MIAU

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No fue original Leonardo da Vinci cuando opinó que el más chico de los gatos es una obra de arte. Ya lo consideraron los egipcios que los sacralizaron, pintaron y esculpieron. Desde entonces hasta aquí los gatos gozan de la admiración y cariño de artistas y poetas y el rechazo de algunos humanos. Al fin de cuentas el gato es un animal semi doméstico, cariñoso cuándo y cómo quiere, indiferente a los halagos de sus amos. Su belleza y sensualidad inquieta y seduce. Y desde entonces se lo asocia a la feminidad.

Los romanos, más prácticos y menos crédulos se limitaron a reflejar su belleza y su histórica enemistad con los perros.

La asociación la magia y la superstición, es decir de pecado nació del pesado halo religioso medioeval. Es más, se los consideraba merecedores de horrendos castigos.

Con la luz del Renacimiento, llega el gran Da Vinci con “Madonna con niño y gato”, “Gatos y dragones” (1513), dibujos de gatos con dragones, y gatos, gatos y gatos. Da Vinci vivía con ellos y con pájaros.

Le siguen Hieronymus Bosch, Diego Velázquez, Francisco de Goya hasta que el impresionismo impuso su mirada: Renoir, “Joven con gato”, “Muchacha durmiendo” “Madre e hijo”, Paul Gaugin. “No trabaja” y “Mujer con niño”,  Edouard Manet, “Le Rendez-vous des chats” (1868), un gato negro y otro blanco se topan en un techo

Se multiplican gatos y pintores. Salvado Dalí, Paul Klee, Pablo Picasso…ya visitarán 7 miradas. Hoy alcanza con Joan Miró y su deliciosa visión de un miau miau.