MÁS VALE TARDER QUE NUNCA

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Por: Luis Tonelli. Y finalmente Mauricio Macri aprendió que la política no es siempre pérdida de tiempo y pérdida de plata, como siempre pensó, echándole la culpa de todos los males argentinos (como se suele hacer desde los medios, desde los countries y en los bares donde se juntan los padres de clase media alta a charlar después de llevar a los chicos a la escuela).

La política sin gestión es pasaporte al desastre seguro. La gestión sin política termina siendo más ineficiente y costosa que la pareja “política y gestión”. Para política (y mala) sin gestión tenemos a este gobierno, que solo hace pocos días atrás se percató que teníamos un sistema de vacunación muy eficiente, creado en décadas de vacunación masiva. Antes probaron con la M.V. (Militancia Vacunadora) en los locales de La Cámpora, sindicatos, y todo lugar donde se pudiera colgar un cartel con el nombre y apellido de los políticos que te “estaban vacunando”.

La gestión sin política, está muy bien representada por el gobierno de Macri. Errática, con un norte retórico, pagando más de lo que se tenía que pagar, y contribuyendo entonces a empeorar justo eso en lo que todos confiaban que era su fuerte y fue su mayor debilidad: la economía.

Contra toda prudencia que da la política, en su momento, el Presidente en el Gobierno de CAMBIEMOS eligió el diagnóstico y la terapia que le sonaba mejor a sus oídos: vendrían tantos capitales al país que los argentinos tendríamos que caminar con cascos para evitar que un termosellado de dólares nos hiciera un chichón en la cabeza. Gracias a esa lluvia de inversiones, desatada por la sola llegada de CAMBIEMOS, no sería necesario ni un ajuste, ni un gobierno de coalición, ni un ministro de economía en serio, ni la búsqueda de acuerdos macro con el peronismo que quería negociar (incluso algunos kirchneristas que habían quedado con la lengua afuera).

Por el contrario, Macri hizo todo al revés. Creó un desopilante esquema de gobierno, inspirado en los branches corporativos, con mini ministros y un sistema segmentado con cada área aislada de la otra, para reinar (sin gobernar). Los dos controllers hacían lo que podían con los Excel interminables con programas con siglas estrambóticas que suenan a nombre de insecticidas.

Le dio al Ministro del Interior tanto la capacidad total de negociar como la caja, que cualquier puntero sabe que hay que mantener separada, para evitar que el NO sea del que negocia. Nombró a una funcionaria ajena a la problemática social, que consiguió evidentemente la paz en las calles pero pagando de más a cualquier manifestación que enfilara para la Rosada.

Lo que se pagó en sobre precios, por lo que se llama técnicamente como costos de transacción fue enorme. Es como si vinieran turistas a mi barrio natal en Quilmes, y les cobráramos lo que se nos ocurriera  ya que los gringos no podían tener la más mínima idea de lo que era justo pagar por algo.

El Presidencialismo Segmentado de Macri terminó el día que empezó a reptar por los dólares para mantener el funcionamiento de la economía. O sea, directamente le pegó a su base electoral. Habiendo elegido a CFK como su villana favorita, hizo del kirchnerismo la alternancia malvada. Como dato, Alfonsín no eligió como opositor a Herminio Iglesias, sino a Antonio Cafiero. Y finalmente el gobierno de CAMBIEMOS que tuvo su razón es terminar con el populismo tuvo que pasarle la posta, al haberlo entronizado como alternativa.

¿Qué hace la política que es imprescindible para la gestión?. Simplemente conoce un paño del que los técnicos no tienen idea: el de como levantar cada “peaje” político  a una decisión sin pagar demasiado por esto. Bajándole el precio con bienes simbólicos, con años de favores mutuos, con no alterarse frente a una amenaza de conflicto social. Como me dijo una vez Antonio Troccoli: gobernar es como viajar en el tren fantasma; te asustan a cada momento, pero si les haces caso te bajas del carro antes de llegar. Si no, llegas con los que tampoco se asustaron.

¿Y porque Macrí entiende ahora de política?. Porqué hizo lo que todo presidente argentino haría en su situación: evitar que alguien que se decía de su palo, gané las elecciones en un distrito donde quien se presenta por Juntos por el Cambio gana. Patricia Bullrich, que es una de las políticas más voluntariosas y enérgicas que dio este país, no reparó que erigiéndose como representante del sector más duro “jubilaba” a Macri.

La política vende arena en el desierto. El raid de Bullrich le puso una carta en la mano a Macri para negociar con Horacio Rodriguez Larreta su bajada. Costo cero. Y el camino lineal que imaginaba Patricia y que implicaba un parricidio terminó bruscamente.

Fue Angeloz, el hombre en la vereda de enfrente quien perdió formalmente las elecciones, fue Duhalde, enemigo declarado de Menem el que perdió las elecciones. Fue Scioli y no un hombre del riñón de Cristina quien perdió las elecciones. Macri perdió él su reelección, pero quiere jugar de nuevo, o al menos gravitar en un potencial gobierno de la actual oposición. Como lo avisó desde el título de su libro, sobre su presidencia, Primer Tiempo. Y para eso necesita, ahora que está en el llano, hacer política.