LA SARASA

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En estas horas la falsa epopeya del Gobierno con el FMI se marchita.   La inundación de filminas y palabrería de Martín Guzmán cayeron en vacío. Para decirlo en sus propios  términos, pura sarasa.

Gobernadores, empresarios y sindicalistas fueron convocados esta tarde al Museo del Bicentenario. La idea de Guzmán es sumarlos a esta cruzada. El Fondo reclama a la Argentina un consenso político amplio para acordar la refinanciación de la deuda. El 22 de enero vencen US$731 millones.

En principio los tres gobernadores radicales, Gerardo Morales, Gustavo Valdés, Rodolfo Suárez (y Rodríguez Larreta), rechazaron el convite, de no ser en el Congreso. El tema sacó de quicio al presidente Fernández.  Teléfono en mano les hizo saber su ansiedad a los radicales,  en particular al jefe Morales. El mal humor lo descargó sobre su ex amigo Horacio.

Según Sergio Massa a él le tocó desatar el nudo con los opositores Morales, Negri y Eduardo de  Pedro. Y aceptar el planteo que el Congreso sea el lugar del encuentro en vez de los sótanos de la Casa Rosada.

Desde hace semanas el Fondo no solo insiste en el consenso político.  Y que “los supuestos deben ser realistas”, en referencia al Plan Plurianual de Martín Guzmán. Afirman que “la calidad de medidas fiscales fue pobre…Esto reflejó la pobre implementación de las medidas acordadas se suma “la estructura desafiante de la deuda”.

“El programa era intrínsecamente frágil debido a la estructura de la economía Argentina y sus políticas…los intentos del programa por proteger a los vulnerables resultaron insuficientes a medida que la crisis se desplegó…Para lograr todo esto, es necesario llevar a cabo políticas que mejoren el desempeño del sector transable de Argentina y fortalecer el mercado de capitales en moneda doméstica”. Es una manera  amable de calificar la sarasa.

Según Martín Guzmán el acuerdo con el Fondo se dilata culpa de directores que representan a países que pisan fuerte en el Fondo. Acusa a Joe Biden y los delegados de Alemania y de Holanda. Y  otro cuco: el nuevo director del Fondo Ilan Goldfjn, enemigo feroz de la inflación. Tratará el caso argentino. Se busca un ajuste fiscal sólido y una garantía de repago de la deuda de US$ 45.000 millones de la deuda.

Paréntesis: Marc Stanley embajador de los  Estados Unidos llega a Buenos Aires. Ya dijo en el Capitolio, tras otras lindezas, que está atento al plan macroeconómico que “la Argentina aún no presento para obtener el aval del Fondo Monetario Internacional”

Alberto Fernández quiere firmar en febrero. No se puede pagar los 2.873 millones de dólares que vencen en marzo. Su Gobierno pretende conformar al Fondo con los aumentos de tarifas eléctricas  y del gas y la suspensión de subsidios gigantes. Hay un desfasaje del 18,5% entre la inflación y el tipo de cambio que regula el Banco Central. Revolotean versiones: devaluación directa y sin vueltas o un ajuste en cuotas en cuatro o cinco meses.

Se trata de licuar Costos Políticos, Ingresos Brutos, Patentes, Sellos,  Inmobiliarios; Herencia, Bienes Personales y hasta un pellizco a las retenciones. Los gobernadores provinciales ya resisten un castigo a sus superávit primarios.

Otros ajustes: jubilaciones, salarios estatales, asignaciones familiares.

Con inflación firme en el 50% depende de la suba del dólar, las tarifas y otros precios clave, se podría acercar al 60% e incluso desbordar en  este flamante año 2022. Esto es prioritario para Ilan Goldfjn.

Los primeros contactos entre Guzmán y el staff del FMI fueron en febrero de 2020. Se suman las diferencias entre los dos Fernández.

En resumen una sazón de ineptitud. De sarasa.