UN DESIGNIO SUBALTERNO

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Ferdinand Amunchásteguy. Hay cosas que no cambiarán jamás, podríamos echar mano de miles de frases de agudos pensadores que, con más o menos ironía, han definido la inteligencia. De Perón a Borges, pasando por quien se nos ocurra, muchas mentes privilegiadas han dedicado frases para burlarse de la mediocridad de otras cabezas distintas a las suyas.

Todos recordarán sin esfuerzo, la difundida conversación entre la actual vicepresidente y quién fuera su jefe de inteligencia y ahora Senador, en la que ella le adjetivó marcando a fuego, en el imaginario popular, su destino como pensador. Sin embargo, este país no le niega una segunda oportunidad a nadie, sea para confirmar la opinión adquirida, sea para alterarla en más o en menos.

Avanzando contra los molinos el senador Parrilli no le escapa a ninguna batalla y sigue,   como una espada de su jefa, haciendo frente a los mandatos que la “política” le impone. Es posible que alguien que pudiera compartir la responsabilidad de la decisión, habría tratado de demostrar su inutilidad práctica, al tiempo de advertir que su inclusión habría de herir susceptibilidades y mostrar el propósito de enfrentar a distintos sectores respecto de los cuales no existen otros conflictos que los ideológicos. Evidentemente no es el caso del Senador, que solo logró la inclusión de su pedido, sin cuestionar su esencia, lógica o utilidad.

En verdad, y más allá de las críticas que se efectuaran en punto a la reforma judicial, es del caso, detenerse en esta mínima incorporación propiciada por Parrilli, ya que la misma desnuda su real propósito y contagia al resto de la propuesta de un designio subalterno que, quizás, debiera evitarse. Todos los defectos pueden señalarse.

En primer lugar, una deficiencia técnica puede advertirse en la estructura proyectada. Se impone a los Magistrados denunciar, ante el Consejo de la Magistratura, haber sido presionado por los medios para decidir alguna cuestión sometida a su jurisdicción. Sin embargo no se dice que debe hacer el Consejo con esa denuncia, quizás llevar un registro? A lo mejor hacer un repudio público? Hacer una planilla para saber quiénes son los más presionados o los temas que más convocan la opinión? O, a lo mejor, dejar librado a la imaginación y/o fantasía de los Consejeros un camino distinto que pudieran parecer útil según el espíritu de la norma.

En el mismo sentido, tampoco se ha dicho que le ocurriría al Juez que omitiese realizar esas denuncia según su mayor o menor labilidad frente a ese tipo de condicionamiento exterior. Así las cosas, lo incorporado solo sirve a los fines de causar irritación o provocar la necesidad de estar a favor o en contra, añadiendo un elemento más para separar a los argentinos, y convertir cualquier terreno en el campo de batalla en el que sólo uno podrá salir airoso.

A todo evento, la inclusión efectuada, valiéndose de una mayoría que permite concretar casi cualquier acto Imperativo, resultaba absolutamente innecesaria ya que los Jueces, como cualquier Funcionario, están obligados a denunciar cualquier ilícito del que tuvieran conocimiento. Finalmente, si existiese un Juez que pudiera ser influenciado por la amistad, por los medios o por cualquier otro grupo de poder o presión, tendría que concluirse en su ineptitud para desempeñar ese cargo.

A su vez, si no denunciase quien no se siente presionado, como escaparía al comentario de algún tercero que pudiese creerlo víctima y, para peor tan presionado que no se anima a realizar la denuncia, para no ver desvalijada su decisión.

En definitiva, la introducción del tema como se ha hecho, evidencia un comportamiento que busca imponerse más allá de los consensos, lo que obliga advertir que no pudo pasar desapercibido a quien lo impulsó, que dicha inclusión habría de generar fricción en sus relaciones con la sociedad.

Sin sanción y sin razón, la disposición sólo puede tener por objeto, el que dice tratar de evitar, esto es, generar sobre los Jueces un nuevo modo de presión, que es permitir que cualquier tercero entienda que, desde algún lugar, se ha efectuado presión sobre el ánimo del Juez, con lo que se suma un nuevo elemento para debilitar las decisiones del Poder Judicial.

La incorporación nada tiene que ver con una reforma -la independencia de los Jueces existe desde que se consideró su establecimiento como resguardo de las libertades individuales  frente a los poderes del Estado-.Cualquier enunciación que se haga en orden a las diversas formas que pudieran existir para condicionarlos, no deja de ser superflua , pues es de la esencia de la Magistratura responder, sin influencias o presiones, al concepto de justicia que nace de la ley, guiado solamente por la recta interpretación de la misma.

No existe forma normativa alguna que impida que se intente influir en el ánimo de un Magistrado, algunas habrá ilícitas, otras ilegítimas y unas pocas regulares -los alegatos profesionales-, por lo que el único modo de garantizar esa independencia, no está en estas manifestaciones grandilocuentes, sino en extremar el cuidado en la elección de aquellos que habrán de ocupar los cargos.

Lo que seguramente no beneficiará a la República es introducir, como un acto de fuerza insuperable, una disposición abierta a la sospecha de cualquiera que quiera entender que la decisión de los Jueces no ha sido ni libre ni regular.

La razón de los muchos, no es la razón de lo justo, el país necesita los consensos y no la prepotencia y las instituciones,  que no se debilite su gestión, sino que se apuntalen sus principios y se consoliden sus acciones .