PANDORA

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Todo indicaría que Cristina Fernández de Kirchner será candidata. En el Randazzismo las opiniones se dividen en tres. Quiénes todavía albergan la esperanza de que CFK no juegue, quiénes dicen que hubo un error al ponerse tan firme y «acorralar» a la ex presidenta sin abrir margen de negociación y quiénes creen que hay que rápidamente cerrar con Sergio Massa. Son horas frenéticas y dinámicas en el peronismo y todo puede suceder.
El acuerdo de Sergio Massa y Martín Lousteau estuvo prácticamente cerrado el martes a la noche y se cayó el miércoles por la mañana. Dos razones, el massismo pedía demasiado y, entienden en el bunker radical, su aporte de votos no es tal y por el contrario, podría desperfilar la candidatura de Lousteau. Todavía existe la posibilidad de integrar a Victoria Donda o Mirta Tundis a la lista de Lousteau, pero no quieren sobreactuar el vínculo con el peronista, al menos en estos momentos
El peronismo de capital cerró una lista de unidad que podría encabezar Graciana Peñafort, defensora de la reemplazada Ley de Medios, otros nombres que se sumarían serían Juan Cabandié y Gabriela Cerruti. En la lista de legisladores Mariano Recalde iría secundado por María Rosa Muiños, esposa de Juan Manuel Olmos. Hace meses que ese espacio se encuentra clavado en 20 puntos de intención de voto. Disputa minuto a minuto con Lousteau el segundo lugar. Hay muchos intereses de variados tipos en el gobierno de Larreta porque el PJ salga segundo. Veremos si pueden conseguir desplazar al radicalismo a la tercera posición.
Los medios periodísticos parecen ensañarse con el Poder Judicial, sin efectuar ningún tipo de discriminación entre sus miembros y sus distintos estamentos. Con poco conocimiento sobre el rol constitucional que cumple el Tercer poder de la República, avanzan sobre él, reprochándole su inactividad en la prevención de los delitos, incluyéndole responsabilidades sobre prófugos y reiterantes.
En verdad, y más allá de la coyuntura que se viva, poner en cabeza de los Jueces dichas alternativas, encierra un injusto reproche hacia quienes están obligados a hacer respetar los derechos y privilegios de los ciudadanos, frente al avance sobre ellos, de los otros Poderes del Estado.
Lo cierto, es que quienes realizan las críticas, se colocan siempre entre aquellos que piensan que jamás habrán de ser incluidos entre los individuos respecto de los cuales la justicia debe resolver, circunstancia que posiblemente,  los conduce a sostener un rigor en el que pocas posibilidades existen de que pueda dudarse de la participación de un individuo en un hecho de los que todos reprochamos.
Esa certidumbre sobre la imposibilidad de ser confundido con  el autor de un ilícito lleva, seguramente, a pretender limitar las potestades judiciales de intentar administrar con justicia los castigos que se imponen. El viejo axioma de que es preferible un delincuente en libertad antes que un inocente en prisión, obviamente ha caído en desuso.
De todos modos, la insatisfacción de la población respecto de la “seguridad” como forma de vivir en sociedad, sin sobresaltos y riesgos cotidianos, obliga a reformular, no ya la justicia – a quien se recurre cuando no se encuentran otros resortes hábiles para superar  la crisis- sino la prevención, que se encuentra en manos de otros sectores del Gobierno.
Aunque parezca absurdo, la justicia, por naturaleza, llega tarde a los fines de evitar los delitos, ello así, porque su rol constitucional es castigar a aquellos que los cometen, situación que solo puede ocurrir con posterioridad a la comisión de los sucesos reprochados. Así, la dureza de las sanciones que pudieran imponer y el rigor en su cumplimiento, jamás borrarían lo ya ocurrido, pudiendo exigírsele, únicamente, mantener el encierro de los delincuentes por más tiempo, lo que, estadísticamente está demostrado, no reduce significativamente el índice de criminalidad.
La prevención se encuentra fuera del ámbito del Poder Judicial, y mirar hacia él para descargar responsabilidades, es solo una manera fácil de sacarse el sayo para quienes no encuentran el camino de asegurar la tranquilidad de los ciudadanos.
Obviamente, todo es perfectible, y dentro de la justicia existen miles de modificaciones que pueden mejorar su eficiencia, la celeridad de los procesos y el castigo a los culpables,  pero aun llegados a ese punto, no habrá disminuido la criminalidad generada a resultas del consumo de drogas, si no se ha puesto freno a esa “narcoactividad”. Las penas prolongadas requieren de una infraestructura que el Estado hoy no posee, y las detenciones tempranas tampoco encuentran soporte en las escasas disponibilidades existentes para los procesados.
El tema es azaroso, y no se soluciona alentando la instalación de una justicia parecida a la de la Revolución  Francesa, en la que los humores sociales enviaron a la guillotina a muchos inocentes  y resguardaron a demasiados réprobos que solo tuvieron   la habilidad de desviar la atención hacia otros individuos.
La referencia a la Revolución Francesa, trae a la memoria las maniobras realizadas por Fouché, y si bien en estos días no existe un personaje de esas características, en algún episodio podría  encontrarse alguna semejanza con aquellos pergeñados por aquel.
Desde la decisión de la CSJN respecto del llamado 2 x 1, -en el que muchos se empeñan en descubrir una maniobra instrumentada por su Presidente, aunque sin ningún fundamento para ello-, casi todo lo que ocurre en el ámbito judicial intenta ser interpretado en el marco silencioso, de una guerra de estrategias llevada adelante por sectores que nadie acaba de identificar con precisión.
Carrió, en su cruzada contra Lorenzetti, alimenta estas interpretaciones que le permiten redoblar su oposición a aquel. Así, y ante el avance de los ataques que podrían terminar desplazando a la Procuradora Gils Carbó, hizo saber su desaprobación a la inclusión, entre sus posibles sucesores, del Dr. Gustavo Hornos, a quien asocia al Presidente de la Corte desde que el primero apareció firmando un comunicado favorable al nombrado, más allá de la representación que le habrían otorgado sus pares.
Si a ello se suman los comentarios, que respecto del candidato realiza en voz baja, es fácil presumir que el camino marcado para él se encuentra plagado de obstáculos no fáciles de remover.  Esa posibilidad, sin embargo, para alguna advertida por el Juez Supremo, le ha permitido jugar una situación que debiera favorecer sus propósitos. La supuesta futura terna de candidatos habría sido integrada por el constitucionalista García Lema y el ex Camarista Gabriel Cavallo.
El primero ya habría hecho público su desinterés en el cargo – está próximo a cumplir los 75 años- por lo que solamente quedarían en la disputa Hornos y Cavallo, situación parecida a aquella en que fue elegida Gils Carbo, luego del rechazo al pliego de D. Reposo.
Puestos los cañones sobre Hornos, solo cabría elegir a Cavallo –repuesto ya de sus afecciones cardiacas-, hombre vinculado a través de los hermanos Lijo, con Lorenzetti que, de esa forma, acabaría colocando en la procuración a un alfil propio que, junto con la creación de Ajufe, le daría gran consistencia a su poder dentro de la Justicia.
Por el otro, Wall Street sólo ve hacia adelante el cielo despejado. Los índices de acciones norteamericanas siguen marcando máximos récord. El plan promocionando por  Trump de u$s 20.000 millones por año está lejos del 1 billón de US prometido, se opacará con la audiencia de Comey ante el Congreso.
Los mercados de acciones lo ignoran. Wall Street hace caso omiso a las advertencias globales. La crisis del Watergate a principios de los setenta sólo contribuyó levemente a la crisis del petróleo que sacudió los mercados globales. Los mercados de acciones hoy tienen otras razones para festejar. El crecimiento en la eurozona repunta. Las ganancias de las empresas estadounidenses están sólidas. Las posibilidades de una leve retirada de la era del dinero barato son buenas…
Los mercados se distraer en cuanto a los riesgos que significa Trump para el orden global. Contrariamente a los escándalos de Nixon y Clinton, la amenaza que genera el mandatario tiene poco que ver con su posible juicio político. Si su campaña conspiró con Rusia es secundario. Los riesgos provienen de la hostilidad de Trump con el orden mundial que construyó Estados Unidos. Cada día es más imprevisible. Sin poder contar con los bienes comunes globales que proveyó Estados Unidos en los últimos 70 años, todas las apuestas irán para abajo.
Son situaciones poco probables. Es difícil que los mercados reflejen en sus precios el creciente riesgo de que alguno de ellos aparezca en el radar de Trump. «Una cosa es incluir en los precios el riesgo geopolítico. Otra es fijarle valor a una incertidumbre radical», dijo Douglas Rediker, ex director norteamericano del Fondo Monetario Internacional. El peligro es que con el correr del tiempo, Trump convierta la incertidumbre extrema en riesgos específicos.
El mayor peligro es el que afecta la estabilidad transatlántica. La pelea entre Trump y Angela Merkel de Alemania probablemente se intensifique. Merkel necesita ser reelecta y Trump está resentido por el sermón europeo. El resultado es una Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debilitada.
La tentación de Vladimir Putin de poner a prueba la determinación de la OTAN es mayor que nunca. Xi Jinping de China quiere mantener las cosas estables hasta haberse asegurado otros cinco años como presidente en septiembre. Después de eso, China tendrá más libertad de probar la determinación de Estados Unidos en su vecindario.
Luego está Medio Oriente. Trump aparentemente apoya la ruptura de las relaciones con Qatar encabezada por Arabia Saudita, aunque Doha hospeda a miles de soldados norteamericanos.
¿Quién se atreve a pronosticar hacia dónde conducirá eso? Esa también es una gran pregunta. Después de haber reforzado la estabilidad global durante décadas, Estados Unidos bajo el gobierno de Trump se está convirtiendo en un generador neto de inestabilidad. ¿Cómo hace uno para cubrirse contra una Norteamérica de alto impacto? Tradicionalmente, el mejor indicador del riesgo geopolítico es el precio del petróleo. En este momento los precios del crudo están bajos.
Tomar una posición larga en petróleo parece una cobertura débil contra el incalculable riesgo que genera Trump.