MARCHE UN ESPÍA…

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Ferdinand Amunchásteguy. En este tiempo, todo se presenta confuso y difícil de entender. Los episodios exóticos y poco comunes se lanzan a la gente como las sorpresivas lluvias del verano, que se inician y culminan sin que nada permita preverlas. La política parece haber ingresado en el terreno de las noticias policiales y todo se confunde, como en el mundo de Discépolo.  Siguiendo una línea ya iniciada por el Juez de Dolores, ahora, en el conurbano, se replica una historia semejante. Una vez más se denuncia una actividad comprometida por parte de los servicios de inteligencia locales, si bien esta vez, la investigación presenta características diversas. En la original, iniciada camino a la Costa Atlántica, el disparador fue la aparición de un agente multiproposito que arrastró tras de sí a periodistas y fiscales. La actual, iniciada en el conurbano, ha perdido el encanto de las playas y el mar, para adquirir la rusticidad del primer cordón y dejar al descubierto las torpezas de una investigación no suficientemente elaborada.
Por primera vez, en un breve tiempo, el espionaje y la actividad de los servicios de inteligencia han llegado a las carátulas judiciales.

Debieron transcurrir varias décadas para que ello ocurriese. Solo al inicio de la democracia recuperada, se encontrarán situaciones similares, sea porque  se investigaron los episodios que involucraban  a esos servicios  utilizados por el gobierno de facto, o sus residuales que subsistieron un tiempo más -Gordon, Puccio o Guglielminetti-.
De todos modos, la exteriorización de sus actividades se deslizó por distintos rumbos, aquellas primeras, por delitos de sangre y secuestros y estas, por el uso de información con fines extorsivos. Aun así, la última de las causas conocidas presenta particularidades sorprendentes.

En primer lugar, el mismo Juez que investigó las irregularidades es quien facilitó que los hechos ocurriesen y, eventualmente, generó la actividad de su colega de Dolores, que debió analizar los motivos en virtud de los cuales algunas conversaciones privadas habían llegado a manos de ciertos periodistas.

Tampoco puede soslayarse el hecho de que quien ordenó intervenir determinados teléfonos, debe explicar las razones por las que no  reconoció las escuchas que trascendían y que estaban vinculadas a sus propias decisiones. Hasta el más desprevenido debió notar que los programas periodísticos difundían escuchas, tomadas de teléfonos que estaban intervenidos siguiendo sus instrucciones, y que, obviamente, sólo podían encontrarse en sus procesos y no en manos de aquellos que justificaban la existencia de una suerte de complot,  de acuerdo a las conversaciones grabadas desde el teléfono público,  instalado en el interior de establecimiento carcelario.

Estas graves inconsistencias, una vez más, comprometen la actividad judicial que, en las manos de algunos Magistrados, desvirtúan su esencia y, en vez de ser resguardo de los derechos de los ciudadanos, se convierten en armas de una política descarriada que no teme en utilizar cualquier medio, para alcanzar cualquier fin – ni siquiera el desprejuiciado Maquiavelo podría lograr hoy que se respetaran sus criticados límites morales-.

El aparente episodio policial que busca conocer los motivos de la muerte del ex secretario privado de CFK en su lugar en el mundo, generó un revuelo en el ámbito de la política. El comunicado de la opositora coalición “Cambiemos” sobre el hecho, generó en su seno criterios tan opuestos,  que el contenido  de los comunicados a emitir en el futuro,  deberá ser elaborado por un grupo en el que estarán representadas las distintas   líneas que la componen, imponiendo severos límites a una actividad que hasta episodio, ahora  ejercía sin control, su presidencia  ejercida por Patricia Bullrich.

 

De todos modos el confuso en sí mismo, trajo a la memoria distintos hechos vinculados a la víctima -su evolución económica impropia de sus habituales labores, y el hecho de haber sido un testigo colaborador en la causa de los cuadernos (puesta en crisis por el ya nombrado Juez de Dolores en la primera causa de espionaje, que a su vez se vincula a la segunda, en que se relativiza la eficacia de la prueba colectada en esa anterior)-.

En definitiva lo que se advierte, es el inicio de un camino que conduce a la disolución de la República, donde ya comienzan a juntarse, la Mignon y el Rey de Bastos, que no alcanzan a ocultarse tras la pandemia que cubre, hasta ahora, los males de la economía y  avances subterráneos de grupos políticos inconciliables que luchan, dentro de los grandes bloques que forman el Gobierno y la oposición, por lograr su conducción.