LA LECCIÓN DE CANDIDO LÓPEZ

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Cándido López se dedicaba a hacer daguerrotipos –esa técnica previa a la fotografía-  en pueblos de la provincia de Buenos Aires. Otro era su destino; cuando Paraguay invadió la provincia de Corrientes, se dispuso a participar, como tantos otros jóvenes, en esa terrible guerra.

En la durísima batalla de  Curupaytí, perdió  la mano derecha. No fue sencillo adiestrar la izquierda para pintar. Quería trasmitir lo visto. No alcanzaban los daguerrotipos.

Así han quedado registrados con destreza y vitalidad, los campamentos militares, los movimientos de tropas, las batallas, los momentos de ocio de los soldados.

Ocurrido el fin de la guerra, Cándido López expuso su obra en Buenos Aires. “Sus cuadros son verdaderos documentos históricos por su fidelidad gráfica y contribuirán a conservar el glorioso recuerdo de los hechos que representan”, le escribió el general Bartolomé Mitre, protagonista de la Guerra de la Triple Alianza.

El Museo Histórico Nacional tiene la colección más grande del artista: treinta y dos pinturas dedicadas a episodios de la Guerra de la Triple Alianza.

Ahora puede visitarlo. Vale la pena. Y también meterse así en la entraña de la historia argentina, tan escatimada, tan ignorada, tan necesaria para entendernos.