LAS CARAS DE LA MONEDA

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Ferdinand Amunchásteguy. Con un empecinamiento impropio, está semana, desde dos ángulos diversos, nos han proporcionado suficiente material para manchar estas páginas con los restos del carbón que aún tenemos entre los dedos. Primero, desde los pasillos del edificio federal, sonó estridente y retumbante la voz del Juez que representó a la mayoría del tribunal que decidió condenar a Lázaro Báez y sus varios cómplices -incluidos sus hijos y el inefable Fariña, que además de precoz arrepentido, supo arrancar lágrimas de los ingenuos ojos de Karina Jellineck, esposa burlada en punto a la solvencia del por entonces su flamante cónyuge-.

Sin embargo dicho material, no se constituyó en el único elemento digno de un comentario pues, tan solo unas pocas horas después, el propio Presidente añadió sal y pimienta a una receta suficientemente sazonada, eligiendo como Tribuna para sus palabras la apertura de las sesiones del Congreso. Quien solo actuase como un observador, diría que la  moneda no solo se encuentra en el aire, sino que seguramente agregaría que sus dos caras son opciones tan opuestas, que el momento en que se conozca el resultado, marcará el inicio de una nueva época.

Mientras los primeros establecieron un límite a la impunidad, fijando las severas sanciones que se corresponden al hecho juzgado, las palabras del Presidente parecieron anunciar la decisión de transformar la justicia en un instrumento útil solo a sus intereses o a los de su grupo. Con un empecinamiento impropio de su cargo, apoyándose en su presunta calidad docente, el titular del Ejecutivo, enunció una tras otra las medidas con las que, arteramente, se intenta anular la independencia del único Poder al que se puede recurrir cuando los derechos son conculcados.

La secuencia temporal comentada, hace parecer las propuestas del Presidente como la respuesta acalorada a una decisión judicial  en apariencia adversa, decimos en apariencia, porque la única manera de que sea realmente adversa es habiendo participado de la maniobra que se juzgó.

Así, pudimos advertir el énfasis puesto por el Presidente Fernández en la creación de un Tribunal intermedio, al que pomposamente se denomina de “garantías”, que no es otra cosa que una estructura interpuesta entre la CSJN y los Tribunales inferiores para decidir cuáles son las cuestiones en las que debe intervenir el Maximo Tribunal. En otras palabras la reforma, en este punto, no es más que un original instrumento para limitar la intervención de la Corte solo  a aquellos temas que el gobierno quiera que sean revisados por el Maximo Tribunal.

Poseyendo la mayoría en el senado, debe darse por descontado que los miembros del “tribunal de garantías” serán designados entre los afines al gobierno y según sus edades permanecerán hasta los 75 años en sus cargos, lo que sin esfuerzo, implica casi una generación, que será guiada por las doctrinas de este nuevo Tribunal.

El anuncio que se modificará el sistema de designación del Procurador General -de cuya situación ya nos hemos detenido a hablar en anteriores intervenciones- completa la exposición de un propósito que no puede confundirse con otra maniobra que la de cooptar al Poder Judicial y someterlo definitivamente a los designios de la política.

Las restantes medidas anunciadas -modificación del fuero federal y alteración en la composición del Consejo de la magistratura- (siempre justificadas con argumentos que recurren a la transparencia y la mejor concreción de una justicia igualitaria),  cierran el círculo trazado sobre l existencia de un Poder de la República que sirva para detener los excesos de los otros que hoy por hoy, actúan en sincronía perfecta.

Solo nos resta aguardar de qué lado caerá la moneda, sí del de aquellos que lucharán para castigar la corrupción o las de quienes intentan sellar los labios de la justicia.