UN GRAN OLVIDADO

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Hace 62 años murió Florencio Molina Campos, que ganó la admiración y gratitud de la gente cuando llegaban por correo sus magníficas imágenes criollas. Al menos las 120 obras con que se cuenta están en la Fundación Molina Campos y su museo, en la localidad de Moreno, en la calle 364 que lleva el nombre del artista. Este Museo no da más. Es un edificio precario.

Piensan en trasladarlo a San Antonio de Areco, donde en el Museo Las Lilas, se exhiben las fantásticas ilustraciones de los almanaques de Alpargatas)-.

Cesáreo Bernaldo de Quirós, define a Molina Campos como “el creador personalísimo de ese personaje que, derivando del gaucho legendario, a quien tanta gloria le cupo como soldado de Libertad y como montonero en las guerras intestinas, gesta sus últimas bizarrías dentro de su natural coraje. …Su lápiz y su pincel fueron requiriendo trazos que la imaginación opulenta, bizarra, del artista, marcaba en el papel. Solo, sin academias ni maestros, traduciendo esa verdad que llevan los predestinados, fue contando Molina Campos todo lo que sabía y había percibido en el campo abierto, en el ‘rodeo’, en las ‘fiestas’, en la ‘pulpería’, y en ese enorme conocimiento de ‘pilchas’ y sus nombres, y pelos y marcas de ‘montados’… Así fue plasmándose ese personaje suyo, el gaucho: el Gaucho de Molina Campos. Ilustró el “Fausto” de Estanislao del Campo, -editorial Kraft- Dejó completos los dibujos para una edición de la maravillosa “Tierra Purpúrea” de G. H. Hudson, y bosquejos del “Martín Fierro” y “Don Segundo Sombra”.

Expuso en Estados Unidos, Francia y Alemania. Sus cuadros se exhiben en museos y colecciones privadas del mundo y valen la pena sus paneles para la South American House de Londres.

Tal vez el género caricaturesco de su producción, distrae de su valor. Es injusto. Algo semejante amenazó a Daumier. La crítica de arte no se destaca por su sentido del humor. Eso no quita que sea un lujo el espíritu de Molina Campo y su trazo fino para desentrañar el espíritu del campo argentino y sus personajes originarios.

Trajo arte, alegría y visión al dibujo y la pintura argentina. Fue inmensamente popular. Merece seguirlo siendo.