TENSION EN LA JUSTICIA

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Ferdinand Amunchásteguy. El año Judicial ha concluido prácticamente, salvo alguna cuestión urgente que pueda plantearse y que comprometa la libertad de algún individuo o resulte de imposible reparación ulterior. Poco es lo que puede esperarse de los Jueces. Cierto es que en las últimas semanas la Corte hizo sentir su presencia con pronunciamientos ásperos para el Ejecutivo y cuyas consecuencias aún no pueden ser establecidas con certeza.

Contemporáneamente con esos movimientos de la Corte, se pronunció la condena que complica el futuro del ex hombre fuerte de la AFIP a quien se le ha impuesto una sanción que, inevitablemente, lo conduce a la cárcel. Si debiese efectuarse una evaluación, podría decirse que no ha sido una buena semana para los integrantes de la anterior gestión kirchnerista, y tampoco para la actual.

La posición asumida por el Poder Judicial, permite augurar momentos tensos entre sus integrantes y los de los demás Poderes del Estado. El Ministro de Justicia no ha quedado bien colocado luego de su entrevista en la que pretendió establecer algún tipo de vinculación con los Jueces del máximo Tribunal que, evidentemente,  respondieron públicamente a la pretensión del Funcionario rechazando cualquier sugerencia que les hubiese deslizado.

En ese marco, la Casación eligió a su Presidente a partir de la negativa del Juez Petrone de ocupar ese sitio, dejando un lugar en la Sala 1 que deberá resolver la corrección o no del sobreseimiento dictado en la causa en la que se investiga a la ex familia presidencial y su vinculación con la hotelería santacruceña. Como puede advertirse,  las relaciones se tensan y amenazan generar un conflicto de Poderes que, una vez más, expondrá la debilidad de la República y la marcha no deseada hacia un manejo único que los representantes de la política ansían instalar.

Lo cierto, es que la realidad de la Nación parece ensombrecerse  por la actividad de aquellos que debiesen estar encargados de su desarrollo y, contrariamente a esa misión, parecen entretenidos en protagonizar un agonizante futuro.

El comportamiento de los Legisladores en la sesión en la que debía tratarse la ley del presupuesto, de algún modo realza la sobriedad con la que los Ministros de la Corte se expiden,  aún cuando CFK la denoste públicamente y propicie su reemplazo por otra que se alinee efectivamente con sus propósitos y deseos.

Por este tiempo, se cumplen 20 años de la pérdida de la institucionalidad en estas tierras, en la que el círculo  podría  cerrarse nuevamente  de prosperar alguno de los descabellados proyectos que se intentan introducir en la agenda del país. Ha trascendido que algunos integrantes del Gobierno propician aumentar el número de miembros de la Corte a 25, con la idea de dividir el Tribunal en Salas y obviamente, diluir el Poder que nuestra Constitución le otorga al Poder Judicial.

Más allá de lo impropio de semejante modificación -ningún tribunal supremo tiene esa conformación- para que ello pudiese ocurrir, debiese generarse una nueva convención Constituyente que habilitase alterar el control de los Poderes entre sí.

Lo único cierto es el lamentable devenir de los hechos que nos conducen inevitablemente a un estadio de inferior calidad institucional y propician una expectativa que es la que justifica la triste reacción de los más jóvenes  que piensan,  casi sin sufrirlo, en el desarraigo como una salida razonable para abandonar el pesaroso presente que les ha tocado transitar. Lejos de ser el puerto al que arribaron nuestros ancestros en busca de una vida mejor, hoy es el muelle desde el que deben partir las esperanzas de nuestros hijos.