Reforma judicial: FILO, CONTRAFILO Y PUNTA.

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Ferdinand Amunchasteguy: Manteniendo la misma oscuridad de los días anteriores, la pandemia oculta la existencia de los hechos cotidianos, algunos de los cuales generan la sospecha de haber llegado para no regresar jamás, a los lugares en los que nacieron. El drama, real o aumentado, se ha convertido en el telón detrás del cual se desarrollan las pequeñas cosas que afectan la vida de quienes debemos transitar, en este tiempo, por estas tierras.

El miedo a perder la vida -que efectivamente se encuentra en juego- minimiza otras situaciones que debieran ser atendidas y que, sin embargo, se esconden en la sombra que despliega la parca, en su lento caminar.  Nos agobia la información que solo nos habla de la muerte que se instala en los barrios populares y en las supuestas casas en las que los ancianos deberían descansar hasta el momento de iniciar su viaje con Caronte.

También se ha vuelto familiar, y hasta razonable, escuchar las expresiones de quienes justifican el aislamiento de sectores importantes, fundando ese arbitrio en la preocupación de salvaguardar la integridad de aquellos a los que se limita en su libertad. Los adultos mayores, sin posibilidad de defensa, se encuentran protegidos como si tuvieran afectadas sus facultades mentales y fuesen incapaces de dirigir sus actos o asistir a su propia seguridad y salud.

En verdad puede parecer paradojal que, so color de su protección, se les mortifique en su última etapa, al punto de no hacer deseable para ellos, que sus días se prolonguen demasiado tiempo más. Cierto es que la emergencia justifica extremar los recaudos, no por esos mayores que se declama, sino por los jóvenes que pueden ver entorpecida su recuperación al encontrar los recursos Médicos que necesitan, entretenidos en pretender salvar la vida de aquellos que ya parecen condenados a partir,  sea por el curso natural de la vida o por el abandono al que parecen destinados.

Lo que debería generar esta situación es advertir que podría naturalizarse un criterio peligroso que, fundándose en un resguardo abstracto de algún sector, estableciese limitaciones al mismo, cercenando libertades que, de otro modo, serían imposibles de establecer. Hoy hasta parece razonable limitar la circulación de las personas de más de 60 años -aunque con ese limitación, algún  ministro, el propio Presidente , varios senadores y diputados, un buen número de jueces y aquellos trabajadores que pueden jubilarse a los 65 años (prorrogables a los 70) se hallarían comprendidos en el ostracismo  que intenta imponerse),  lo que  debería analizarse es  si la misma situación extendida  a  otros grupos, recibiría la misma acogida.

Lo que debe advertirse es que el principio utilizado para limitar las libertades ahora, puede extenderse en el tiempo y para otras situaciones, resultando un instrumento hábil para coartar las garantías que amparan a los ciudadanos.

De todos modos, y volviendo al inicio de estos párrafos, lo que nos ocurre ha invisibilizado otras acciones de Gobierno, para las que no existe tiempo o atención suficiente, para atenderlas aunque, en su implementación, pueden atravesar los mismos límites  que se justifican para el caso de la pandemia.

Reanudada la actividad legislativa, además de validarse la totalidad de los decretos de necesidad y urgencia dictados durante este tiempo, se introdujeron proyectos de ley de una trascendencia significativa y que, en principio, pudieran pasar desapercibidos escondidos en los pliegues de la realidad por la que transitamos.

Una reforma judicial cuyos alcances se ignoran, ya que  solo se conoce que se intenta reducir la injerencia de la justicia federal de Comodoro Pi, y si bien  los mecanismos para ello se mantienen difusos, se ha dejado trascender que se incrementaría el número de jueces -incorporando otros fueros, que se unirían al actual fuero federal criminal y correccional – . Ya se ha señalado en otras oportunidades que, si se sospecha del modo de actuar  de algún Magistrado, el camino es buscar su remoción constitucional, y no reducir solo su importancia por esconderlo en un número mayor, lo que no elimiraría el daño que causa y solo, estadísticamente, mejoraría la gestión del tan vapuleado fuero.

Del mismo modo, ha trascendido la idea de aumentar el número de miembros de la Corte Suprema, situación que fuera implementada en la década del 90 y desarticulada en el primer Gobierno Kisrchnerista, pero que ahora, ante la imprevisibilidad de lo que pueda resolver el más Alto Tribunal, vuelve a ser atractivo para quienes procuran homogeneizar las decisiones y conseguir un mayor acompañamiento en aquellos temas que pueden trascender el mundo estrictamente judicial.

Contemporáneamente, con el proyecto que intenta  mejorar el perfil Del Fuero Federal penal, el Consejo de la Magistratura, apoyado sobre las espaldas del Gobierno, decidió archivar investigaciones que pesaban sobre dos de los más significativos Jueces de Comodoro Pi, incoherencia que contradice las expresiones que se verbalizan para fundar la reestructuración del Fuero federal.

En definitiva, la modificación de la Corte, que deberá resolver antes que después el impuesto a la riqueza que habrá de sancionarse en poco tiempo, la presunta modificación del Fuero federal, la presión sobre el ingreso de los Jueces , el deterioro institucional del Poder Judicial, unido al autoritarismo  que en general campea en las decisiones vinculadas a la Pandemia – más allá de las que sean técnicamente recomendables- podrían augurar días oscuros para el ejercicio de la libertades individuales.

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