LA MUTACION: PASO A LO DESCONOCIDO.

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Mohamed El-Erian. A medida que la nueva cepa de Covid-19 da lugar a restricciones más estrictas en la actividad económica y aún más el movimiento de personas. Es cada vez más evidente la necesidad de la inmunidad inducida por las vacunas.  La nueva variante de Covid-19 alteró las evaluaciones del riesgo que implica para la salud tanto de los individuos como de los gobiernos. Esto genera presiones aún mayores sobre las interacciones económicas y sociales.

Se cree que la mutación – al menos hasta ahora-  no cambia el tratamiento de la enfermedad o la formación de inmunidad. Los economistas no tienen más remedio que hacer a un lado sus expectativas de recuperación económica en 2021.

Agrega más tensión a la gran desconexión que existe entre un Wall Street en alza y rentable y la mayor parte de gente, que atraviesa grandes dificultades.

Hay tres características de esta era Covid relevante para largo plazo: la dispersión inusualmente elevada del desempeño de las grandes economías, la significativa profundización de la desigualdad y la marcada cicatriz que deja en la economía.

Una vez más, en muchos países se profundizará el ya excesivo nivel de desigualdad. Los segmentos desfavorecidos de la sociedad sufren mucho más las consecuencias de la mutación del virus.

La nueva cepa amplificará la dispersión de los resultados económicos en todo el mundo. En Europa se vuelve a interrumpir el movimiento de personas y bienes y se acelera la caída hacia una recesión en forma de W.

Es probable que veamos diferencias antes impensables en las tasas de crecimiento de las grandes economías. Esto podría incluir hasta 20 puntos porcentuales de diferencia anualizada entre las economías más agobiadas del G7 y China para el año 2020. Incluso dentro del G7, la dispersión del crecimiento estará en niveles excepcionalmente altos.

Es probable que los ricos se beneficien si los bancos centrales nuevamente se ven obligados a inyectar liquidez en los mercados. Una vez más, las grandes empresas con acceso a los mercados de capitales se verán favorecidas a expensas de las más pequeñas que dependen de los bancos y las entidades de préstamos locales.

Una vez más, la desigualdad de oportunidades aumentará mientras las clases en las escuelas se dicten online y los jóvenes desempleados se enfrenten a un mayor riesgo de estar desempleados por un tiempo prolongado, lo que puede restarles capacidad para trabajar en el mediano plazo.

Dado que la nueva variante Covid-19 empeora el impacto económico inmediato y demora la recuperación posterior, es más probable que los problemas estructurales y, por lo tanto, más difícil de resolver.

Si no se controla, para la mayoría de los países esto se traduciría en un menor crecimiento de la productividad a largo plazo, una mayor inseguridad financiera desordenada. También está el peligro de que se debilite el tejido social y fomentar una mayor polarización política.

Las autoridades ya enfrentaban la compleja tarea de simultáneamente mejorar la salud pública, restablecer la normalidad en las interacciones económicas y sociales y respetar las libertades individuales. Ahora deben enfrontar desafíos aún mayores.

Los gobiernos deben acelerar urgentemente las reformas apuntadas a fomentar el crecimiento económico, reequilibrar su combinación de políticas fiscales y monetarias y reforzar las redes de seguridad social. En el plano internacional, necesitamos un mucho mejor proceso de consultas y coordinación de políticas multilaterales.

A medida nos adentramos en 2021, es probable que los inversores mantengan una actitud que tanto les sirvió este año: confiar en la capacidad de los bancos centrales de proteger a los mercados financieros de todo y cada uno de los shocks económicos y corporativos.

Eso fomentará una toma de riesgos más irresponsables por parte de los inversores que no tienen en cuenta el largo plazo, que será el momento en que los gobiernos y los propios bancos centrales enfrentaran enormes y persistentes desafíos políticos y operativos.