“LA FRAGILITÉ”

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Victor Mallet, Sarah White, Leila Abboud. Los aliados europeos y de la OTAN suspiraron aliviados después de que Emmanuel Macron venciera a la extrema derecha o sea Marine Le Pen.

Francia es eje de la Unión Europea y firme factor a la OTAN en su apoyo a Ucrania frente a Rusia. Macron se asegura otros cinco años. Joe Biden, Olaf Scholz y Ursula von der Leyen, líderes de Estados Unidos, Alemania y la Comisión Europea han expresado su complacencia.

En Francia no sobra el entusiasmo.  Macron se impuso a Le Pen con el 58,5% de los votos– aunque subyace que la extrema derecha nacionalista, euroescéptica y antiinmigración es más fuerte que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. La sociedad francesa sigue profundamente dividida.

El propio Macron –cuyo primer mandato se vio marcado por las protestas contra el Gobierno, a veces violentas, desencadenadas por un impuesto verde a los combustibles y la suba de los precios– lo admitió en un opaco discurso de victoria frente a la Torre Eiffel.

“Nuestro país se ve asolado por las dudas y las divisiones”, comentó en el escenario, luego de escuchar la Oda a la alegría de Beethoven, el himno de la Unión Europea.

Macron aseguró quiere satisfacer a dos bandas: a las demandas de los votantes de Le Pen y a quienes se abstuvieron o votaron en la primera vuelta por el candidato de la extrema izquierda, Jean-luc Mélenchon. “El voto de hoy nos obliga a tener en cuenta todas las dificultades de la vida de la gente y a responder con eficacia a ellas y al enojo expresado”.

Por su parte, Le Pen prometió mantener la lucha con su partido, en las elecciones de junio a la Asamblea Nacional.  Macron precisa controlar la asamblea si quiere gobernar eficazmente durante los próximos cinco años. Ella llegó a calificar su resultado- el más alto en sus tres intentos de llegar a la presidencia desde 2012- como “una victoria asombrosa”. Expresa así una voluntad de cambio y un “gran desafío” de los franceses hacia los líderes nacionales y europeos.

La abstención estimada en el 28% de los votantes registrados es la más alta en una segunda vuelta de unas elecciones presidenciales en más de 50 años–, los analistas afirman que los franceses siguen mostrándose desilusionados con la política y recelosos de sus líderes.

Los dos candidatos de los socialistas y de los republicanos, los movimientos políticos que han proporcionado la mayoría de los presidentes de Francia en los años de la posguerra, obtuvieron tan malos resultados en la primera vuelta de las elecciones hace dos semanas, que ni siquiera lograron superar el umbral del 5% por encima del cual el Estado paga casi la mitad de los gastos de campaña de un contendiente.

En cambio, las elecciones mostraron la relevancia de las afirmaciones tanto de Macron como de Le Pen de que la antigua confrontación entre la derecha y la izquierda ya no existe, sustituida ahora por un choque entre nacionalistas y populistas por un lado y globalistas y liberales por otro.

“Es una situación por el momento que atestigua la fragilidad de la sociedad francesa”, apuntó el domingo por la noche Dominique Reynié, politóloga de Sciences Po.Señalói que aunque Macron había ganado en términos globales, Le Pen estaba por delante en algunas partes del país, así como entre los jóvenes y la clase trabajadora. “Cada vez se hace más grande”, dijo.

El escenario se prepara para una intensa ronda de negociaciones y grandilocuencia de cara a las elecciones legislativas entre las tres corrientes políticas reforzadas de las elecciones presidenciales: el grupo descrito por Macron como su “extremo centro”, junto con la extrema derecha de Le Pen y la extrema izquierda de Mélenchon, que quedó tercero en la primera vuelta y estuvo a punto de vencer a Le Pen para pasar a la segunda ronda contra Macron.

“El mayor reto de Macron será crear un sentido de cohesión en un país extremadamente fragmentado”, señala Tara Varma, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “Le Pen hará todo lo posible por capitalizar su resultado para las elecciones parlamentarias de junio”.

No es la única. Macron tiene ventaja porque su éxito en las encuestas permitirá a su partido La República en Marcha atraer a posibles candidatos a la Asamblea Nacional de las filas derrotadas del centro-derecha, el centro-izquierda y los verdes en una especie de gran alianza para ganar en junio.

La victoriano está asegurada. Le Pen podría atraer a su campo a algunos de los que votaron a Eric Zemmour, otro candidato de extrema derecha obsesionado con la inmigración que cuenta con el apoyo de los blancos adinerados. Sin embargo, la amarga rivalidad entre ambos puede dificultar cerrar una alianza.

Zemmour hizo un llamamiento a la unidad el domingo, afirmando que la victoria no podría lograrse sin “una alianza de todos los grupos de la derecha: entre los trabajadores y la burguesía patriótica, entre los mayores y los jóvenes, entre los rincones remotos de Francia y las grandes ciudades, entre todos los que quieren vivir en una Francia que sea francesa”.

Los líderes de la izquierda fracturada también buscan alianzas con la esperanza de ganar escaños en la Asamblea Nacional. Mélenchon incluso expresa su ambición de ser primer ministro, un puesto desde el que podría impedir que Macron apruebe leyes que la izquierda desaprueba, mientras que el líder comunista Fabien Roussel quiere que una izquierda unida domine la Asamblea para hacer frente a la “grave amenaza que pesa sobre nuestra democracia”.

Hasta las elecciones legislativas dentro de dos meses, Macron puede sufrir tantos dolores de cabeza intentando reconciliar a los franceses entre sí como los que ha tenido intentando negociar un alto el fuego entre Rusia y Ucrania.

Como le dijo a un reportero de la televisión tras su discurso de victoria el domingo: “La tarea es reunificar. Nuestro país se ve asolado por las dudas y las divisiones.”