LA BISAGRA DE LAS ELECCIONES

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El radical Alfredo Cornejo lo dice así: “Creo que va a ser bisagra la elección de medio término. Me encantaría que Alberto Fernández tenga otra actitud, su papel es el de la unión nacionalUna derrota del Frente de Todos en más de diez provincias en las elecciones de medio término quizás abra una posibilidad de un acuerdo de gobernabilidad y de sensatez.”

No falta tanto para las elecciones de medio término, anticipo inexorable de las nacionales con cambio o ratificación de gobernantes. Más temprano que tarde sobrevendrá una catarata de promesas. Esta vez la peste ha puesto en escena las acciones que se requieren de los candidatos. Los electores se pialan con las penurias de la salud y bolsillo.

Al hombre de a pie le cuesta entender otras cuestiones, judiciales o politicosas mientras la eterna cuarentena le muerde los tobillos. Y les roe otra comprobación: la desnudez de la administración pública respecto a sanidad –incluyendo los hospitales- y la vergüenza descarada de las villas miserias. Estos días de “paráte” les permite reflexionar que los dirigentes no suelen mencionar estas emergencias tan vinculadas a la pandemia. La oposición prioriza sancionar la corrupción; el oficialismo las consecuencias económicas de la peste. Todos votantes padecen incertidumbre, desconfianza, inseguridad. Resumen: reina la desesperanza.

Queda claro que ni el Gobierno ni la Oposición tienen la vocación de de iluminar un horizonte oscuro. Los dirigentes debieran tener en cuenta el estado de ánimo existente. La opinión pública apocada.  Hay un “que se vayan todos” latente. Y las elecciones nunca  están demasiado lejos.  

—La Argentina necesitaba en los tiempos de Macri un acuerdo gobierno-oposición sobre un modelo productivo, sobre fundamentos de la economía. Los acuerdos gobierno/oposición son claves para construir una economía razonable y sensata. Pactar el equilibrio fiscal, la circulación de la moneda, los aranceles externos, la política exterior y comercio exterior debería ser parte de esos grandes acuerdos. Las democracias exitosas se dan con acuerdo de oficialismo y oposición. Esa concertación no sucedió por errores propios de nuestro gobierno, del gobierno de Mauricio Macri, pero también porque tuvimos una oposición bloqueadora y muy salvaje: el kirchnerismo.

—. La Argentina necesita un buen gobierno y necesita una buena oposición. Durante el gobierno de Macriel primer bloque de oposición era el kirchnerismo. Y Agustín Rossi y Héctor Recalde, cada vez que conversaban con Emilio Monzó o con Mario Negri, planteaban que si se conseguía el quórum ellos bajarían a votar en contra. “No se preocupen por convencernos”, decían.

—La crisis social será de una magnitud inigualable. De eso no me cabe la menor duda. Las fórmulas para enfrentarla constituyen la verdadera grieta. La grieta es entre un sector que produce, que crea riquezas, que quiere progresar a través del esfuerzo individual y colectivo, y la de un sector que pretende un Estado multipresente, sin importar cómo se lo financie. Este segundo financia un sistema parasitario, que no propende al incremento de la productividad. Esa grieta no es peronismo/antiperonismo: hay una serie de dirigentes de cultura peronista, republicana, que se afirma mucho más en esa mirada productiva. Pero hoy no muestran ningún atisbo de rebelión frente a la cultura kirchnerista. En ese marco no se sabe en qué lugar está parado Alberto Fernández.

Soy moderadamente optimista y creo que podemos estar frente a una oportunidad:  La salida de la cuarentena va a ser una oportunidad para las ideas del verdadero progreso social. La oportunidad de cambiar relaciones laborales, de crear legislación impositiva pro inversiones. También sé que el grupo bloqueador del kirchnerismo tiene una tremenda voluntad política y una impresionante organización.

Puede que la sociedad argentina se esté cocinando como la gallina en el agua fría y que no se perciba que se está yendo hacia un callejón sin salida que no se pueda financiar. Que las personas mantenidas parasitariamente por el Estado no terminen de darse cuenta de que su subsidio no va a poder ser financiado, que cuando se den cuenta ya sea tarde. También puede suceder esto. La moneda está en el aire. La sincronización entre narrativa del poder político y realidad social que perciba la mayoría de los argentinos hará que caiga de un lado u otro.

Deberíamos ver quién es el verdadero Alberto Fernández. Pero las ambigüedades son permanentes. No solo son los dichos, como los del memorándum con Irán, como las ideas locas de Fernanda Vallejos o contra el intento de expropiación de Vicentin por el kirchnerismo.

Otro ejemplo es lo que pasó con la negociación con los acreedores. Dijo primero: “Tenemos un plan, pero no lo vamos a formular hasta que no terminemos la negociación”. Y ahora: “No tenemos un plan”. Esas declaraciones tratan de no condicionar el futuro y resolver lo que sigue de una manera pragmática. Hay que analizarlo más por lo que hace que por lo que dice. Los hechos dirán si la reforma judicial es para remover jueces y cambiar y para controlar las causas Hotesur, Los Sauces y Cuadernos o para mejorar el funcionamiento de la Justicia. Los hechos van a hablar más que las palabras.

La coalición de oposición está más unida que la de gobierno. A ellos los unifica el poder del Estado…seguramente no quieren perderlo, con lo cual van a intentar mantener la unidad a como dé lugar. La Argentina necesita un acuerdo ahora de oficialismo y oposición, pero no creo que se pueda dar en el marco de tensión de la coalición de gobierno. No veo que Alberto quiera hacer ese consenso ahora. A Alberto Fernández hay que juzgarlo más por lo que hace que por lo que dice.

En estos siete meses, antes de la pandemia, el gobierno se enfocó en el tema de la deuda: si no se resolvía, no se podía hacer nada. Dieron muchas vueltas, cambiaron bastante su propuesta original, que presentaron como “última”.. Se dilató innecesariamente, e incluso en esa dilación se pagó deuda.

La salida de la pandemia va a ser con un tipo de cambio real alto, y deterioro de los salarios y de los ingresos del sector público y privado. Eso llevó a que en los primeros años hubiera inflación baja… Inflación alta más deterioro de los ingresos es mal humor de los sectores productivos y de los sectores asistidos. No es el mejor clima para el oficialismo. Pero tienen una enorme voluntad política y una enorme capacidad de organización, y suelen encontrar la manera de explicar lo inexplicable.

No descarto algún cisne negro en el tema social. No solo en el Conurbano, en los grandes centros urbanos de Rosario, de Córdoba, de Mendoza, existen problemas de pobreza, de exclusión, de marginalidad. La inseguridad del delito y no la crisis alimentaria podrá ser ese cisne negro. Es el talón de Aquiles de la minoría kirchnerista.

—Me encantaría ver otra actitud de Alberto Fernández. No de ruptura con Cristina, pero sí de logro de acuerdos y demostrando su poder político. Especialmente, cada vez que le corren el arco. La economía necesita un acuerdo y está llamado a cumplir ese papel con el que lo premió la ciudadanía. Los oficialismos son quienes pierden las elecciones. Nosotros perdimos por nuestros sucesivos errores. No la ganó el Frente de Todos, pero reconozcamos que tuvo mucha mayor ductilidad y mejor estrategia a la hora de cambiar el candidato.

El papel de Alberto Fernández es el de la unión nacional. Logró ganar con el apoyo de Cristina pero lo que necesita la Argentina es un sistema económico fiable, estable, productivo, que genere oportunidad para los más de 40 millones de argentinos. Eso no se consigue con populismo K. Se llega a esa situación por consenso. Su imagen se va desdibujando y puede que se le pase su cuarto de hora. “La verdadera grieta es entre quienes quieren producir y progresar y los que esperan todo del Estado.”

 A Alberto Fernández no lo conozco tanto. Sí lo percibo ambiguo y refugiado en el ataque a un grupo de opositores, entre ellos yo, en vez en profundizar los acuerdos necesarios. La ambigüedad le juega en contra. Deteriora su poder. Se refugia en el ataque a los que criticamos, a los periodistas. Nos atacan en vez de escucharnos.

Los argentinos necesitamos estadistas más que políticos. El razonamiento es que se debe seguir así mientras las encuestas den bien. La Argentina necesita soluciones que no siempre miden bien en las encuestas.

Más de uno me pregunta si yo quiero ser presidente. Mi respuesta es que no, pero que deseo que Juntos por el Cambio tenga un candidato a presidente con un plan. En 2023 ese plan debe consensuarse con la oposición.