LA DEBACLE

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Ferdinand Amunchásteguy. Nos acercamos a la meta de iniciar un nuevo año que, mágicamente, creemos que anunciará la posibilidad que todo cambie y que, sin esfuerzo, dejemos atrás lo que hoy nos apena ingresando a un venturoso futuro. Son tantas las frustraciones que esa imaginada esperanza nos ha traído, que, casi con seguridad, podemos afirmar que en pocos días nada habrá cambiado y que, en vez de la bonanza sobrevendrá la tormenta.

Cierto es que la tormenta siempre anuncia su llegada iluminando el cielo con sus rayos y que, aunque no queramos, no podemos eludir advertir la debacle que se acerca. Después de dos años de Pandemia y encierros, nada se presenta mejor y en vez, a diario, presenciamos nuevos hechos que deben desanimar la idea de que podremos progresar.

Desde la ya comentada entrevista entre el Ministro de Justicia y los integrantes de la Corte Suprema, nada ha ocurrido que permita suponer que las cosas pueden mejorar. Casi es una certeza que en las próximas horas el Tribunal descalificará la modificación introducida por CFK en el Consejo de la Magistratura que volverá, de ese modo, a recuperar su conformación original, demorando la propuesta introducida en el nuevo proyecto que el Ejecutivo envió al Congreso y evidenciando el cada vez más claro enfrentamiento entre los dos Poderes del Estado.

Situación ambigua por cierto, ya que según el ánimo de quien debe evaluar la cuestión, distintas habrán de ser sus lecturas. Mientras el depresivo sufrirá, pensando el escaso futuro que aguarda a un País en el que sus Poderes constituidos se enfrentan abandonando la armonía que debería guiarlos; el optimista se congratulará de que el Poder Judicial se mantenga firme en defensa de los privilegios y derechos de los ciudadanos, y enfrente al Ejecutivo cuando crea que carece de razón, haciendo visible su independencia.

De todos modos no puede dejar de advertirse que son demasiados los temas sometidos a la autoridad de los Jueces , que podría entorpecer el accionar de los restantes Poderes que, por cierto, ninguna tranquilidad ofrecen a los ciudadanos. Producidas las elecciones y superada la controvertida afirmación de que el que ganó perdió y a la inversa el que perdió ganó, la realidad debe haber desanimado a todos los votantes, que descubrieron las miserias de sus candidatos que, rápidamente,  comenzaron a pujar para obtener las mínimas ventajas de ser jefe de bloque o titular de alguna comisión.

Esa chatura de la clase dirigente solo suma una preocupación más a la gente que ve escapar el futuro de bienestar que alguna vez le hicieron creer era su destino ineludible. La imagen instalada por algunos, de que nos encontramos en un tobogán cada vez se torna más real mientras descendemos hacia el fondo de una realidad perversa, de la que nadie se hace responsable y todos atribuyen a otro.

Posiblemente el lugar donde con más claridad se advierte esta decadencia social, sea Rosario, donde las fuerzas “narco” han penetrado todos los sectores,  avanzando sobre la población,   a la que someten a todos los atropellos y vejámenes imaginables, dejando de lado las y la autoridad. Lamentablemente, esos comportamientos se han acercado a la ciudad, pudiendo anticiparse que el ÁMBA en poco tiempo puede repetir situaciones semejantes -ya el sicariato y los robos violentos e impunes se han instalado- mientras quienes debiesen impedirlas pierden su tiempo en peleas insignificantes por espacios de poder despreciables.