OTRA VEZ EL FUEGO.

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En la Argentina, los incendios forestales implican una pérdida de 2,7 millones de hectáreas en los últimos 10 años.

Esta semana entre el horno del verano y el terror de la peste, El Bolsón estalló en llamas. El año pasado la seca castigó a 11 provincias argentinas, con graves daños para cultivos y ganado. Esa sequedad afectó a Río Negro y al Bolsón, una versión criolla del paraíso.

Los bosques nativos son fundamentales en la mitigación del cambio climático. Ayudan en el proceso de regulación hídrica del suelo, cumplen un rol central en la conservación de la biodiversidad, contribuyen a la conservación del suelo y de calidad del agua y forman parte del proceso de fijación de carbono.

Una encuesta de opinión realizada por la consultora Poliarquía: El 89% de los argentinos está a favor de que se frene la deforestación y un 77% aseguró que el manejo del fuego «debería ser una prioridad del Gobierno nacional».

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el 2020 fue el año en el que se detectó el mayor número de focos activos por satélite del siglo.

Hacia finales de 2007 el Congreso sancionó la ley de bosques nativos para protegerlos y evitar su degradación. Nunca recibió el presupuesto establecido por la ley. Este monto disminuye año tras año.

Con una extensión de más de 53,6 millones de hectáreas distribuidas de norte a sur en seis áreas boscosas distintas, la cobertura forestal abarca el 19,2% de la superficie de la Argentina. Respecto al resto del mundo, los bosques nativos locales representan el 1,4% del total.

En el Bolsón diez mil hectáreas de bosque se han vuelto cenizas. También tierras cultivables. Y el cuerpo y alma de sus habitantes.