LA CUARETERNA.

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Por: Luis Tonelli. El Gobierno nunca tuvo un Plan B para enfrentar la pandemia. Todo el año 2020 estuvo cruzado por hacer el aguante en la espera de la vacuna que llegaría sin falta a fines de años. Todos vacunados y todos a salvo, entonces de la ya temida segunda ola que castigaba invernalmente a los habitantes del hemisferio norte.

Se va nuestro verano, y la segunda oleada, sobre un mar constante de COVID, ya que nunca se alcanzó el cero víctima, ha llegado con fuerza inusitada. La Argentina, que parecía haber picado en punta con las vacunas, quedó enredada entre internas, negocios y geopolítica. La estrategia inicial de ponerle una ficha a cada vacuna que se ofreciera en el mercado fue reemplazada por privilegiar las vacunas rusas y chinas. Pero estas se demoraron en su producción y cuando se volvió al mercado, ya los otros países estaban manoteando lo poco que quedaba en las góndolas.

No estamos solos en estos avatares. Europa pareció no darse cuenta que el Reino Unido no forma parte de la Comunidad, y la vacuna de Oxford, fue aplicada fundamentalmente a los habitantes de las islas británicas, quedándose el continente europeo sin vacuna propia, pese a ser el primero en ser castigado duramente por el Covid.

Caso similar al del Reino Unido es el de los Estados Unidos, en una clara manifestación de su espíritu capitalista, como diría Max Weber. Siempre privilegió la libertad y bancó apertura y muertes en cantidades industriales, pero ahora está vacunando a una velocidad vertiginosa.

Mientras tanto, por estas playas, la vacunación hasta ahora ha alcanzado a gran parte del personal de salud, pero no así a los grupos de riesgo, dilapidándose las pocas que tenemos en los pasillos de la política. Sin vacunación masiva, la única política que queda es la de aplicar restricciones.

Pero ya tenemos el antecedente de que las restricciones masivas en la Argentina no han funcionado. Con una economía en negro de más del 50% las imposiciones formales son meras sugerencias. Ese ha sido el motivo por el cual la “cuarenterna” falló, como lo hizo en otros países con economía informal, caso Perú.

Tampoco el Ministro Muñoz estaría dispuesto a tirar pesos desde el helicóptero, tal su afán de normalizar la economía. Pero, sin subsidios, hay que salir a trabajar, y los sindicatos, protegiendo a sus afiliados, desprotegen a los clientes de sus actividades. Caso el transporte público, donde se restringe la circulación de vehículos, y producen que se atesten las unidades que representan el peor caldo de cultivo del COVID: ambiente cerrado, personas agolpadas sin ninguna distancia y por mucho tiempo.

En el plano comercial externo, Dios de vuelta ha sacado nacionalidad argentina, y la soja cotiza a 500 pesos lo que significa apalancamiento para la típica estrategia electoral de tener el dólar recontrabajo, y tratar de anclar así la inflación, aunque todavía no haya dado los frutos esperados.

En medio de esta carrera de Fiat 600 standard, el gobierno, como los comentaristas de los domingos a la mañana se las arreglan para darle emoción política a la nada misma. Ahora con la cuestión de la prorrogación de las PASO, habiendo ya desechado anularlas. No les funcionó, sin embargo, la táctica de dividir a la oposición, ya que muchos en ella creen que a medida que pase el tiempo, el gobierno no va a estar mejor, sino peor, y la propia internaperonista, entre territorio y el Instituto Patria se va a volver cada día feroz.

Mientras tanto, entre tantas incenrtidumbres, inconsistencias e impotencias, el COVID avanza y también la llegada de las épocas más frías. El 2020 nos ha enseñado que tanto por encierro como por catástrofe sanitaria, la economía igual se resiente. Cada crisis en la Argentina ha agregado 10% de pobreza. Una caída como la del 2020 que se repita en el 2021 hará que nuestro país no este desfigurado por la crisis, sino que directamente sea otro, muy diferente del que en el que nacimos y crecimos.