mucho, dijo poco, y lo poco que dijo es preocupante.

Uno podría preguntarse que sentido tiene recitar esa larga pieza confusa, que por lo dicho arriba no guardó ningún orden ni propuso ningún tipo de estrategia para un país que se encuentra azotado por la doble crisis sanitaria y económica y exánime respecto a sus energías sociales.

Frente a esta realidad, el discurso presentó un diagnóstico antojadizo que el mismo Presidente no puede saber que es falso. De ahí seguramente su falta de convicción en la lectura del discurso, que tuvo su correlato en la ausencia de aplausos de su propia platea.

Alberto Fernández presentó de entrada a la deuda externa como la peor plaga de Egipto legada por el Gobierno de su antecesor Mauricio Macri cuando su Gobierno logró una renegociación con los acreedores privados que extendió sus vencimientos más allá de su mandato. Queda la deuda con el FMI, que tildó de ilegitima por ser otorgada para que Macri venciera en las elecciones, quedando el organismo internacional involucrado implícitamente como participe necesario en el presunto delito que será denunciado frente a la Justicia.

Pero acto seguido, y sin mediar siquiera una aspiración respiratoria, el Presidente afirmó que tiene voluntad de pagar la deuda, suponiendo uno la desazón del ala militante de su coalición que no puede sino considerar esa postura como un capítulo más de la saga “Colonia si, Patria no”:

A ese legado infame, se le agregó a pocos días de asumir, la pandemia del Coronavirus, felicitándose asimismo de la acción de gobierno sin por supuesto, entrar en los detalles que hacía cuando presentaba las diapositivas que daban cuenta del éxito de nuestra task forcé contra el letal microenemigo. No explicó, sin embargo, el por qué las medidas restrictivas y la acción médica que logró evitar la saturación de los hospitales no consiguió lograr contener una de las cifras más altas de muertes en relación a la totalidad de la población. A todas luces, la incapacidad de bajar los contagios, y por lo tanto los enfermos, y mantener ese promedio durante tantos meses, es la explicación sencilla del resultado fatal.

Pero el Presidente, aún en el medio del escándalo del vacunatorio vip, hizo mutis total respecto al cronograma de vacunación, que se muestra como la única tabla de salvación frente a la pandemia persistente, y el agravamiento natural que tendrá en el invierno.

Tampoco, pese a ser este un año en donde tendremos las elecciones de renovación parlamentaria, realizó ninguna precisión respecto al cronograma electoral, y muy especialmente la realización o no de las PASO (que tiene prometida su suspensión a gobernadores e intendetes, pero se sabe, es voluntad de La Cámpora el realizarlas).

Precisamente, en ese doble “de esto no se habla” (para evocar la película de María Luisa Bemberg) se encuentran las endebles costuras de la conflagración interna de una coalición solo sujeta por la posibilidad de seguir en el poder y en su propia irresolución.

El discurso de este modo se convierte en un patético “stanno tutti bene” (para seguir con los paralelos cinematográficos) destinado a disimular el pavoroso conflicto al interior de la coalición, y convertido entonces en el informe de un Jefe de Gobierno a su Majestad, a quien ni siquiera pudo ordenarle aún en tono de broma “póngase el barbijo señora vicepresidente”.

De ese modo, no pudo faltar el señalamiento al otro archienemigo de su mentora, que en este discurso adquirió dimensiones diabólicas, que son los integrantes de la Justicia (haciendo un largo inventario de sus faltas y pecado). Esos Jueces y fiscales que hostigan a la “proba ex presidente”, y le muestras la soga del ahorcado confirmando la prisión de Lázaro Baez.

Sin embargo, en su propia caracterización del problema el Presidente admitió, como lo señaló Roberto Gargarella, su manifiesta incapacidad para resolverlo. Como si todo se tratará de darle la razón a la vicepresidenta, pero en el mismo encendido ataque le manifestará a su clienta la necesidad de que se resigne frente a su destino -que es finalmente la clave para que Alberto Fernández sea un presidente pequeño,  pequeño, pero presidente al fin (finalizando así también nuestro homenaje al cine peninsular).