TENSION: LULA & BOLSANARO

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Bryan Harris*-El apoyo popular a Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva era fuerte a principios de 2022. Tanto que los aliados del ex presidente de izquierda creyeron que ganarían las elecciones brasileñas sin necesidad de una segunda vuelta.

Ahora la euforia fue reemplazada por ansiedad. El  presidente Jair Bolsonaro, principal rival en la votación de octubre, reduce la diferencia en las encuestas.

Lula fue presidente durante dos mandatos, de 2003 a 2010. Dejó el cargo con un índice de aprobación superior al 80%. Ha luchado por recuperar esa popularidad, tropezando en las últimas semanas gracias a una serie de metidas de pata, errores de comunicación y una ausencia de una agenda política y económica clara.

“Bolsonaro se ha ido recuperando lentamente desde enero y la gente se pregunta: “¿Cómo será un gobierno de Lula?”. Ni siquiera Lula puede dar una respuesta directa porque su plataforma es un trabajo en curso”, dijo Thomas Traumann, que fue vocero de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff.

“Lula le está pidiendo a la gente que simplemente confíe en él porque no es Bolsonaro y tiene un historial. Puede que le ayude a ganar las elecciones porque el otro candidato es Bolsonaro pero no es suficiente para unir a la gente bajo una nueva administración.”

Bolsonaro, un populista de extrema derecha, ha logrado separarse de su desastrosa respuesta a la pandemia. Ganó simpatizantes con un esquema mejorado de entrega de dinero. También ha logrado evitar más recientemente las controversias de alto perfil que han plagado su presidencia, permitiendo que los apoyos reticentes, como la comunidad empresarial de Brasil, vuelvan al redil.

Los últimos sondeos sugieren que sólo 5 puntos porcentuales separan a los dos hombres. Supone una notable reducción con respecto a principios de año, cuando Lula disfrutaba de una ventaja de 20 puntos porcentuales.

Mientras tanto, Lula ha cometido una serie de errores políticos, que incluye haber molestado a la poderosa comunidad evangélica de Brasil con un llamado a la legalización del aborto. Menos de un tercio de los brasileños apoya el acceso completamente libre a la interrupción del embarazo.

La semana pasada dijo que el presidente Volodímir Zelensky era tan “responsable como Putin” de la guerra que devasta Ucrania, “porque en la guerra no hay un solo culpable”. El comentario puso en evidencia el historial de Lula de apoyo a regímenes represivos en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Gabriel Brasil, analista de la consultora Control Risks, dijo que las fallas de comunicación habían influido en la caída de Lula en las encuestas.

“Todavía hay mucha gente que no está dispuesta a apoyar ni a Bolsonaro ni a Lula de no estar bien convencida. Los mensajes correctos dirigidos a los grupos adecuados serán clave para ambos”, dijo.

Paulinho da Força, legislador del partido de izquierda Solidaridad, cercano al expresidente, dijo que Lula necesitaba centrarse en lo que importaba a los brasileños: “Empleo, empleo, empleo. Son los ingresos, el crecimiento y el desempleo”.

Nacido en el empobrecido noreste de Brasil, Lula fue obrero metalúrgico y líder sindical en Sao Paulo antes de ganar las elecciones presidenciales de 2002 con un programa moderado que atrajo a los votantes centristas.

Su mandato coincidió con el auge mundial de las materias primas, lo que proporcionó unos ingresos extraordinarios que el Estado pudo destinar a programas de bienestar, reducción de la pobreza e infraestructuras. Lula sigue siendo muy popular entre los pobres.

Los últimos sondeos sugieren una breve ventaja entre los dos candidatos.

Para muchos brasileños de clases medias y más adineradas, se lo asocia indisolublemente con una vasta trama de corrupción revelada por los fiscales durante el gobierno de Rousseff. Cumplió casi dos años de cárcel por corrupción antes de que su condena fuera anulada por el Supremo Tribunal Federal (STF) el año pasado debido a irregularidades procesales en el juicio.

El intento de reelección de Lula se ha centrado hasta ahora en contrastar sus credenciales prodemocráticas con las de Bolsonaro, que en los últimos tres años ha amenazado regularmente al sistema político, incluso participando en concentraciones que pedían el cierre del STF. El ex capitán del ejército ha criticado repetidamente la integridad del sistema de votación electrónica de Brasil y muchos analistas creen que podría intentar impugnar el resultado de las elecciones si pierde.

Lula también ha tratado de reavivar el recuerdo de la época de bonanza económica vivido durante su presidencia.

“Nuestro objetivo es mostrar la realidad económica a la que se enfrenta la población y no tratar de desviar la atención de la verdad como está haciendo el actual gobierno”, dijo Randolfe Rodrigues, un senador que se unió al equipo de campaña de Lula.

Los analistas dijeron que el exlíder necesitaba articular sus planes económicos con mayor claridad en lugar de basarse simplemente en la nostalgia.

“Lula no tiene un mensaje conciso”, dijo Daniel Tenengauzer, jefe de estrategia de mercados de BNY Mellon. “No ha ofrecido detalles sobre su programa económico o lo que espera hacer si gana”, Señaló que aún hay tiempo para que cambie.

Los críticos también dijeron que Lula debe revisar su estrategia en las redes sociales, resaltando que Bolsonaro tenía el doble o el triple de seguidores en las plataformas populares.

“La campaña de Lula aún no ha sido capaz de captar las innovaciones en las campañas políticas desde [las elecciones de] 2018”, dijo Carolina Botelho, politóloga de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

“El mundo virtual, las redes sociales, son ahora una parte fundamental y el Partido de los Trabajadores, junto con Lula, no parecen muy cómodos con ello”.

  • *Bryan Es corresponsal del Financial Times en Brasil.