LA GUERRA TIBIA.

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Por: Matthew Lee y Vladimir Isachenkov*. El fracaso de las reuniones diplomáticas recientes para resolver las crecientes tensiones sobre Ucrania ha colocado a Rusia, Estados Unidos y sus aliados europeos en un territorio inexplorado tras la Guerra Fría.

El cuadro es ominoso y presenta restos significativos para que las partes principales eviten una confrontación directa que sería potencialmente desastrosa.

A diferencia de desacuerdos previos desde el colapso de la Unión Soviética, la crisis sobre Ucrania y las diferencias entre Washington y Moscú conllevan riesgos reales de una guerra económica débilmente y un conflicto militar agravados por los peligros de posibles errores de cálculo y reacciones desmedidas, particularmente en Europa.

Para Estados Unidos y sus aliados europeos y de la OTAN, -la Alianza Atlántica de Mutua Defensa-, la retirada de los 100.000 soldados del Kremlin desplegados cerca de la frontera con Ucrania demostrará que el presidente ruso Vladimir Putin negocia de buena fe.

Para los rusos, la negativa absoluta de Occidente a considerar una prohibición de la expansión hacia el Este de la OTAN y la retirada de tropas de Europa oriental son prueba de su perfidia.

Las eventuales concesiones son complicadas, por el hecho que ni Putin ni Joe Biden quieren ser ceder, ni ante sus propios ciudadanos ni ante poderes extranjeros.

La negativa de cada una de las partes a renunciar a lo que la otra estima exigencias irreales y excesivas deja en el limbo la diplomacia, con Estados Unidos y sus aliados acusando a Moscú de alentar las tensiones sin razón legítima y los rusos señalando como agresores a los estadounidenses.

“La brecha en las percepciones es tan grande que pudiera ser necesaria una escala nueva y peligrosa para que las partes abran la imaginación y busquen acuerdos”, afirmó Fiódor Lukyanov, director del Consejo para Políticas Exteriores y de la Defensa, con sede en Moscú.

Analistas occidentales, sostienen que Putin debe hacer concesiones si quiere evitar un conflicto. “Es un período extremadamente incierto y tenso sin una salida obvia, a menos que Putin ceda”, dice Jeff Rathke,  diplomático, presidente del American Institute for Comtemporary German Studies en la Universidad Johns Hopkins.

“Se ha creado un frenesí del que es difícil salirse si no consigue el rediseño de la arquitectura de seguridad en Europa que dice querer. Ha mostrado que está listo para probar quién titubea primero, con la amenaza de una fuerza militar masiva, y está seguro de que tiene la atención de todos, pero no ha cambiado la posición de nadie”, dijo Rathke.

Funcionarios estadounidenses, desde Biden, el secretario de Estado Antony Blinken y el asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan hasta la principal negociadora Wendy Sherman sostienen que Rusia es quien enfrenta una “elección brutal”. Debe enfrentar sanciones punitivas y una mayor presencia de la OTAN en Europa oriental y una Ucrania más blindada.

Los funcionarios rusos presentan sus demandas como un “imperativo absoluto” de seguridad y argumentan que la falta de voluntad de Occidente en las negociaciones hace irrelevantes los demás asuntos. En opinión de Rusia el error peligroso lo comete Occidente al no comprometerse a bloquear cualquier avance hacia el Este o a los antiguos países de la desaparecida Unión Soviética.

El canciller Sergey Lavrov opina que Rusia ha procurado durante años persuadir a Estados Unidos y sus aliados para iniciar negociaciones. El Kremlin propuso no desplegar misiles de alcance medio en Europa, limitar maniobras militares y evitar encuentros cercanos peligrosos entre buques y aviones rusos y aliados. Estados Unidos y la OTAN expresaron su disposición a discutir próximamente esos asuntos.

La situación no es circunstancial. Es un elemento central para mostrar la presión que es la herramienta dispuesta por Vladimir Putin.

 

* Matthew Lee y Vladimir Isachenkov son dos periodistas especializados en Rusia, perteneciente a la agencia Associated Press