LA ARGENTINA ANÉMICA

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Por: Luis Tonelli. Entre las crisis catastróficas y la sobreexcitación que producen las burbujas económicas ahora sabemos que no existe solo la ansiada y nunca alcanzada “normalidad”. También puede darse un período de atonía, de crisis en cómodas cuotas, de decadencia lenta pero tremendamente dañina. Todavía pensando que un estallido como el 2001 es brutal y que debemos evitarlo a toda costa.

Pero también es cierto que es necesario salir del letargo que produce la anemia actual, so pena de acumular la misma destrucción que una crisis aguda, pero encima con los actores sociales y políticos minimizados, aturdidos y paralizados. Cosa que siempre es peligrosa, porque se presta a las aventuras de oportunistas y curanderos, que siempre los hay y más en estas ocasiones.

La pandemia, en ese sentido, ha sido nefasta. Nos ha destruido todos los instrumentos de navegación ciudadana. Ese “en todos lados del mundo se la está pasando mal” es utilizado para relativizar toda perspectiva crítica. Las palabras quedan así devaluadas, y el Gobierno las devalúa aún más prometiendo cosas de las cuales después se desdice sin rubor.

La anemia total y completa hace que hasta Alberto Fernández, en su minimalidad extrema, se mantenga en el Sillón de Rivadavia sin sobresaltos. Finalmente, hay solo dos cosas que pueden desestabilizarlo: la primera, una corrida contra el dólar (cuya percepción popular no necesita de instrumentos adecuados). La Segunda, la decisión de su jefa espiritual sentada en el banco de suplentes para su cargo de decir “hasta aquí llegaste, Alberto”.

Para el primer acontecimiento crítico, el Gobierno ha dispuesto cepitos, cepos y cepazos, incluyendo una posible cuarentena total que empieza a ser una posibilidad real. Para el segundo, la decisión de Cristina que muchos de sus acólitos esperan, todavía no están las brevas maduras, y quien sabe si lo estarán alguna vez. La vicepresidenta necesita la inmunidad de su impunidad, y es de mal gusto que ella sea auto concedida. Por ahora, le sigue conviniendo que la Presidencia y especialmente el Ministerio de Justicia no aparezca con una leyenda que diga “Atendido por sus dueños”.

Mientras tanto, CFK decidió dar las señales para ordenar ese corso a contramano que es el Frente de Todos, especialmente a los gobernadores e intendentes, los dueños del territorio que se resisten a entregarles su podercito a esos jóvenes eternos y anónimos en su gran mayoría de la orga autodenominada La Cámpora.

Es que se vienen las elecciones legislativas (¿se vienen?) y la ex vicepresidenta viviendo en un presente perpetuo (como bien lo definió Claudio Jaquelin esa pluma periodística cuyo clasicismo no puede esconder su perspicacia e inteligencia) tiene que continuamente reafirmar su poder.

Hay que admitir que la única estrella del firmamento político con luz incandescente sigue siendo CFK, aun cuando en los hechos tampoco ha podido vencer a la anemia generalizada. Se verá si el haberle roto el espinazo político al presidente le redunda también en doblegar a los miembros de la Justicia que saben que ceder en las causas de la ex presidente es cederlo todo. Se verá también cómo reaccionan los socios ocasionales del kirchnerismo, por ejemplo Sergio Massa, con el pedido de nombrar al nuevo jefe de los fiscales, cosa que tiene que pasar por el Congreso.

Mientras tanto las organizaciones de la sociedad civil argentina brillan por su ausencia, como si el miedo al COVID también las hiciera desaparecer del mapa político. Lo único que ha sorprendidos a todos fue la Gran Interna Radical (incluso a prominentes radicales que se negaban a dar batalla y que acudieron a la justicia perdiendo primero allí).

Los mismos que se apresuraron a dar las elecciones internas por ganadas, para después admitir que los números eran muchísimos más cercanos a los que habían difundidos -y aún se siguen contando votos). Elecciones internas radicales en donde estaban en juego la presidencia de los comités provinciales y demás autoridades locales, pero que también son elecciones que definen la integración de la convención nacional.

En ese renglón, decisivo porque la Convención Nacional autoriza las alianzas y la fórmula presidencial, el challenger Martín Lousteau fue el referente de la lista que obtuvo casi el 50% de los votos en Córdoba y en Provincia de Buenos Aires, y el 90 % en CABA. Un verdadero cataclismo al interior de la UCR que ha redundado en movilizar a un partido paralizado desde el “Si a Mauricio” de Gualeguaychú.

Lo cual es bueno para todos los dirigentes, de un lado y del otro, que deberán ahora embarcarse a la tarea común de la construcción, en una sociedad anémica que demanda nuevos liderazgos.