STRADIVARIUS

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Los apetitos del mercado de coleccionistas no tiene límites. De la pintura se traslada a otros campos, por ejemplo la  fotografía. Y lo que es extraño: a la pasión por artículos varios: el violín por ejemplo, nuevo objeto de veneración, sobre todo si fue interpretado por algún artista reconocido. Estas nuevas atenciones se vinculan por la flojedad de la moneda. Hay una convicción entre inversores que más vale la pena obra de arte en mano, que dólar volando.

Hay un caso reciente.  El violín de Ingres, fotografía del gran  Man Ray es un homenaje a la obra de Jean-Auguste Ingres y su pasión por el violín. , se convirtió días atrás en la fotografía más cara de la historia. Otra curiosidad: los violines de célebres virtuosos como Fritz Kreisler, Jascha Heifetz y Yehudi Menuhin se vendieron a coleccionistas privados por cifras de hasta 20 millones de dólares. Los instrumentos que tocaban suelen llevar sus nombres, como ocurre con el Stradivarius “Earl of Plymouth”, que para agregar aún más brillo a su reputación, mística y valor de marca, lleva el sobre nombre de “exkreisler”. El 9 de junio se subastará el Stradivarius “Da Vinci” de 1714 propiedad de Toscha Seidel. Es un instrumento de la así llamada “edad de oro de la fabricación de violines”. La base fue fijada en ocho millones de dólares. Hasta cuándo y por qué esta fiebre de los coleccionistas? Lejos de ser una pasión musical la razón es el temor. A la inflación naturalmente. Y a su consecuencia inevitable: la debilidad de la manera que incluye al dolarr, a pesar de la pasión argentina por esa moneda.