SOMOS COMO SOMOS

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Por: Carlos Fara. Los especialistas nos dicen que aun cuando las vacunas para prevenir el COVID-19 fuesen efectivas, de todos modos será necesario seguir usando barbijo y mantener las normas de distanciamiento social. O sea: amortiguamos el problema, pero no lo resolvemos. Mucho menos si la segunda cepa es “rebelde way”. La amenaza está a cada paso: segunda ola de contagios, recuperados que vuelven a contagiarse, asintomáticos indetectables, etc.

El profesor Emilio Perina me apuntaba que en la gripe española la cifra de muertos podría haber llegado a 50 millones (más que los 20 / 40 que yo mencioné en mi columna de la semana pasada). Eso significaría que la proporción de fallecidos sería del 2.5 % de la población mundial, vs. el 0.02 % del COVID-19 como ya comentamos en la columna “Pandemonium” (es decir que hace 100 años habrían muerto 125 veces más de seres humanos que en esta coyuntura).

Pero claro: los veranos, las vacaciones, las fiestas, las ansias de recuperar la “normalidad previa”, el relajamiento de los controles estatales y una actitud de “menefrega” o “me vale madres” ha hecho que los infectólogos se agarren la cabeza porque… no se sabe muy bien qué puede pasar. Los hay más disciplinados como los alemanes, o mucho menos, como los italianos, o marginados por sus  vecinos, como los suecos. Lo cierto es que esta pandemia, entre muchas otras cosas, nos trae varias lecciones sobre comportamiento colectivo y comunicación gubernamental para orientar conductas. Recuerden: el inconsciente manda, de modo que no se trata de persuadir por el plano de la racionalidad. Las campañas del tipo “El casco te salva la vida. ¡Usalo!” no son muy efectivas (además de muy obvias).

Hay algo que en psicología se llama “homeostasis del riesgo”. Significa que los seres humanos tenemos un grado de riesgo que nos resulta aceptable y nos esforzamos por mantenerlo estable en nuestras vidas. Por lo tanto, si el riesgo se reduce en un área de la vida (como la aparición de los air bags) tendemos a ajustar nuestra conducta para aumentar el riesgo en otras áreas. Conclusión: dispositivos más seguros no reducen los accidentes, sino que los mantienen en el mismo nivel ya que los usuarios se confían y se comportan de manera más temeraria (total, ahora no pasa nada…). Al respecto hay estadísticas contundentes en paracaidismo, equipos protectores en el futbol americano, conductores de autos y uso de preservativos para prevenir el SIDA.

Aplicadas estas evidencias al plano de la pandemia, vale decir que las vacunas pueden desarrollar sentimientos de inmunidad que relajen las conductas precautorias y… no se logren los resultados esperados. Más de un ser humano en el planeta se volverá menos estricto con el uso del barbijo, lavado de manos, uso de gel y el distanciamiento social (“porque ya estoy vacunado, joder!”). Advierten que se le debe dar tiempo a la vacuna para que haga efecto, además de ser paciente con la espera a la segunda dosis.

¿Qué tiene que ver esto con esta columna de análisis político? Muy simple: si además de las conductas relajadas por las fiestas, el verano y las vacaciones, le sumamos la homeostasis del riesgo, los gobiernos –en general- pueden tener un dolor de cabeza en vez de un alivio. Por eso, una buena comunicación oficial para orientar conductas es estratégica.

Un famoso tema  musical de Eladia Blázquez reza: “¡Vamos…! aprendamos pronto el tomo, de asumirnos como somos o no somos nunca más”. Era para los argentinos, pero aplicable a todos los terrestres. Algo así como “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

Feliz Año Nuevo!