MITADES, NO TERCIOS.

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Por: Luis Tonelli. Los candidatos presidenciales tienen este domingo un nuevo desafío escénico. Realizar el segundo debate obligatorio, esta vez en la Universidad de Buenos Aires. En el primer debate hubo un claro ganador: el debate. Por ser el primero y bajo reglas un tanto estrictas, cumplió. Las instituciones son así: tardan tiempo hasta que los actores y especialistas aprenden a usarlas, a exprimirlas, a redefinirlas.
Queda claro que el formato del debate no es para debatir en términos clásicos. Y, sinceramente, ¿Qué puede debatirse hoy, en estas épocas twitter, en términos de argumentos y contrargumentos sobre propuestas de políticas públicas concretas?. La audiencia tendería a cero a las 5 minutos cuanto máximo.
Pero tampoco tuvimos el festival de intercambios de insultos, al que nos tiene acostumbrado la infame Grieta. Los actores políticos, luego de azuzar el conflicto político, tratan de aparecer lo más políticamente correctos. A tal punto, que el ahora, famoso “dedito” de Alberto Fernández es utilizado como expresión de ese autoritarismos que no estuvo en el debate.
Que la grieta este instalada profundamente en la sociedad argentina, también es materia de discusión. Finalmente, la apuesta del gobierno a que ella le reportara a su favor no funcionó, y un candidato “centrista” (geométricamente hablando, en comparación con el élan vital camporista, termino siendo la jugada que pudo consolidar todo el voto peronista detrás suyo.
Hay bronca, y cualquiera que haya realizado, asistido, o leído los verbatim de cualquier focus groups se sorprenderá del nivel de violencia que rápidamente alcanza contra uno u otro representante de los polos. Obviamente Cristina y Mauricio se llevan las palmas. Son percepciones sociales que ya aparecen definidas. 2/3 de la sociedad vitupera a Cristina; 2/3 de la sociedad vitupera a Macri. Un tercio vituperan a ambos.
Pero cada uno obtiene un tercio de aprobación irreflexiva. En sus inicios de “empresario exitoso y jefe de gobierno exitoso” el Presidente avanzaba sobre ese tercio que hoy lo desaprueba cruelmente. Asi es la política, características que antes eran consideradas positivas (CEO, millonario) cambian a su versión negativa cuando las cosas andan mal (indolente, “gobierna solo para los ricos”). Sic transit gloria mundi.
En el debate, la estrategia de Macri y sus equipos de comunicación retomó la versión light, coacheada, de spot televisivo, casi como si acá no hubiera pasado nada. No incurrió en la “bolsonorización” que viene exhibiendo en las caravanas donde se juntan sus tiffosi, muchos de ellos expresión de un gorilismo que se suponía superada, redivivo otra vez por la provocación de años de kirchnerismo.
Tampoco sacó a relucir su experiencia de años haciendo lo mismo. Se lo vio muy tenso, como si las cosas no anduvieran como él y su equipo de comunicación lo habían pensado. Algunos cercanos a la Presidencia dicen que sorprendió Alberto Fernández, ya que todos pensaban que saldría a buscar un empate televisivo, dado que tiene el partido real casi asegurado.
Pero Fernandez tiene como su público al votante peronista que defenestra a Macri. El Duranbarbismo no ha muerto ni siquiera revisado. Desde el Gobierno siguen pensando que hay un tercio de voto blando, parte del cual emigró hacia Alberto Fernandez. Los números de las P.A.S.O. demuestran otra cosa: Alberto Fernández logró juntar la mitad del voto argentino, el que tradicionalmente ha votado candidatos peronistas, y que proviene de las clases más populares. Macri, por su parte, hizo una elección casi milagrosa (sacó más votos que en las P.A.S.O. del 2015, casi un tercio del electorado de los estratos sociales más pudientes). Pero no pudo evitar que parte de su voto se dirigiera hacia otros candidatos: Lavagna, Gómez Centurión, Espert, y voto en blanco.
Estas pymes que dispersan el voto que no atrae Alberto Fernández deberían ser el verdadero target del gobierno, que sigue confundido con la idea que en la Argentina el electorado hoy es independiente y vaga obnubilado y errante por el cyberespacio electoral. Claro que la mayor parte dice que no está afiliada y que ningún partido lo represente, pero eso no significa que los votantes no tienen una historia y preferencias definidas, especialmente estructuradas a partir de su posición sociodemográfica. Y esas líneas siguen siendo las mismas que expuestas por nuestro querido Manuel Mora y Araujo en su clásico El Voto Peronista de 1971, que, por algo, todavía sigue siendo un clásico. A menor ingreso, más probabilidad de voto al peronismo.
 
Porcentaje de Voto Ganador según Nivel de Ingreso. AMBA. Elecciones Presidenciales del 2015.