MUNDO IRREAL.

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Ferdinand Amunchásteguy. Vivimos una situación semejante a la de un mundo mágico, nada obedece a la razón y todo sucede siguiendo una absurda realidad. Las más disparatadas situaciones se han naturalizado y debemos afrontar las consecuencias de la loca actividad de quienes debieran conducir nuestras vidas hacia el bienestar general y en vez, nos sumergen en una incontenible catarata de ridículas escenas,  impropias e imposibles de imaginar antes de que ocurran.

La saga ocurrida tras la muerte de Maradona nos ha traslado a un mundo irreal en el que nada parece suceder fuera de las fellinescas grescas entre quienes conformaron su entorno. Sus hijas, su ex mujer, el abogado que lo acompañó en su última etapa, el médico que lo atendió y una colección de presuntos descendientes llegados de todos los lugares por los que transitó el ídolo, desplazan la atención de otras situaciones que, posiblemente, afecten mucho más directamente la vida de los argentinos.

Casi es un agobio advertir que hace días solo se escucha opinar sobre  si es permitido y legítimo no sentir congoja por su desaparición, en vez de analizar los comportamientos que sucedieron al tiempo de su muerte y que no necesariamente se vinculan a ella. Cierto es que la escandalosa organización de la despedida popular que se intentó construir, merece comentario  dadas las recíprocas imputaciones cruzadas entre la Nación y la Ciudad, intentando convertir en una cuestión política lo que debió constituir una espontánea manifestación popular.

Sin embargo, mientras la tristeza embargaba a aquellos que se identifican con los ídolos populares otros, cultores de un pragmatismo menos sentimental, aprovecharon la momentánea distracción para generar hechos políticos que le aprovecharon o, de adverso, ocultar algunos otros que prefirieron minimizar frente a la sociedad.

Fue así que se perdió entre las novedades, la decisión  tomada por los jueces de la Casación,  que ratificó lo que a su vez habían resuelto los casi desplazados Bruglia y Bertuzzi respecto de los cuadernos del sempiterno Centeno. Aquí es donde se advierte la lucha declarada por las huestes de la vicepresidenta contra un Poder Judicial que le resulta, a veces,  esquivo. Desde su posición de Poder en el Senado, ya se había intentado castigar a los Jueces Bruglia  y Bertuzzi,  reenviándolos a sus originales Tribunales de menor gravitación que la Cámara Federal, operación que frustró la Corte Suprema que, convocada a resolver el tema, decidió que debían permanecer en el lugar hasta que se concluyese con la elección de los jueces que en definitiva debiesen ocupar los asientos en los que hoy laboran.

Digresión al margen, la Corte por unanimidad decidió enmascarar un cambio en el que nadie se detuvo lo suficiente y que puede verificarse con solo compulsar que las designaciones de los jueces habían sido dispuestas con carácter definitivo y no como interinatos a la espera de concursos que,  tras la resolución de la Corte, fueron inmediatamente convocados.

Quienes intentan descubrir maniobras conspirativas en todas las acciones, sugieren que la Corte se ocupó de neutralizar las sugerencias de aumentar el número de sus miembros, y a cambio fragilizó la permanencia de aquellos Magistrados que carecían de la simpatía de la vicepresidencia, empecinada en disciplinar a aquellos que prefirieron parecer díscolos en el interregno habido entre el 2015/19.

De todos modos, y ratificando que nuevamente ha cambiado el eje del poder interno del Alto Tribunal, este, de seguido, hizo  explícita su capacidad de fuego,  rechazando los recursos que, ante ese Tribunal, mantenía activos la Defensa del ex vicepresidente Boudou cerrando definitivamente el proceso que dispuso su condena.

Puede entenderse el propósito de enviar ese mensaje concreto, ya que el sistema empleado para rechazarlos fue recurrir al artículo 280 del Código de Procedimientos Civiles que, vulgarmente,  se asocia a la imposición de un sello,  ya que no se dan razones para negar la  viabilidad del reclamo, a lo que se suma el hecho concreto de haber decidido ese rechazo formal y liminar, después de dos años de trámite en el Tribunal.

También el año termina, con el trascendido de haber sido repuesto como operador de la vicepresidente, Javier Fernández, que había caído en desgracia  junto con Jaime Stiuzzo, con el que colaboraba íntimamente, pero de quien habría tomado distancia para recuperar las  labores que le han generado algunos beneficios que vuelven más agradable la vida.

En definitiva, sin llegar a saber si Maradona era un hombre rico o un pobre de solemnidad, alcanzamos a conocer que nada habrá cambiado demasiado en el ámbito de la justicia, y solo debemos recuperar las viejas agendas para repetir los resultados que ya conocemos.