UN NUEVO EMPATE

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Por: Carlos Fara. Mientras en el tercer trimestre de este año la desocupación estuvo en el nivel más bajo desde que Alberto arribó al poder –aunque eso no le impidió perder la legislativa de medio término- la cámara de Diputados muestra unas de las consecuencias más palpables del resultado electoral: una paridad inestable. Si de por sí la Argentina ya tenía incertidumbre, la nueva composición del Congreso abre más interrogantes en vez de cerrarlos.

El viernes pasado se cayó la aprobación del presupuesto, pero este martes el oficialismo logró hacer un 2 x 1 imponiendo modificaciones al impuesto a los bienes personales y la actualización de ganancias. Ahora se sabe que cada mayoría es precaria: un contagio por COVID o un viaje pre pautado puede ser la diferencia entre la agonía y el éxtasis. Quizá por eso el 14 de noviembre todos festejaron: “no te des por vencido, ni aun vencido”. Una derrota o una victoria nunca son definitivas. Luego hay que ser astuto para ejercerlas.

El poder de turno siempre tiene resortes para torcer voluntades en el Congreso. Sobre todo cuando se trata de cuestiones presupuestarias. Por eso hay que focalizar la mirada en las pequeñas minorías estratégicas, en vez de en los grandes bloques automáticos. Si bien la fragmentación es grande –porque hay varios minibloques- se trata sobre todo de la izquierda, el interbloque federal y “Provincias Unidas” (suma de representantes de Río Negro, Neuquén y Misiones). El comportamiento de los liberales es más predecible y, en todo caso por posicionamiento político, más cercano a lo que haga Juntos por el Cambio.

Visto el funcionamiento del laboratorio de Diputados, ahora resta ver cómo se moverá el nuevo e inédito Senado. Sobre todo porque en el caso del impuesto a los bienes personales es un proyecto que nació en la cámara alta promovido por el propio oficialismo. Es de esperar que no haya contratiempos, pero el ambiente está demasiado “líquido”, diría Bauman.

Todavía muchos se interrogan sobre qué quiso hacer Máximo Kirchner en la sesión donde se cayó el presupuesto nacional. Ya pasaron 5 días y el interrogante sigue sin responderse fehacientemente. Las tres hipótesis son: 1) error de cálculo, 2) astucia encubierta, o 3) ajuste de cuentas interno. El mundo de la política oscila mayormente entre la primera y la tercera, pero puede equivocarse, claro. Esa mañana de viernes hubo demasiadas caras de disgusto y otras tantas de secreta satisfacción dentro del bloque oficialista.

En el primer juego del nuevo Congreso hubo empate (otro más de los tantos que tuvo la historia argentina), ya que cada uno se llevó una partida, lo cual disparó reflexiones públicas de varios referentes opositores. Cayeron en la cuenta que ganar la elección no significa torcerle el brazo al oficialismo de modo permanente. Por eso la constitución –sabiamente- renueva diputados por mitades y senadores por tercios, de modo de amortiguar las derrotas de los oficialismos en el poder de turno, para garantizar una cierta gobernabilidad en el marco de un régimen presidencialista. Esto genera algún desfasaje con la expresión de la opinión pública, pero para que la democracia funcione necesita de mecanismos que no solo reflejen la voluntad de la sociedad. Debate complejo en el siglo XXI y con una ciudadanía fastidiada con “la casta política” (comillas simpáticas).

Ahora la oposición sabe que no es tan fácil, y el gobierno sabe dónde le aprieta el zapato a los distintos bloques. Dada la complejidad del cuadro –entre otras cosas porque está más equilibrado- puede deparar grandes noticias o fatales mal humores. El Congreso puede ser “el gran ámbito de consensos” o pasar a “modo freezer”. Es que el cálculo político no es sencillo. El oficialismo necesita presupuesto para tener un programa verosímil para el FMI, pero no quiere pagar el costo de un ajuste. La oposición sería más proclive a una negociación amable y rápida con el organismo, pero tampoco quiere pagar el costo de avalar malas noticias. Lo que significa es que acuerdo habrá muy probablemente –lo venimos señalando en esta columna- pero la cuestión es el post acuerdo.

Juntos por el Cambio ganó la primera partida por un error oficialista (para no cargarle toda la culpa a una sola persona), pero tiene en sus entrañas profundas diferencias sobre cómo debe pararse en la cancha. Carrió, por ejemplo, cree que no hay que apretar tanto a Alberto de modo que se quede sin margen de maniobra frente a Cristina. Los duros creen que eso es una ingenuidad porque Alberto y Cristina en el fondo son lo mismo, y si no lo son, no importa: lo importante es vendérselo así a los votantes.

Este debate –que quizá nunca tendrá resolución final- tarde o temprano va a mostrar fisuras en público en alguna votación. Sería una mala noticia para quienes hoy se consideran “front runner” para las presidenciales. Y ahí se pueden abrir grietas que desluzcan a JxC como alternativa de gobierno. Ojo que las elecciones de este año fueron un castigo para el statu quo político, no solo para el oficialismo.

Párrafo final sobre lo ocurrido en Chile:

  • sigue confirmándose la corriente de que casi todos los oficialismos de la región pierden elecciones desde que apareció la pandemia;
  • Goric + Castillo en Perú + ¿Petro en Colombia? Ajedrez difícil para la región y para EE.UU.;
  • estos son los coletazos de una Latinoamérica que se complicó en el lustro post boom de los commodities y pre pandemia, en el peor momento de su apoyo a la democracia según el Latinobarómetro; y
  • la región con mayor desigualdad, mayor violencia y la que más se contagió en el planeta, va a seguir teniendo muchos ciudadanos movilizados e indignados.

 

Ojalá que la ola Omicron nos deje pasar las fiestas en paz. Sudáfrica –donde nació esta variante- está remitiendo muy rápidamente el pico de contagios en pocos días. No estamos formateados para vivir encerrados.Felices Fiestas!!!