LA VERDAD

0
83

 

Ferdinand Amunchásteguy. Nuestra sociedad se escapa constantemente de la realidad admitiendo la construcción de una fantasía que le permite superar que las cosas son distintas a lo que, en principio, percibe.  Si debiésemos buscar en el tiempo próximo cuando se inició este rumbo ficcional, posiblemente lo encontremos en la manifestación que en su momento hiciera el Senador Cobos , al señalar que su voto sería “no positivo”, eufemismo con el que expuso una posición negativa  que pretendía ser percibida de un modo distinto.

Como suele ocurrir en nuestro país, las circunstancias que nacieron para ser únicas, acaban quedándose   de modo definitivo y de ese modo el mecanismo acabó instalándose y hoy  nos referimos  “al  sujeto no blanco”, al ciudadano “no binario” o “la persona gestante”, formas todas de referirnos a la realidad de un modo oblicuo, que permite construir sofismas que nos introducen en la niebla de un mundo inexistente.

Mientras algunos perciben que la pandemia ha sido manejada con cierta torpeza, dado el resultado en vidas y dinero que ha dejado la política sanitaria oficial, se escuchan voces que aseguran que somos modelo de eficiencia  y que nuestro plan de vacunas -construido sobre escasas dosis- es absolutamente exitoso aunque pocos hayan sido los que han recibido la ansiada inmunización.

El divorcio entre la realidad, lo deseado y lo imaginado, conduce inevitablemente al fracaso de cualquiera estrategia que pretenda solucionar problemas que son erróneamente definidos. De allí se colige que de mantenerse los actuales criterios, la solución de nuestra decadencia se encuentra mucha más lejana aún , que aquellos pesimistas que piensan que ello ocurrirá recién en la próxima generación.

La correcta comprensión de la realidad impacta necesariamente en el mundo del derecho y ello es así, toda vez que la función del mismo es alentar,  o no, determinadas conductas sociales  a través de premios y castigos. Obviamente, si erramos  en la comprensión de cuál es el accionar que queremos  propiciar o desanimar, difícilmente podamos estructurar una solución a esa necesidad y, consecuentemente, el rumbo de la sociedad no será el correcto.

Es también necesario advertir que el correcto encuadre de los problemas y sus soluciones, debe pasar por el tamiz de las garantías que asisten a los ciudadanos, ya que los avances sobre las libertades individuales pueden desnaturalizar cualquier propuesta que se intente. En ese terreno, alterar el modo de ver la realidad tiene directa relación con la propuesta que debiese ser su correlato.

Las sombras de la caverna no pueden ser alteradas por quien las visualiza aunque si ser interpretadas y es allí, donde radica el problema que intentamos definir. En principio,  el intérprete de esas imágenes se encuentra en lo que, genéricamente,  hoy llamamos “la política”, y el control sobre dicha impresión reposa en lo que también, en general, llamamos la  “justicia”.

La República requiere de ambos protagonistas, y exige de ellos, el responsable uso del poder que les ha sido conferido por la Constitución por eso, frente a las próximas elecciones,  el desafío que puede reconducir nuestro futuro, creemos, descansa en la claridad con que se expongan los problemas y las decisiones  para solucionarlos, en la honestidad de su tratamiento y en la clara comunicación que se haga de ellos,  solo así se abrirá la niebla y podrá asumirse que hemos reencontrado el camino.