LA CREDIBILIDAD DE LA JUSTICIA.

0
68

 

Ferdinand Amunchásteguy. Buenos Aires agobiada por una ola de calor, ve impasible, los raros pasos que va dando la política entre la pandemia, las vacunas y torpezas. Mientras se Inoculan personajes prominentes -entre ellos la vicepresidente- intentando generar confianza en la vacuna rusa que desde su aparición alimentó la polémica sobre su eficacia, tomamos conocimiento de las demandas de los gobiernos europeos contra la farmacéutica Pfizer por su incumplimiento en las entregas de las vacunas comprometidas en su momento. Más allá de eso, una cuestión similar estamos atravesando nosotros con nuestra vacuna Cenicienta, ya que el vuelo que debía retirar  la magra cantidad que la deferencia del compañero Putin nos concede,  debió permanecer a la espera de que las dosis estén disponibles.

Esa situación deja expuesta la imposibilidad de cumplir la prometida campaña de vacunación que los encargados de la salud pública han comunicado o, lo que es peor, muestra la improvisación en la diagramación de la misma. Lo que se advierte sin dificultad, es que no se han concretado las compras necesarias, en un momento en que la demanda supera la capacidad de elaboración, lo que permite aventurar que la campaña anunciada no podrá concretarse y que, una vez más, los Argentinos dependemos para nuestra supervivencia, de que “Dios siga siendo argentino”, como nos gusta suponer cada vez que la improvisación  y la desidia no nos daña como debiese.

Alejados del tema que nos hermana con el mundo, en nuestro ámbito ocurren otras circunstancias que debiesen llamar nuestra atención. Por ejemplo él sorpresivo desplazamiento de Guillermo Nilsen de la titularidad de YPF.

Si bien la gestión llevada adelante en el último año por Nilsen no se caracterizó por los éxitos alcanzados, tampoco se hacía evidente su desplazamiento -como  si se intuye el del Canciller  que redobla sus torpezas poniendo a prueba  la estabilidad, en un cargo que nunca imaginó estaría  en su camino-. Así las cosas, es necesario intentar otra explicación de ese alejamiento y entonces, se abre paso una versión que circula con insistencia y que, encadenada con otros sucesos posteriores le dan cierta verosimilitud.

Dicen en los pasillos que, siendo que la nominación de Nilsen tenía origen en los acuerdos que condujeron a Massa a la alianza gobernante, su apartamiento -que según el propio ex presidente de la petrolera no encuentra su origen en una renuncia voluntaria- es el resultado de una suerte de castigo para el presidente de la Cámara Baja, que no habría cumplido algún compromiso o, tal vez, avanzado en algún sentido no consensuado previamente.

Hasta allí, solo una de las tantas versiones que acompañan a los hechos de la política. Sin embargo, producido el desplazamiento, el conductor de los diputados, se permitió realizar una consideración sobre la posibilidad de que se intentara propiciar un indulto para los delitos de corrupción que se encuentran en el ámbito de la Justicia. Más allá de lo que podría opinar el Poder judicial sobre la constitucionalidad de una medida de esas características, lo cierto es que Massa adelantó su desfavorable opinión en ese aspecto, con lo que envió una señal que debió alertar a sus compañeros de ruta.

No sabremos si a todos, pero a algunos llegó con su mensaje, porque inmediatamente recibió la respuesta del ex ministro De Vido, que le lanzó una pregunta inquietante al exigirle que en vez de hablar de esas cosas, se preocupara en investigar qué funcionarios eran los que se habían interesado en favorecer la aprobación de la compra de EDENOR, en la que  habría intervenido el grupo Vila-Manzano.

El ataque no terminó allí, porque el inefable D’Elia se sumó  a la controversia y sugirió también, poseer todos los elementos y documentación vinculada a la compra de cloro -en aparente alusión a las operaciones que podrían vincularse a AYSA,  comandada por Galmarini, esposa del diputado ingresado en el torbellino de las diferencias internas-.

Cuál es la razón de que incluyamos en nuestro comentario, estos entredichos de la interna de Gobierno? Que en otras circunstancias y con menos comentarios indicativos la Justicia inició investigaciones algunas de las cuales se encuentran listas a enfrentar las audiencias públicas y orales. Acaso, ningún fiscal creerá tener elementos para oír al ex ministro De Vido e interrogarlo para que explique el alcance de sus dichos y, consecuentemente, investigarlos? O tampoco es oportuno oír al verborragico D’Elia para que explique qué quiso decir al referirse al cloro?

Las preguntas que nos hacemos, se vinculan a la credibilidad de la Justicia, ya que su inactividad en hechos tan puntuales, nos señalará su adormecimiento o disciplinamiento contemporáneo con el tratamiento de la ley de Ministerio Púbico que ponen en manos de las mayorías actuales, la suerte de cualquier Funcionario de ese Ministerio que merezca objeciones, reproches o cuestionamientos por su labor.

Pensemos que estamos equivocados, pues, de lo contrario debemos preocuparnos por la suerte de nuestras instituciones.