MADONA COSMICA

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Nadie niega la genialidad de Salvador Dalí. Entre los críticos formales europeos hay una reticencia para aceptar su grandeza y de incluirlo en el honorable establo de los mayores artistas del siglo veinte. La informalidad de su vida, la variedad de sus ocurrencias, la lealtad con que sostuvo su base surrealista y la originalidad con que incursionó en distintos género: desde el cine de Alfred Hitchcock hasta su increíble Obra-Museo de Figueras, un monumento a sí mismo, sus increíbles memorias, su culto rimbombante al Rey de España, son parte de una dimensión inclasificable para los pomposos comentaristas. Puede que la insistencia de Dalí de ser español en la práctica –o sea en su tierra, a pocos pasos de la encantadora Cadaqués y dejar de lado la clásica competencia de Paris, haya contribuido a esa reticencia. Fue en New York y en Hollywood donde obtuvo un éxito perdurable (y mucho dinero). En Estados Unidos donde nace un Andy Warhol, gran  show man del arte y de la vida.

Por suerte hay motivo para hablar de él. Desde 1965 poco se sabía Madona cósmica, (Dalí,1958), de su “periodo místico-nuclear”. No se había visto desde su última exposición de Nueva York, en 1965. Muerto su propietario, que lo tuvo en su casa durante más de 50 años, está a la venta. Es un lienzo de 152,5 por 91,5 centímetros,  rebautizado por Dalí “El corte de la oreja de Van Gogh desmaterializándose desde su espantoso existencialismo y explotando al modo de un pion durante el deslumbramiento de la Madona Sixtina de Rafael”; (segundo título que escribió en la parte posterior de la obra).

Eliott H. King, comisario de la exposición de 2010 Dalí: The Late Work, en el museo de Atlanta, asegura que “el resurgimiento de la pintura en todo su deslumbrante color la establece como una de las obras de arte de Dalí más exitosas y elaboradas durante el período de posguerra”. En cuanto al título secundario, King asegura que “Dalí recuerda la hipótesis de los teólogos medievales de que la Virgen María concibió por medio de la palabra de Dios, y, por lo tanto, fue inseminada a través de su oído”.

Observa King; “Madona Cósmica es la última obra maestra de Dalí que puede ser adquirida por una persona o entidad privada, ya que todas las otras de este calibre se encuentran ya en museos o colecciones privadas de todo el mundo”.

La pieza que sale a la venta está inspirada en la Madonna Sixtina que realizó en el siglo XVI Rafael, uno de los pintores que más admiraba Dalí (después de Johannes Vermeer y Diego Velázquez), por personificar la tradición clásica. El mismo año que estaba pintando este cuadro, Dalí, al compararse con Rafael escribió: “Soy un mal pintor. Si comparo mis telas con las del Renacimiento, con las de Rafael, por ejemplo, me doy cuenta del desastre total de mi obra. Pero esto no impide que sea, gracias a mi estilo, uno de los mejores artistas actuales”. En 2018, en el Obra-Museo de Figueres, se expuso la muestra Dalí-Rafael. A Dalí le fascinaba el pintor renacentista, en particular de La Virgen de la rosa, que se aprecia en el Museo Del Prado.

Madona cósmica pertenece a la serie de temas religiosos que Dalí quiso impregnar con los avances científicos del momento. Una de sus primeras manifestaciones es otra Virgen, la Madona de Portlligat, de la que pintó dos versiones, una en 1949 y otra en 1950. El mismo año que pintó esta Madona cósmica, Dalí creó, un total de 18 óleos; retratos de empresarios de los Estados Unidos (oh, los dólares), la Virgen de Guadalupe y El descubrimiento de América por Cristóbal Colón, enorme pintura de más de cuatro por tres metros, que puede verse en el museo de Florida creado por Reynolds Morse, el mayor coleccionista de Dalí.

La salida al mercado de este preciado óleo es poco común. Se suma al Retrato de Paul Eluard (1929), (en Sotheby’s, Londres,  15,9 millones de euros; Primavera necrofílica (1936), (Sotheby’s, New York, por 13,8 millones de euros, y Momento de transición (1934), (Christie’s New York 7,7 millones de euros). Las tres son del período surrealista del pintor y pequeñas-. La Madona cósmica es otra cosa. Quién la comprará?