LIBERACIÓN PENITENCIARIA.

0
131

 

Ferdinand Amunchasteguy. Todo parece desarrollarse en un escenario cada vez más lúgubre según el hastío se va apoderando de la gente. El encierro, la incertidumbre económica, la presión de los medios que anuncian futuras desazones y nos hacen vivir, con pesimismo, una realidad compleja, no pueden conducir a una situación distinta. Excepción hecha de aquellos individuos que carezcan  de conciencia colectiva, no existe la posibilidad de que las cosas sean  vividas de una manera distinta.

No es nuevo en la realidad argentina, el aprovechamiento de los infortunios por los que atraviesa un Gobierno, sea lo ocurrido consecuencia de su obrar o solo el resultado de un acontecer extraño como puede ser, en estos tiempos, la crisis que hace nacer el ¨virus chino”. Tampoco es nuevo en nuestra realidad que, quienes se ven acosados por los juicios adversos, busquen en su entorno a quien responsabilizar por los fracasos o situaciones que merecen la reprobación de los otros miembros de la sociedad.

Quizás el último tema que erizó las conciencias de la sociedad fue la “liberación” de los violadores y asesinos, ocurridos en la última semana. Episodio que merece demasiados reparos antes de coincidir en que lo ocurrido es culpa de los “Jueces”. La generalización de los términos y los conceptos equívocos, han servido para magnificar un tema que debiese ser objeto de discusión en el Parlamento, si es del caso modificar las leyes referidas a la libertad de los reclusos, estableciendo las pautas que se crean necesarias para conformar a la sociedad que representan.

Parece que todos han olvidado los conceptos que los constituyentes fijaron ya en el siglo XIX y que ahora se atribuyen exclusivamente al progresismo “garantista” que desvela a tantos de los que pueden opinar. Nuestra Constitución, en su art 18 dejó establecido hace ya más de 160 años, que las “cárceles serán sanas y limpias para seguridad y no para castigo…”. Esa circunstancia, es la que ha disparado el conflicto en los institutos penales, y no solo la presencia del corona virus

Todos los que han conocido los interiores de nuestras cárceles, hace años que conocen que las mismas se han ido apartando del concepto constitucional que citamos más arriba, edificios centenarios que  posiblemente, en sus orígenes cumplieron con dicha concepción, han visto degradada su estructura y sus prestaciones al punto de convertirse en la antípoda de lo que debiesen ser.

Periódicamente, se han visto episodios como el actual, en el que se producen levantamientos apoyados en las pésimas condiciones de los establecimientos carcelarios, circunstancia no por cierto desconocida, toda vez que ya en el año 2018 el anterior Gobierno dispuso la “emergencia penitenciaria” que, obviamente, no superó el estadio correspondiente a la simple declaración.

Sin perjuicio entonces de la situación de base, lo cierto es que la hipocresía se enseñoreó en el tema, y mientras las autoridades penitenciarias enviaban mensajes a los jueces para que no incrementaran las detenciones, y los grupos de derechos humanos insistían en referir el estado de hacinamiento en que se encontraban los reclusos, algunos jueces, no sin cierta torpeza, decidieron descongestionar las cárceles, recibiendo las mayores críticas de todos los sectores.

Convertido en tema central de la información local – generándose el correspondiente caceroleo- también se generaron las distintas respuestas en las que unánimemente se apuntó a la judicatura como responsable de las solturas que se cuestionan. El tema penitenciario si bien se vincula de modo directo con los procesos judiciales, es competencia y obligación del Poder Ejecutivo, mientras los extremos en los que los jueces pueden resolver son aquellos que le fijan las leyes dictadas por el Poder Legislativo.

Lo que no es razonable, es que se agreda a los Poderes de la República en procura de justificar las falencias que la Argentina arrastra desde hace décadas en las que, lentamente, nos hemos ido deslizando hacia una decadencia que no imaginaron en sus orígenes aquellos que nos conformaron como país.

Como respuesta propia,  o generada por terceros interesados en disociarnos, se lanzaron ataques a lo decidido por el diputado Massa y la Senadora Kirschner en orden a una remuneración dada al personal del Congreso que laboró durante la “cuarentena “ o se exaltó el desorden de las compras hechas por la ciudad -barbijos- o por el Ministerio de Acción Social -fideos-, hechos todos que, aún graves o delictivos, no son expuestos en procura de lograr consagrar la trasparencia y la honestidad, sino en el provecho oportunista de aquellos que buscan sustituir las Instituciones.

La ideologización de los sucesos más triviales, sólo se emplea como un elemento más que amplía la brecha que en algunos momentos, parecía próxima a desaparecer. Las acciones se generan, incluso, dentro de los mismos sectores, en procura de obtener un lugar más expectable o desplazar a otro, de aquel que ocupa. La difusión del miedo, como si no fuese suficiente la amenaza de la propia muerte, se traslada a otros ámbitos infundiendo el terror de un futuro incierto en el que ocurrirán sucesos eventuales.

Lo cierto es que el ciudadano se encuentra rodeado por todos los miedos: el virus, la economía destrozada, la falta de trabajo, los delincuentes sueltos, la invasión de los médicos que en realidad son espías, los jueces, unos buenos y otros malos, los bancos que extreman sus ganancias y así todas las pestes -más que las de Egipto-, que no solo pueden quitarle el sueño a cualquiera, sino generarle a los demás las más horribles pesadillas.

En definitiva, como ocurrió con Cicerón, y más allá de  los reproches  que en su fino estilo le hacía a Catalina, es difícil afirmar  cuál de ellos representaba el verdadero espiritu republicano.( los más conocedores aseguran que era Catalina, aunque su falta de capacidad para realizar arengas y discursos, lo convirtió en el enemigo de la República que se deshizo de la mano de su presunto defensor). Deberíamos preguntarnos hoy, en estas tierras, con quien habremos de caminar al lado,    si es que acaso la República tiene un futuro o ya se ha echado  su suerte y el futuro es más oscuro de lo que imaginamos hoy.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here