LAS TRES ALARMAS

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Gideon  Rachman* Biden enfrenta hoy crisis militarizadas en Europa, Asia y Medio Oriente. En conjunto, son el mayor desafío al poder global de Estados Unidos desde el final de la guerra fría.

Altos funcionarios de Washington informan que Rusia planea una invasión de Ucrania “ya desde principios de 2022”. Mientras tanto, Lloyd Austin, secretario de Defensa, advirtió que las maniobras militares de China cerca de Taiwán son como ensayos para una invasión a gran escala. Además, probablemente, Irán está a semanas de crear suficiente material fisible para fabricar un arma nuclear, un resultado que Estados Unidos lleva décadas intentando evitar.

A algunos analistas les preocupa que en Pentágono enfrentase un ataque global coordinado por las potencias adversarias. Carl Bildt, ex primer ministro de Suecia y diplomático internacional, advierte que los responsables políticos deben contemplar la posibilidad de invasiones simultaneas a Taiwán y Ucrania. “En conjunto, estos dos actos de conquista cambiarían radicalmente e equilibrio de poder mundial”, dice, lo cual supone el fin de un orden mundial que ha “apuntalado la paz global durante décadas”.

No es probable que Xi Junping y Vladimir Putin hablen directamente de una acción militar coordinada. Aunque no existe un plan único que vincule las ambiciones de Beijing, Moscú y Therán, sí hay un grado de análisis y vigilancias compartidos. Los tres gobiernos resisten intentos de “cambio de régimen” por parte de Washington. Todos tienen la ambición de dominar sus regiones. Justifican sus ambiciones alegando parentesco con pueblos más allá de sus fronteras nacionales.

El gobierno de Xi insiste en que el destino nacional de China es “reunificar” la patria absorbiendo a Taiwán. Putin alega que se comete un “genocidio” contra los rusos parlantes en Ucrania y que Moscú debe cuidarlos. El gobierno iraní afirma ser el protector del Islam en todo el mundo y ha bautizado a los musulmanes chiítas, más allá de sus fronteras, como combatientes indirectos.

Tras la caótica retirada de Afganistán, Washington semeja debilitado. Aumenta la tentación de Rusia, China e Irán para renovar agravios o mantener antiguas ambiciones.

Potencias de Asia, Europa y Medio Oriente penden de episodios en otros continentes. Los ataques sin oposición a Ucrania o Taiwan son un cambio fundamental en el poder mundial que preocupa no solo a Bildt.

El poder y credibilidad de Estados Unidos puede disminuir a través de una serie de acuerdos menos espectaculares que confirmen que cede terreno.

En algunas partes de Europa ya hay alarma por las palabras de la administración Biden de llegar a un nuevo “acuerdo” de seguridad con Rusia en Europa. Si EE.UU. cede ante las amenazas rusas a Ucrania, China puede verse animada a aumentar sus amenazas a Taiwán, e Irán puede pisar el acelerador nuclear. Los aliados de EE.UU., cruciales para Washington, también pueden empezar a distanciarse.

La Casa Blanca atiende estos peligros. Debe elegir sus batallas o arriesgarse a comprometerse. Una postura fuerte en Europa, Asia o Medio Oriente ayudaría a restablecer la disuasión estadounidense en todo el mundo. Pero, ¿dónde, si es que hay algún sitio, debe demostrar su poderío?

La amenaza apunta a China. La provocación a Rusia. La menor escala de riesgo a Irán, potencia no nuclear (hasta ahora). En términos estratégicos, el instinto de la administración Biden es concentrarse en China como único desafío plausible por ser única superpotencia mundial. Biden ha sugerido que defendería a Taiwan, si fuera atacado, pero no ha hecho comentarios similares sobre Ucrania.

La mayoría de los analistas consideran que un ataque a Taiwan en 2022 es poco probable. Xi necesita estabilidad, mientras se prepara para cimentar su poder en un congreso vital del Partido Comunista el próximo otoño.

La amenaza de Rusia a Ucrania es de mecha más corta. Un conflicto directo con una Rusia de armas nucleares sigue siendo prácticamente impensable. En cambio, Biden ha amenazado con imponer grandes sanciones económicas y enviar ayuda militar a Ucrania, en caso de un ataque ruso. Los ataques aéreos a las instalaciones nucleares iraníes parecen menos peligrosos que enfrentarse a fuerzas rusas o chinas. Pero Biden, al igual que Barack Obama y Donald Trump antes que él, se rehúsa a involucrarse en otra guerra en Medio Oriente.

Biden no descartará explícitamente la opción militar en ninguno de estos conflictos. Lo más probable es que Estados Unidos recurra a las armas económicas y diplomáticas. El tipo de rigurosas sanciones económicas que  ya desplegó contra Rusia o China.  Eso no significa el comienzo de la tercera guerra mundial. Implica el fin de la globalización.