POLARIZAR Y VERTICALIZAR

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Por. Luis Tonelli. Polarizar implica plebiscitar. Y la candidatura (casi) confirmada de la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue recibida con algarabía en el campamento de CAMBIEMOS. Para los estrategas oficialistas, que CFK se presente en el campo del honor en la madre de todas las batallas bonaerense es garantía de que los que pretendían castigar ma non troppo al Gobierno se olviden de esas sutilezas. Así, ante el peligro de votar en contra de sí mismos, al posibilitar el triunfo de la ex Presidenta, dejarán de lado opciones centristas, a la Massa, o a la Randazzo, y votando a lo único que le puede ganar a ELLA, o sea, la fórmula de CAMBIEMOS.
Frente a esta estrategia, el kirchnerismo ofrece una alternativa para que la oposición se haga fuerte: la reconstitución amplia del peronismo, con todos adentro, en una lista de unidad. Incluso, los K declaran magnánimamente que hasta podrían darle el primer lugar en la lista de diputados a Florencio Randazzo. Claro, cuando la limosna es grande, hasta el Pastor Gimenez desconfía y los randacistas de la primer hora, que es lo mismo que decir los de la última hora, desoyen el canto de la Sirena e insisten con dar la batalla por dentro en unas P.A.S.O. contra Cris.
Al peronismo le pasa hoy lo que le sucedía al radicalismo después de 1989: la opinión pública rechazaba a Raul Alfonsín pero él seguía mandando en la UCR. Incluso, CFK arranca con un piso impresionante en el conurbano bonaerense. Hoy es difícil que triunfe, pero si gana, es el peronismo que pierde. Por lo menos si se mantienen las actuales circunstancias, la ex presidenta sería derrotada en una elección presidencial.
El cálculo en cambio es sencillo para los randazzistas: incluso si “se pierde, se gana”, ya que se entusiasman con que después CFK perderá contra CAMBIEMOS, y Floro embestirá contra la mariscal de la derrota, convirtiéndose en el futuro. Obviamente seguirá pidiendo PASO en una estrategia espejo a la de Martín Lousteau: yo quiero primarias, pero no me las conceden, ergo iré por fuera.
El peronismo tiene un problema con las internas: ellas no existen cuando está en el poder, ya que toda disidencia es traición. Pero tampoco existen internas cuando el peronismo está en la oposición, ya que más bien se encuentra de vacaciones, esperando su turno para tomar el poder. No son las internas las que resuelven quien manda, sino es quien manda el que verticaliza al movimiento. Y todavía falta mucho para 2019, siendo CFK y sus secuaces (la única que acelera para “que se vayan ellos”.
A los demás peronistas les conviene por definición que la silla del jefe/jefa quede desocupada hasta que valga la pena dar la lucha por el 2009 (si vale la pena). El gobierno lo sabe y por eso da señales de humo de que el suyo no es un gobierno de gorilas. Que al menos el PRO no lo es, y coquetea con incorporar más peronistas al gobierno.
Así, castiga al radicalismo porteño por el desacatamiento de Martín Lousteau, dándole salida a Susana Malcorra, elegida por el Presidente como la mejor canciller de la historia (pese a que todavía no ganó un Premio Nobel como el canciller Carlos Saavedra Lamas, o consiguió una votación histórica en la ONU como el canciller de Illia, Miguel Angel Zavala Ortiz).  Pero en vez de nombrar un radical M, se inclina por el embajador en París, Jorge Faurie, de cercanías con el subsecretario Fulvio Pompeo. Las barbas en remojo de los herederos de Alem ya han sido puestas en palangana de agua helada para ser rasuradas por Marcos Peña ante la descontada salida del Ministro de Defensa, Julio Martínez para disputar senaduría en La Rioja. El nuevo ministro seguirá siendo radical, pasará a ser PRO o ingresará un nuevo “compañero”. ¿Qui lo sa?.
Pero si bien esto repercute en las estribaciones más altas del radicalismo, donde la interna Nosiglia Sanz está siendo decidida por el Gobierno Nacional “desfavoreciendo” a ambos en provecho de ninguno, incluso un tercero, en el territorio las penas son particulares de cada distrito. CAMBIEMOS está cambiando, y no hacia un mayor equilibrio como se ilusionaban algunos radicales sino hacia un mayor verticalismo.
Las negociaciones son distrito por distrito, se echa en falta una conducción partidaria más presente, y las experiencias donde el radicalismo fue solo, como en Chaco, sufrieron la falta de todo apoyo desde la Casa Rosada.
O sea, habría un doble efecto en la polarización: por un lado, permitiría a que CAMBIEMOS gane al obligar al peronismo a que se divida en dos o tres y así pierda. Por otro lado, al polarizar no entre el peronismo y el no peronismo sino entre Cristina y el elenco PRO conocido (o sea, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Horacio Rodriguez Larreta y Marcos Peña) también promete barrer los protagonismos internos, con la excepción del Planeta Carrió, cada día girando más en su propia orbita, lo que puede verse a simple vista, y sin ningún tipo de telescopio analítico.
Mientras se difunden encuestas que no pueden medir con precisión lo que la gente no está viviendo todavía (como siempre alertaba el enorme amigo que se nos fue Manolo Mora y Araujo), el Gobierno ha salido a difundir por boca de su gurú omnisciente, Durán Barba que las elecciones no dependen de la marcha de la economía. El ecuatoriano pone como ejemplo el caso de Perú, donde pese a la economía marchar bien, los presidentes sufren de impopularidad manifiesta. Pero si ciertamente, cuando las cosas mejoran económicamente, surgen nuevas demandas, cuando la economía va ostensiblemente mal, seguro que al gobierno no le irá tan bien en las elecciones.
Y aquí está el punto clave: ¿cuán mal se va a sentir el votante que no se encuentra bien económicamente (esa clase media baja pendulante) cuando llegue el turno de emitir su voto?-