UN GRITO DE CORAZÓN.

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La biografía “Alberto –La intimidad del Hombre. El detrás de la escena de un Presidente- “de Diego Schurman- es un libro repleto de anécdotas útiles para  indicar matices ignorados de quien tiene a su cargo el Gobierno.

Los topetazos del señor Fernández con una gran empresa argentina.  Con calificativos ominosos forma parte del folklore bautismal de su partido. Por ejemplo Javier Madanes Quintanilla (Aluar y Fate) comentó: “a veces duele un poco sentir que todo el mundo está metido en la misma bolsa”.

No duele tanto y horno no está para bollos.

Se transcribe un fragmento del capítulo “Empresarios un grito de corazón” del libro “Alberto”:

“Alberto Fernández atacó con una pregunta.

¿Sabes cuándo te das cuenta de que los empresarios tienen corazón?

Sus interlocutores ensayaron como vaga respuesta alguna acción de beneficencia.

No, no, no –sonrió meneando la cabeza de un lado para el otro.

Le plantearon entonces alguna medida de responsabilidad social dentro de las compañías.

-Frío, frío –siguió con el juego.

Pasados unos minutos, y viendo que nadie acertaba, se decidió a develar el misterio.

-Es muy sencillo. Te das cuenta de que los empresarios tienen corazón cuando les agarra un infarto – dijo a carcajadas.

El dialogo ocurrió en 2003, a poco de asumir la jefatura de Gabinete. Por esos días tenía la orden de Néstor Kirchner de aplazar las reuniones con los hombres de negocios. Ambos observan que, más que colaborar para salir del pozo, sólo buscaban el calor de la nueva administración.

Rendido ante los votos, el establishment comenzó a tararear la Marcha peronista. Alberto derivó gran parte del trabajo a Matías Kulfas y Cecilia Todesca, acaso los principales testigos del asombroso reacomodamiento de los hombres de negocios.

La dupla del Grupo Callao venía reuniéndose antes de las elecciones con ejecutivos del PJ Morgan, City, Bradesco y Morgan Stanley, entre otros fondos de inversión. Estos veneraban el plan económico de Macri y aseguraban que el triunfo del Frente de Todos perjudicaría notablemente al país.

“Si ustedes ganan, van a hacer como Maduro, van a expropiar”, le achacaron, haciéndose eco de unos informes del entonces ministro Nicolás Dujovne que asociaba a los Fernández con Venezuela.

Kulfas intentó en vano convencerlos de que se honrarían las deudas, tal como venía prometiendo Alberto en la campaña. Pero que había que buscar una renegociación voluntaria por la crisis que se avecinaba.

Los ejecutivos ningunearon ese escenario. Consideraban que, con la administración macrista, la inflación iría en marcado descenso, se alcanzaría el déficit cero y el régimen cambiario lograría su estabilidad.

Los enviados albertistas nunca consiguieron sentirse cómodos en las suites de Sofitel, Four Saeasons, Hilton y Palacio Duhau, los hoteles cinco estrellas donde se desarrollaron los encuentros.

Desde el vamos se pelearon por la interpretación de una palabra en ingles que desató una discusión fiera, por lo que decidieron que hubiera un traductor en las futuras citas. El tono de los capitalistas extranjeros fue predominante agresivo.

-Usted tiene que aprender de Chile, un país serio y creíble que hizo las reformas necesarias y hoy crece –los corrió una británica.

La ejecutiva no imagino que semanas después se produciría en el país trasandino social contra el gobierno neoliberal de Sebastián Piñera.

-El problema son los setenta años de peronismo -atizó otro día una brasileña, haciéndose eco de una muletilla de campaña macrista.

Kulfas se plantó.

-El peronismo no gobernó setenta años. Y entre los peronistas hay uno que gobernó diez años haciendo lo que ustedes querían –Le recordó, en alusión a Carlos Menem.

Fue una guerra sin cuartel, desgastante, improductiva.

Finalmente llegó el momento de hablar de plata. En el decálogo de exigencias de los fondos de inversión figuraba una reforma jubilatoria. Los voceros del Frente de Todos explicaron que el problema nunca podía estar en un sector donde 8 de cada 10 cobran la mínima. Y que el problema previsional estaba vinculado a la falta de empleo. Ergo, a la falta de aportes, su fuente de financiamiento.”

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