LAS LISTAS: PISOS, TECHOS Y DESGRANES

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Por: Carlos Fara. Aunque recién ahora se aprobará en el Congreso la postergación del cronograma electoral, en 40 días habrá que inscribir alianzas y en 50 las listas de candidatos para los comicios de este año. ¿Ya? Algún día iba a llegar…

 

Como sucede habitualmente, las listas se negocian hasta último momento y hasta se pueden modificar unos días después excusando cuestiones burocráticas. Pero lo esencial se define antes, lo cual hace que los tiempos se vengan encima. ¿Habrá pipa de la paz en el PRO o irán a internas? Y en ese caso el radicalismo que hará? Vidal se queda en PBA o vuelve a CABA? Se presentará Manes (Facundo)? Sumarán a los libertarios? El oficialismo llevará candidat@ moderad@ para ser competitivo, o “el candidato es el proyecto” una vez más? Habrá una nueva opción alternativa que no sea ni Fdt ni JxC? Y muchos otros etcéteras.

 

Entre que la enorme mayoría de la sociedad tiene la cabeza en otra parte vía pandemia + angustia económica, todo lo que se pueda decir en término de números es solo una aproximación, que dependerá de las candidaturas y un contexto incierto. En noviembre ¿habrá tanta gente vacunada que incidirá favorablemente para el gobierno, o se habrá convertido en un lugar común que ya no tendrá efecto electoral? ¿la economía se recuperará lo suficiente para que se note en la calle, o el clima de fastidio es irreversible? ¿el ruido político será más potente que “el dinero en el bolsillo de la gente”? ¿y si las cepas se vuelven indominables y la pesadilla no tiene fin, debiendo recurrir a sucesivas restricciones que frenen la recuperación económica e incrementen el mal humor?

 

Hecho este ejercicio sin respuestas, centrémonos en la PBA, no por unitario sino por realista: lo que ahí pase no solo incide de manera sustantiva en la estadística nacional, sino que además vía medios y mundo politizado, es la fotografía que queda. Por eso se escucha habitualmente que el kirchnerismo perdió en 2013, cuando eso corresponde a la foto del territorio bonaerense, no al conjunto nacional. Eso al gobierno no se le escapa y por eso concentra ahí sus cañones.

 

El porcentaje de votos que saca una fuerza política no depende solo de cómo sea su campaña, l@s candidat@s que lleve o del contexto. Hay pisos y techos: qué es lo mínimo que obtendrá en el peor de los casos y cuál es el máximo al cual puede aspirar. Hagamos un poco de memoria estadística con las 3 últimos comicios (ya que Cambiemos no existía en 2013). El oficialismo actual (que en 2015 y 2017 no contó con Massa) logró para legisladores nacionales un piso de 37 puntos y un techo de 52 en las últimas 3 oportunidades. Junto por el Cambio por su parte tuvo 34 y 42 % respectivamente. De modo que la sumatoria de ambos arranca en los 71 puntos y eventualmente podría llegar a los 94 (muy improbable, tratándose de una gestión legislativa cuando el electorado se fragmenta más o se polariza menos).

 

Vistos los números fríos, apuntemos elementos de contexto que estamos observando en los estudios. En la legislativa sucesora a una presidencial la coalición alrededor del peronismo en la era K no pudo superar los 32 puntos, salvo en 2005, porque hubo una coalición encabezada por un peronista que restó muchos votos. Claramente el gobierno sufrirá una baja importante comparada con 2019, dada la caída de imagen de la gestión de Alberto, lo que no significa que pierda la elección. A su favor cuenta que existe cierta dispensa de una parte de la sociedad por lo inesperado de la pandemia.

Por el lado de la principal oposición le juega a favor el desgaste del gobierno, pero tiene en contra que el recuerdo negativo con el final de la gestión de Macri está demasiado fresco. De modo que es razonable pensar que mantendrá su piso de 34 %, pero claramente no llegará a los 42 puntos de 2019, el mejor momento del ex presidente. Obvio que dependerá de la cabeza de lista y la habilidad de su campaña para repuntar. Parece difícil que pueda ganarle al oficialismo, pero también es cierto que no está obligado a triunfar, sí a hacer una buena elección.

 

Dado que hasta ahora nunca hubo una elección de medio término con Cambiemos en la oposición, eso aumenta la complejidad del análisis. Sobre todo si además aparece una tercera opción que trabaje en diferenciarse de los dos polos principales. Y ahí da toda la impresión que se viene Randazzo a tratar de asfaltar un camino “del medio” que, sociológicamente existe, pero que requiere de sistematicidad y visión de largo plazo para que se consolide y sea un tercer actor ineludible.

 

Pero Fara, ¿una tercera vía con el nivel de polarización y grieta que hay? Al respecto hay cinco cosas para marcar y no confundirse:

 

  1. El 21 % de Massa en 2015 fue la mejor elección que hizo un tercero en la historia argentina (con elecciones libres), de modo que el tema no es que se diluya o no, sino que ya advierte que hay un público sustancial dispuesto a pensar en otra cosa si se la ofrecen adecuadamente;

 

  1. En el mejor momento de Macri y con CFK en la boleta en 2017, fuera de los dos polos Massa + Randazzo sumaron 17 puntos;

 

  1. Como ya lo mencionamos en esta columna, la grieta está mucho más en la política y los medios que en la sociedad, cuya mayoría la aborrece; de modo que atención a una oferta que no quiera entrar en ese juego;

 

  1. Repito: en una elección legislativa la polarización es menor;

 

  1. Las terceras opciones casi no se desgranan entre las PASO y la general (al contrario de como predijo un famoso colega en 2015), es más, en algún caso hasta crecieron.

 

Dicho esto, es muy importante ver la demanda electoral (sin duda, de eso vivimos), pero también saber que la construcción de la oferta no es inocua.