Justicia: LA TOMA POR ASALTO.

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Ferdinand Amunchásteguy. El enfrentamiento entre el Gobierno y el Poder Judicial, lentamente va quedando expuesto a los ojos de cualquier individuo que se aproxime al tema. Si bien desde que se insinuaron las presuntas reformas al Poder Judicial podía intuirse que el tema habría de resolverse luego de serias fricciones, la realidad ha reducido el tiempo en que las mismas habrían de hacerse evidentes. Muchas veces se ha lamentado que  al producirse un cambio de gestión, el recién llegado asuma un rol fundacional,  desechando todo aquello que fuera propuesto o sugerido por su antecesor en la inteligencia de que sus proyectos superan , en todos los aspectos, a aquellos otros que tuvieran inicio o fueron presentados por quien se aleja de los despachos oficiales.

Por primera vez, en muchos años, por no decir desde la recuperación de la democracia, se advierte hoy una continuidad en la política vinculada a la administración de justicia claro que, aunque la introducción podría parecer auspiciosa, esa primera opinión se desvanece cuando se cae en la cuenta de que la semejanza se encuentra en lo desafortunada de la anterior, a la que la actual pretende continuar.

Lamentablemente, esa continuidad en la desvalorización del tercer Poder de la República terminará por arrastrar la institucionalidad y sumir en la oscuridad a la Nación. Posiblemente el tratamiento en torno al Procurador General de la Nación, muestre la desafortunada comprensión del tema al que nos referimos. El gobierno anterior, despreocupadamente, omitió cubrir el cargo insistiendo en la designación de quien sabía que no contaba con las adhesiones necesarias para alcanzar el acuerdo constitucional, al tiempo que existían  otros postulantes  que hubieran sido aprobados y hubiesen asegurado a la Nación, el resguardo de las garantías y derechos de sus habitantes. Con ese comportamiento dejó librado al acaso y al futuro, cubrir un cargo de singular trascendencia dentro del régimen que establece el nuevo código procesal penal federal.

Iniciado este nuevo período, el comportamiento es similar en su respeto institucional, aunque se expone de distinto modo, el anterior no designó minimizando la institución, el actual, avanza sobre ella pretendiendo tomarla por asalto y, como tampoco alcanza las mayorías necesarias, en lugar de insistir inútilmente, anticipa que alterará la ley para que una simple mayoría -que posee- desígne al jefe de los fiscales.

Mientras tanto, y por si su maniobra se demorase, avanza sobre el Procurador interino, buscando con argumentos artificiosos, desplazarlo para que su lugar sea ocupado, aunque también sea interinamente,  por un sujeto afín a sus propósitos. Lo cierto es que se prolonga en el tiempo un sentimiento de desvalorización del rol de la justicia a la que no se ha atendido como necesita la República.

Si la propuesta para la designación del Jefe de los fiscales, es demostrativo del sentimiento que el Estamento político le dispensa al Poder Judicial, no lo es menos el tratamiento de la reforma judicial y de la Corte, que solo apunta a lograr homogeneidad en su conformación y ninguna mejora en su servicio.

La supuesta reforma -que solo está dirigida a CABA-ya que unifica fueros en la ciudad, no ha considerado que con la aplicación del nuevo código de procedimientos penales, lo que es necesario no es designar más jueces, sino más fiscales ya que son estos los que habrán de ocuparse de las investigaciones, teniendo, como novedad la posibilidad de disponer de la acción, con lo que podrán esterilizar cualquier investigación.

Es decir que todo lo que se actúa desde  la Política -cayendo en el lugar común de efectuar una vaga generalización- apunta solamente a lograr terminar con la independencia de los Jueces, como si fuesen la molesta conciencia de una sociedad que busca preservar sus  derechos y el espíritu de una República a la que alguno de sus personajes dañan, cada vez que intentan representarla acomodando sus principios a los intereses propios, ajenos al bien común que nuestros Constituyentes pusieron por delante de las ventajas personales.