PANDEMONIUM

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Por: Carlos Fara. Literalmente significa “reunión de demonios” en su primera acepción. En la segunda se refiere a “lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío”. No importa si él o la lector/a es creyente. Seguro se sentirá comprendid@ por cualquiera de las dos acepciones, o por ambas. Pandemia y pandemónium significan cosas totalmente distintas y sin embargo hoy se nos parecen tanto. Diría Les Luthiers en “El rey enamorado”: “caramba, qué coincidencia!”.

 

Desatado el pandemónium, recurro a mi archivo de esta columna, y a principios de abril citábamos la opinión de Martin Wolf, columnista económico jefe del Financial Times, diciendo que la pandemia actual puede ser «una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas». En ese momento advertimos sobre la necesidad de no hacer pronósticos alarmistas y taxativos tempranos. Yo sé que venden más, pero lamentablemente no ayudan a pensar críticamente. Eso dio origen a dos columnas sobre “Qué es un punto de inflexión”.

 

Ocho meses y medio después podemos ver algunas cosas más claras y advertir cuánto hubo de “cine catástrofe” y cuánto de “crisis inédita”. Si bien sabemos que los contagios son mucho mayores a la estadística mundial, estamos por encima del 1 % de la población del planeta y a esta altura el 70 % se ha recuperado. Claro que la película no terminó y eso nos llena de incertidumbre. Sin embargo, hasta acá contabilizamos 1.700.000 fallecidos, que seguro la demografía nos dirá que quizá hayan sido más dentro de unos años. En el primer año de la mal llamada gripe española, se estima que murieron entre 20 y 40 millones de personas. Con una diferencia sustancial: en 1918 no superábamos los 2.000 millones en la Tierra, y ahora estamos en los 7.700. Cada deceso es lamentable, pero no podemos perder de vista la perspectiva.

 

Dicho esto, no creo en la hipótesis “cine catástrofe”: millones de personas muriendo por las calles o en los pasillos de los hospitales sin que el sistema sanitario sepa qué hacer. Una de las condiciones estructurales de la globalización es la velocidad en la reacción a todo: lo bueno y lo malo. El virus corre más rápido que nunca, pero los sistemas involucrados reaccionan al mismo tiempo. Seguramente en 1918 muchos de los 20 / 40 millones de fallecidos jamás se enteraron qué había una pandemia global, ni qué debían hacer. Hoy las crisis son en tiempo real: aparecen, se difunden, se reflexiona, se investiga, se interpreta y se reacciona todo al mismo tiempo. ¿Lo hacemos bien? Sabe Dios, pero seguro nadie se queda tranquilo en el living de su casa a ver qué pasa.

 

Entonces: nuestros amigos chinos son los únicos que crecerán este año, EE.UU. rebota fuerte, las tasas de interés se mantendrán bajas mucho tiempo, los precios de exportación de las materias primas vuelven al nivel de 2014, y como si esto fuera poco, el hermano Brasil está teniendo una recuperación envidiable. Todo eso se llama “viento de cola”, que veremos si Argentina lo sabe aprovechar o no, y que queda ad referéndum de la segunda ola de contagios y de la efectividad de las vacunas. Demasiada incertidumbre para brindar en Nochebuena, pero es lo que hay.

 

Como estamos cercanos a las fiestas todos nos podemos dar “pequeños permisos”. Mi pequeño permiso es que, a la recuperación internacional, se le puede sumar como factor positivo la derrota de Trump. Al menos, the big brother va a generar más certidumbre, racionalidad, colaboración y confianza. Por ahí Biden lo hace mal, pero ya sabemos que el sistema amortigua al liderazgo. Finalmente el pato Donald se tiene que ir a sus torres dejando el botón nuclear en otras manos.

 

Todos saben el chiste respecto a que un pesimista es un optimista bien informado. Hay tantos elementos para pensar de una manera como de otra. Sugiero una vez más leer el libro Factfulness del fallecido Hans Rosling para ver cómo evolucionó el mundo al menos en los últimos dos siglos. Diría que, pese a todos los desastres ecológicos que cometemos, tampoco la humanidad viendo haciendo todo taaaaaan mal.

 

Sí, ya sé! en el largo plazo estaremos todos muertos! Pero aunque suene tonto de mi parte –y me guste escuchar Silly Love Songs- no estaría mal estos 24 y 31 brindar porque el colectivo homo sapiens haya pasado de una pandemia con el 1 o el 2 % de la población muerta hace 100 años atrás, al 0,02 % en esta coyuntura (porque además no se crean que las estadísticas eran fantásticas en 1918 y muy malas en 2020).

Yo, al menos, brindaré por eso. Felices Fiestas!