LA OSCURIDAD DEL MERCADO.     

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El mercado del arte según la consultora Art Economics genera 68.237 millones de dólares. La consultora ArtRank, consigna que las obras maestras superan los 100 millones y dejan grandes beneficios. Pero Bacon, Gauguin, Picasso representan el 1% de las obras que salen a subasta y solo están al alcance del 0,01% de la población del mundo. Estas obras son activos con los cuales Art Money, Levart o Athena Art Finance que financian toda clase de transacciones.

Entre ese 0,001 por ciento conviven oscuros personajes. Los agentes federales que allanaron la casa del un suburbio de Filadelfia,  encontraron dos millones y medio de dólares ocultos bajo una pecera. Una bicoca si se compara con las catorce pinturas en las paredes y otras 33 guardadas discretamente artistas del calibre de Picasso,  Renoir y Salvador Dalí.

Resultó que Belciano usaba el arte para lavar parte del dinero de la droga y compraba las obras a una conocida galería ubicada cerca de Museum Row en Filadelfia.

En 2015, fue sentenciado a más de cinco años de cárcel por vender drogas y lavar el producto ilícito de la venta aprovechando una de las características específicas del mercado del arte: su opacidad.

Miles de millones de dólares en obras de arte cambian de manos cada año con poco o ningún control público. Los compradores suelen no tener idea del origen de la obra. Los vendedores también están a ciegas respecto del destino de la obra.

La compra requiere presentar documentación que permitiría rastrear las ventas de arte o las ganancias, una diferencia respecto al modo que el gobierno de Estados Unidos supervisa la transferencia de acciones o las propiedades inmuebles.

El arte es  una herramienta eficaz para los lavadores de dinero. Ya en Europa, donde los marchands y las casas de subastas ahora deben establecer la identidad de sus clientes y verificar el origen de su riqueza.

“El secreto, el anonimato y la falta de regulación facilita el lavado de dinero y que se evadan las sanciones”, expresó la Comisión de Investigaciones del Senado Washington.

Los  profesionales del mundo del arte asocian el anonimato con discreción, tradición y clase. Consideran que mayor control es una reacción exagerada que perjudicará al mercado.

“Estamos en fase de paranoia-terror de lo que va a venir”, dijo  Andrew Scheolkopf, presidente de la Asociación de Marchands de los Estados Unidos. “Va a haber un montón de papelerío y mucho control. No creo que terminemos con la mayor parte del problema”.

Sus motivos de preocupación son lo suficientemente significativos como para que los lobistas de la asociación de marchands e importantes casas de subastas trataran de influir en Washington en la evolución de las políticas sobre esta y otras medidas de regulación. Desde 2019, los honorarios por lobby de Christie’s, Sotheby’s y la asociación de marchands se acercan al millón de dólares.

Es habitual que se vendan pinturas por 10 o 20 millones de dólares, costo similar al de los departamentos donde cuelgan.

Las ganancias provenientes de la venta de arte están sujetas a un impuesto de 28 por ciento. Pero la mitad de las compras se hace en privado, no en subastas públicas.

“Los únicos que saben”, dijo Khrista Mc Carden, profesora de la Facultad de Derecho de Tulane que se especializa en el código impositivo, “son usted, la galería de arte y Dios”.

El coleccionista ruso Dmitry E. Rybolovlev pagó 118 millones por un desnudo de Modigliani al administrador de fondos Steve Cohen. Lo hizo a través de su asesor de arte Ives Bouvier.

Casi por casualidad Rybolovlev descubre que el valor de la obra era menor. Bouvier compraba las obras y las vendía a su cliente con enormes sobreprecios.

“Si el mercado fuese más transparente, estas cosas no ocurrirían”, dijo.

En estas humildes costas criollas el mercado del arte es escuálido. Los artistas argentinos carecen de valor internacional. Hay sin embargo un ojo avizor de las galerías. Entre los exiliados nazis que importó el gobierno del general Perón hubo más de uno que trajo obras de grandes artistas, incautadas a coleccionistas judíos. Esta delicada cuestión sigue siendo un tema espinoso.