LIBROS: LA CAÍDA DE PERON

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Por Pablo Gerchunoff:
 
En su libro sobre la caída de Juan Domingo Perón en 1955, Pablo Gerhunff resalta dos cuestiones: el conflicto con la Iglesia y las negociaciones más o menos reservadas con los Estados Unidos.
Esas negociaciones no significaron un apoyo a Perón. Fueron un difícil arreglo de las cuentas del pasado. En el contexto de la Guerra Fría a Eisenhower ya no le importaba si Perón había sido nazi o no. Lo que le importaba –y lo atraía-era que Perón era un anticomunista exitoso.
Exitoso en el sentido de que con sus medidas se había ganado el favor popular. Un buen ejemplo para la región, en la mirada de la administración republicana. En el medio había complicaciones de todo tipo. Económicas y políticas. Antes de que se resolvieran, si es que se iban a resolver, se produjo la caída de Perón.
-¿Y el conflicto con la Iglesia?
-Siempre había habido tensiones entre Perón,  Evita y la Iglesia, pero desde noviembre de 1954 fue asombrosa la agresividad de Perón por un lado y de los laicos católicos por otro. Hay muchas interpretaciones sobre el detonante. Podemos elegir cualquiera, pero lo que yo creo es que Perón estaba para ese momento cansado y desgastado, y cualquier chispa podía incendiar el campo reseco. Mi impresión es que ejercer un poder vertical y autoritario durante diez años produce fatiga, la fatiga genera errores, los errores producen más fatiga y así el tren puede descarrilar. Perón se reconcilió con la Iglesia en 1973 pero lo que en todo caso siempre fue inimaginable es que el peronismo en todas sus versiones se convirtiera entrado el siglo XXI en un movimiento casi papista. ¿Usted vio que en las paredes de los dirigentes peronistas hay más retratos de Francisco que de Perón?
-Así como Córdoba terminó electoralmente con el “cristinismo”, también terminó con Perón, pero a través de un improvisado golpe de estado. Córdoba siempre fue rebelde y allí nació el pronunciamiento militar de septiembre de 1955. Efectivamente Perón tenía todas las de ganar. Pero el lunes 19 a la mañana, una vez que le informan que el día se mantendrá lluvioso y que no se podrá bombardear al portaaviones de Isaac Rojas que apuntaba con sus cañones a la destilería de Buenos Aires dice “Me voy”. Es un “me voy” ambiguo porque no envía una renuncia al Congreso, sino que entrega una carta al mediodía a los generales en actividad. Se va a la residencia de la avenida Libertador donde está hoy la Biblioteca Nacional. Los jefes militares se pasan el resto del día deliberando si eso es una renuncia o no hasta que a la noche deciden. Perón se va a la cañonera paraguaya. Naturalmente dirá en los años que siguieron que lo hizo para evitar un derramamiento de sangre.
Perón tuvo una conciencia casi desesperada de la crisis, entendida como crisis de desarrollo, e intentó resolverla desde 1952. Los radicales no. En Yrigoyen y Alvear está todo el tiempo presente la idea de restablecer lo ‘anterior’ en términos económicos. No les echemos la culpa a los radicales: nadie se daba cuenta en los años veinte que algo se resquebrajaba.
Respecto al presidente Mauricio Macri, como dijo Chou En Lai de la Revolución Francesa, es muy temprano para decir algo. Macri piensa que tiene que superar una experiencia populista. Y yo creo que está equivocado si piensa que lo único que tiene que hacer es superar una experiencia populista. Estamos en una economía sin brújula, en una transición larga hacia no sabemos dónde. ¿Cuándo pierde la brújula esta economía? A fines de los 60 y principios de los 70 la sustitución de importaciones dejó de ser el motor del crecimiento, y el vacío no fue ocupado por una dinámica exportadora. Lo que brilla por su ausencia es una coalición pro-exportadora. Entonces las demandas de la sociedad, de los pobres, de los trabajadores formales, de la clase media internacionalizada, son satisfechas transitoriamente y azarosamente o bien con endeudamiento o bien, como durante los primeros años del kirchnerismo, por términos del intercambio favorables. Hasta que el azar se da vuelta y todo termina.
Argentina necesita exportaciones que sostengan el consumo y la inversión doméstica. No sabemos cómo la economía crecerá en los próximos años. Hace más de una década que las exportaciones no crecen. El PBI por persona viene cayendo desde 2011. Para esquematizar, estamos en una década perdida.
Está la ausencia de una coalición social y política pro exportadora. Eso sí sería una verdadera fábrica de confianza. Tengo la impresión de que esa coalición es algo más que lo que expresa Cambiemos.
¿Cómo llamó Pellegrini a la crisis de 1890? Crisis de progreso. Pellegrini era tan consciente de las potencialidades de la Argentina que aquello era un tropezón y seguía adelante. En cambio, ahora cualquier crisis es parte de esa larga historia de una Argentina sin brújula. Le digo algo al respecto. Veo mucha gente especializada esperando que se recupere el ingreso de capitales de corto plazo, el financiamiento como solución. Se entusiasman con eso otra vez. La esperanza que yo tengo es que las exportaciones crezcan hasta sorprendernos el año que viene. Eso puede organizar un debate más fructífero.
El actual encadenamiento de los hechos sea tan difícil de explicar. Herencia de una crisis asintomática, una muy explicable cautela política para enfrentarla porque había que revalidar los títulos electorales, un moderado cambio de clima externo después de las elecciones intermedias que reduce el financiamiento a una Argentina vulnerable, y aquí estamos inevitablemente, negociando con el FMI.
¿La economía podrá ayudar poco a Macri hasta el final de su mandato. Hasta el fin del primer mandato poco. Y sin embargo yo creo que Macri va a ser reelecto. No me pregunte por qué. Creo que muchos tienen la intuición de que la brújula perdida no está en oferta en otro lado.
Naciones a la soja. “Las retenciones tuvieron y tienen un sentido. El fundamento es que la brecha de productividades entre el sector agropecuario y el sector industrial fue y es enorme en la Argentina. Incomparable con Estados Unidos, Canadá, Australia, por tomar algunos ejemplos. Y el sector industrial rezagado nacido con la sustitución de importaciones todavía emplea trabajadores no calificados que de otra manera quedarían a la intemperie”, explica.
“Creo que la economía argentina necesita tipos de cambio múltiples, digamos dos tipos de cambio. Por otra parte, en una urgencia fiscal y en un contexto en el que el gasto público nominal no puede bajar porque su nivel está sustentado por una trama jurídica y una red de contratos, las retenciones son un mejor impuesto que otros, más equitativo, menos contractivo. Pero en política económica hay dilemas. La oferta de productos exportables de origen agropecuario es sensible a los precios, y si se ponen retenciones se bajan los precios. En este aspecto, lo que yo creo es que es imaginable un régimen de retenciones y subsidios que no desestimule la producción de exportables. Por último, está claro que las retenciones no pueden imponerse con tipo de cambio bajo y con precios internacionales bajos”.