LA GRIETA QUE NOS PARIÓ.

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Por: Luis Tonelli. Así como decimos es una exageración afirmar que en la Argentina no rigen las instituciones -ya que como vimos en el artículo de 7 Miradas “Nuestra Constitución Republicana-Populista”, proveen incentivos para que gobernadores e intendentes busquen más bien el apoyo de la Casa Rosada que buscar inversiones, también escuchamos continuamente que las ideologías no existen, o que al menos, el electorado no es ideológico.

Cosa interesante ya que los que sostienen la caducidad ideológica son, la mayoría de las veces, los que asumen un posicionamiento extremo en la Grieta, especialmente del lado “republicano” -mientras el otro extremo de la grieta, el “populista”, se ufana de su ideologización, aunque su relato aparece plasmado en cantitos de hinchada, sin demasiado texto sofisticado para analizar-.

Como todavía estamos en verano, para dejar un tanto la coyuntura pero sin caer en digestos teóricos indigeribles, les propongo garabatear un mapa ideológico de la Argentina actual, en el que tienen mucho que ver las divisiones ideológicas que se han dado desde siempre en este bendito país.

Lo primero, la dimensión ideológica izquierda-derecha no parece ser el ordenador fundamental de nuestro sistema político (lo digo temprano para que los creen en ella se decepcionen antes de tener que leer todo el artículo) y menos en el electorado. Una primera distinción ideológica en el país, y que se replica en la grieta Republicanos vs Populistas, es la que temprano manifestó Bartolome Mitre cuando afirmó que la Carta Magna instaurada por impulso de Urquiza (la nuestra, la de 1853 era “una Constitución de Hecho” y que él estaba por la “Constitución de Derecho”. Hecho y Derecho, Poder e Instituciones, Orden y Libertad, son constitutivos esencialmente de las líneas de conflicto político por estas playas.

Ese es el momento en que los federalismos de las provincias pasan a convertirse en integrantes del conservadorismo, que luego darán lugar al PAN de Avellaneda y Roca, que venciendo a los cívicos y a los autonomistas rebeldes, cerrarían la organización nacional, conquistando para el Presidente casi Rey (elegido por colegio electoral con mayoría provinciana) ni más ni menos que la Ciudad de Buenos Aires, al ser derrotada sangrientamente los ejércitos de la Provincia de Buenos Aires.

Para el partido del Orden (conservador) la libertad era solo un instrumento para atraer capital humano y capital financiero, y realimentar a las provincias interiores, consolidando a sus caudillos. En cambio la Unión Cívica, y luego Unión Cívica Radical, con Leandro N, Alem, va a levantar la bandera de la libertad y del federalismo autónomo frente al centralismo roquista.

Con Hipólito Yrigoyen aparece un elemento ideológico decisivo para la Argentina moderna que es el de la igualdad (no solo frente a la ley, sino el de constituir una sociedad más equitativa). El Radicalismo finalmente llega a la presidencia al entrar la economía del orden conservador en una aguda crisis por la caída de nuestras exportaciones producto de la I Guerra Mundial. (Obviamente, la igualdad es patrimonio ideológico del socialismo, que por esas épocas, con Juan B Justo está a favor del libre mercado).

Después vendrá la reacción conservadora (y de los radicalismos galeritas) con el golpe en contra del yrigoyenismo. Hasta allí, el pivote en ese momento era la libertad, en la combinación de orden con un conservadorismo al que le estaban creciendo nacionalismo varios antiliberales en su interior, y el radicalismo ampliándola a las libertades civiles y políticas y combinándolas con el componente igualitario.

El peronismo irrumpe haciendo de la igualdad su bandera, con la promoción intensa de los derechos de lo trabajadores. Pero, como lo señaló el siempre presente Manolo Mora y Araujo la coalición histórica peronista tuvo un carácter dual: laborista en las grandes ciudades y el Gran Buenos Aires (como se conocía en ese momento al conurbano) y conservadora en las provincias -Menem solo invirtío el componente preponderante y el secundario-. O sea, inauguró el par “igualdad orden” que,  más allá de las estridencias folklóricas kirchneristas lo encontramos presente en ese desaguisado que es hoy el Frente de Todos -teniendo que tragarse los jóvenes de izquierda un sapo llamado Insfram, por ejemplo-.

En Juntos por el Cambio la cosa no es tampoco muy homogénea y sin contradicciones ideológicas. Al par radical, reafirmado por Alfonsín de “libertad e igualdad”, con el PRO y algunos peronistas emigrados hacia sus remansos, le aparece un eje conservador por excelencia el de “orden y libertad”. Sin embargo, estas diferencias se manifiestan, especialmente en el AMBA, y si en el resto del país opera la variable resumen ideológica “peronismo / no peronismo”, en la CABA y el conurbano el peronismo pasa a ser considerado como kirchnerismo.

La grieta entre orden y libertad siempre ha existido. Pero en sus diástoles y sístoles, hoy vivimos unos de sus momentos intensos.