RICOS Y POBRES: LA VACUNA

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El aquelarre de las vacunas sería una perfecta comedia de enredos si no fuera una tragedia. Desde un Presidente –Alberto Fernández- que prometió llegar a fin de enero con unas cinco millones de dosis que no se materializaron, a empresas internacionales que incumplen sus compromisos y dejan de a pie a países estremecidos por la peste.

Hay personas responsables que dudan si las sagradas pócimas en el mercado garantizan inmunidad ante las mutaciones del virus. Hay funcionarios hechos y derechos que aseguran la solución rusa vendrá de sucursales indias y coreanas, ya que Moscú está obligado a aplicar su Sputnik a su propia gente, cosa que no ha ocurrido.

En fin, pasa de todo. Un acongojado mandatario ecuatoriano explica a su pueblo que ha sido engañado: su colega Alberto Fernández le prometió suministrarle cinco millones de vacunas y no llega ni una. ¿Será cierto? Lo cierto es que a la inflación dineraria que muerde los bolsillos, se suma otra: la temible inflación oral.

 

David Pilling. Mientras los países ricos se apresuran a dispensar las vacunas en contra de Covid-19, las naciones más pobres tienen miedo de quedarse atrás.

El Reino Unido inoculó a más de 4 millones de personas, mientras que Sudáfrica, también gravemente afectado, aún no administró ni una sola.

Guinea tiene sólo 25 vacunas, suficientes para dos docenas de funcionarios y para el presidente. Hasta ahí llegó la igualdad.

Este desigual comienzo está provocando alarma. Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de OMS, lo califica de «catastrófico fracaso moral«. Es inaceptable que «los adultos más jóvenes y más sanos de los países ricos sean vacunados antes que los trabajadores de la salud y las personas mayores en los países más pobres».

En el Reino Unido casi la mitad de las personas mayores de 80 años aún no recibieron su primera vacuna. El gobierno retiene la segunda dosis hasta tres meses en un esfuerzo por proporcionar al menos una dosis de la vacuna a la mayor cantidad de personas posible.

Tedros destaca un problema real. Si los países ricos se preocupan sólo por sí mismos, dejando fuera a los pobres en su lucha por conseguir vacunas, no sólo serán culpables de egoísmo. Ellos también se estarán causando un daño.

Si se permite que el virus se propague descontrolado en una parte del mundo, matará a más personas. También es probable que mute más rápidamente, en cepas contra las cuales posiblemente las vacunas existentes no ofrezcan protección.

Tanto la moralidad como el interés propio dictan que las vacunas – así como los diagnósticos y la terapéutica – deben tratarse como bienes públicos mundiales. Liderado en parte por la Comisión Europea, se  ha resuelto crear COVAX, una especie de club de compradores y de plan de seguros en uno. Joe Biden, resolvió que su país se unirá.

Al recibir pedidos a granel, COVAX promueve a las empresas para que generen inventen nuevas vacunas. Según sus reglas, alrededor de 90  países pobres y de ingresos medios son elegibles para recibir vacunas gratis. Las naciones más ricas se harán cargo. No se les impide realizar acuerdos bilaterales de adquisiciones directas, -como el caso deAzerbaiyán con la china Sinovac- les iría mejor en el club COVAX que por su cuenta.

La pandemia prevalece en una Era nacionalista del «yo también». Si  Estados Unidos va primero, entonces también debe ser Brasil primero, Alemania primero, Israel primero, Yibuti primero, y así sucesivamente.

Los países con mejores bolsillos tienen los mayores acuerdos. También existe competencia entre los países en desarrollo. Adar Poonawalla, el director ejecutivo del mayor fabricante de vacunas del mundo, Serum Institute of India (SII), le dijo a The New York Times: «India tiene prioridad porque es mi país de origen». El SII también anticipa vender algunas vacunas a entidades privadas, lo cual significa que algunas personas recibirán inyecciones según su capacidad de pagar, no según sus necesidades.

COVAX ha sido criticado por haberse quedado atrás.  Los próximos cinco meses serán cruciales. En África, donde la cantidad de casos de Covid-19 está volviendo a aumentar, al menos 2,5 millones de trabajadores de la salud deberían estar protegidos de inmediato.

Para que las dosis circulen, las compañías debieran renunciar a los derechos de propiedad intelectual y compartir conocimientos con el fin de que los fabricantes de India, Brasil y otros países puedan aumentar la producción. También deben proporcionarles a los reguladores datos oportunos. La OMS ha acusado a algunos de demorarse al priorizar a los reguladores en mercados lucrativos.

Con el tiempo, habrá abundantes suministros, particularmente si la vacuna de una sola inyección de Johnson & Johnson resulta eficaz y, lo que es más tentador aún, si la vacuna de u$s 1 por inyección que está desarrollando Biological E, una empresa india con sede en Hyderabad, da buenos resultados.

«Tenemos un corto período de oportunidad para hacer esto bien», señaló Benjamin Schreiber, el coordinador de UNICEF para las vacunas contra Covid-19. Para un mundo interconectado, el imperativo de lidiar con el problema comienza ahora.

 

David Pilling* Autor y periodista, ha iniciado una cruzada contra el PIB y el uso de ese índice como la única vara de medir la economía sin tener en cuenta los indicadores sociales