MERCADOS EMERGENTES: MODO RABIETA

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Tapering El término se acuñó en 2013. En la actualidad la política expansiva está a la orden del día, es un instrumento no convencional realizado por los bancos centrales para aumentar la oferta de dinero. Una política diseñada para circunstancias excepcionales y para un periodo corto de tiempo.

La flexibilización cuantitativa provocó que la Fed se convirtiera en uno de los mayores compradores de bonos del mundo. La retirada progresiva de la institución denominado tapering en inglés, provocó en el mercado nerviosismo.

David Lubin*. En los dos últimos años, algunos han puesto el grito en el cielo por el riesgo de una inminente crisis de la deuda de los países en desarrollo y bajos ingresos. Esos temores son serios ahora.

Incluso antes de que los acontecimientos en Ucrania introdujeran una nueva amenaza para el apetito de riesgo entre los inversores mundiales, el doble golpe de una política monetaria estadounidense más estricta y un fuerte descenso del crecimiento del comercio mundial limitan la capacidad de los países de bajos ingresos para hacerse con dólares. Cuanto más tiempo se mantenga la tensión geopolítica, más se profundizará ese problema.

Los temores de una crisis inmediata de la deuda surgieron como lo hizo la pandemia a principios de 2020. La opinión era que muchos países en desarrollo simplemente no tendrían las divisas necesarias para pagar el servicio de su deuda. Esa preocupación de entonces era errónea por tres razones.

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En primer lugar, la drástica flexibilización de la política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos mantuvo abiertos los mercados de capitales para los prestatarios de los mercados emergentes, apoyando el apetito de riesgo a nivel mundial. En segundo lugar, el enorme estímulo fiscal del Tesoro estadounidense contribuyó a generar un aumento del comercio mundial. En tercer lugar, el FMI apoyó la estabilidad financiera de los países en desarrollo mediante desembolsos de emergencia y, sobre todo, mediante la emisión el año pasado de derechos especiales de giro por u$s 650.000 millones.

Ahora, sin embargo, el entorno exterior al que se enfrentan los países en desarrollo se deteriora rápidamente. El endurecimiento de la política monetaria de Estados Unidos erosionará el apetito de riesgo de los inversores hacia los mercados emergentes. Las crisis de deuda de los años ochenta demostraron que la estabilidad financiera de los países en desarrollo se ve amenazada cuando Estados Unidos tiene un problema de inflación propio que resolver.

En tanto, el crecimiento del comercio mundial comenzó a disminuir bruscamente en la última parte de 2021. Terrible noticia para los países que dependen para generar ingresos en divisas. Todo  lo que creías saber sobre las tasas de interés y el mercado está equivocado. Tiene lugar en un contexto en el que algunas métricas importantes de la solvencia de los países en desarrollo se deteriora hasta niveles preocupantes. En los países en desarrollo con calificación B, por ejemplo, la relación promedio entre deuda externa y las exportaciones supera el 200%, nivel nunca visto a finales de la década de 1990. Del mismo modo, el porcentaje de los ingresos por exportación de estos países destinados al servicio de la deuda externa también ha vuelto a superar el 25%, cifra  tampoco registrada en dos décadas.

El mercado se preocupado por los soberanos con calificación B, en el sentido de que en los últimos meses se había producido un notable aumento de primas de riesgo en relación con países más solventes. Hay mucho espacio para que estas preocupaciones se profundicen.

El actual aumento de los precios de  materias primas es, en principio, una buena noticia para los países de bajos ingresos, muchos de los cuales son exportadores de commodities. No es suficiente, en algunos casos, para compensar el colapso del apetito por el riesgo.

Los diferenciales de crédito de los frágiles países importadores de materias primas se ampliaron desde el 24 de febrero, cuando comenzó la invasión de Ucrania. Sin embargo, también hay algunos exportadores de materias primas que se han visto afectados por la aversión al riesgo.

Otra razón por la que está aumentando el riesgo de default entre los países de bajos ingresos tiene que ver con el FMI. La última vez que los países en desarrollo sufrieron algo parecido a una crisis de deuda sistémica, en los años ’80, la visión del FMI sobre su papel era de mantener el flujo de pagos internacionales. Su comportamiento era básicamente favorable a los acreedores, haciendo recaer la carga del ajuste en los propios países para que controlaran el gasto interno apretándose el cinturón para atender el servicio de la deuda externa.

Hoy en día es mucho más sensato describir al FMI como una institución favorable a los deudores. El Fondo se ha esforzado seriamente por animar al G20 a ir más allá en la oferta de alivio de la deuda a los países de bajos ingresos bajo el paraguas de su Marco Común que se anunció a finales de 2020. En la actualidad, sólo tres países -Chad, Etiopía y Zambia- han solicitado el alivio de la deuda bajo el marco y el FMI quiere que haya más involucrados. Tal y como están las cosas, el Fondo puede conseguir su deseo.

Y como el Marco Común exige que los acreedores privados participen en condiciones comparables a las del G20 los incumplimientos de los acreedores privados van a aumentar. Tal vez eso no sea malo: si un país no puede pagar su deuda, el alivio de la misma es totalmente apropiado. Y hay que tener en cuenta que los acreedores privados suelen tener poca memoria, lo que permite a un país moroso a los mercados internacionales de capitales. Pero los defaults son a menudo desordenados: una cosa más de la que preocuparse en un mundo lleno de preocupaciones.

 

David Lubin* Miembro Asociado, Programa de Economía y Finanzas Globales. Director gerente y jefe de economía de mercados emergentes en Citi, responsable de un equipo de más de 30 economistas en 15 ubicaciones en todo el mundo. Antes de unirse a Citi en 2006, estuvo en el grupo HSBC. En 1989 comenzó se sumó al campo de las negociaciones de reestructuración de deuda soberana con gobiernos de América Latina y Europa del Este.