JUSTICIA: DEL USO DE LA FUERZA

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Ferdinand Amunchásteguy. Esta semana, como en las anteriores,  la justicia  no se pronunció de ningún modo trascendente. Tal circunstancia le impidió ser noticia o generar comentarios a su respecto, ni valiosos ni adversos, aunque no ha abandonado el centro de la escena ya que, vinculada a su existencia, se mantiene vigente la discusión sobre el futuro del Consejo de la Magistratura.

Con dificultades, la Vicepresidente logró que en el Senado se reuniese el número necesario para generar la ley que le impida al Presidente de la Corte presidir ese Consejo. Aquí es donde hemos de detenernos, porque es esa condición la que le quita el sueño a CFK. Por razones que tratan de mantenerse en la oscuridad, la presencia del Juez Rosatti presidiendo el Consejo no solo le quita el sueño a su colega Lorenzetti, sino también a la presidente de la Cámara Alta.

Los esfuerzos hechos para obtener un principio de acuerdo sobre el punto, se limitaron únicamente a un inesperado triunfo del senador ríonegrino Weretilneck que logró, a cambio de su imprescindible concurrencia, que se introdujeran, en el proyecto enviado,  las modificaciones que este propuso “federalizando” la composición del planeado “futuro” organismo.

La situación actual ha despertado una hiperactividad entre los miembros que, de acuerdo a lo decidido por la CSJN hace unos días, deberán dar un paso al costado a partir del 15 de abril, día en el que, como un rayo fulminante, operará la decisión que niega virtualidad a  la modificación que el kischnerismo introdujo en ese cuerpo y que le facilitó alguna de sus polémicas designaciones.

La preocupación se advierte no solo en el intento de cerrar los concursos que estuvieron pendientes durante meses -sino años- sino también en los movimientos que se han generado en las corporaciones que deben renovar sus miembros, con lo que puede alterarse el ánimo de un Consejo que ha conseguido unificar los criterios de los titulares del Ejecutivo en el sentido de que no sea el Presidente de la Corte quien lo presida.

Más allá de lo que se resuelva entre los Senadores,   lo que se conoce permite suponer que entre los Diputados la suerte del proyecto iniciado en estos días, no habrá de prosperar y en consecuencia todo podría regresar a la realidad que gobernaba el tema antes de la reforma que en su tiempo propició CFK. Lo novedoso ha sido la intervención del ex Ministro Roberto Lavagna, quien habitualmente prefiere transitar en silencio por los pasillos del Congreso, pero que esta vez adhirió a la postura de la oposición en orden a que el Consejo debe ser presidido por el Presidente de la Corte Suprema.

Ante el evidente enfrentamiento que se va gestando entre la Corte y el Ejecutivo, se ha incorporado un elemento de discordia que es esta reforma del Consejo de la Magistratura que implica una nueva  contienda por lastimar la independencia de los Jueces.

De este modo se procura subordinar la Justicia a la política y alterar los principios que debiesen gobernarnos, no debe soslayarse el hecho de que  es el Consejo el que tanto elige a los Magistrados como el que  dispone su cese por mal desempeño, llave que, desde la política,  siempre han querido adueñarse, alegando distintas razones que ocultan el propósito de cercenar  su independencia al tiempo  de insinuar una pretendida dependencia o temida sujeción.”

La realidad de nuestra justicia contrasta con lo que ocurre a nivel mundial, donde el conflicto entre Rusia y Ucrania ha actualizado el tema de la jurisdicción universal y revalorizado el respeto por la Magistratura. Los países han recurrido a sanciones jurídicas para desarticular el conflicto y sancionar al que se asume es el país agresor. Así las cosas no solo se sanciona al País -en este caso Rusia- sino también a sus ciudadanos,  a quienes se les embargan los bienes que posean en el mundo sin otro fundamento que poseer la ciudadanía equivocada en el momento actual. Sin embargo, no es solo con eso que la comunidad internacional ha buscado la reparación o el castigo,  también realizó presentaciones ante la Corte Internacional contra los dirigentes y responsables de la guerra al tiempo que los mecanismos jurídicos Internacionales se han puesto en marcha con el propósito de restablecer el orden .

Como colofón de lo dicho, podríamos concluir sosteniendo el diverso valor que se asigna a la Justicia en el mundo y en estas tierras. Más allá del uso de la fuerza -que en definitiva impone el derecho del más fuerte- lo que se advierte es que la comunidad internacional no cree que pueda existir una convivencia razonable sin ajustar su actividad a los principios del derecho y a la existencia de un sistema judicial que los imponga, mientras aquí se intenta, por todos los medios imaginables, avanzar sobre la independencia de los Jueces buscando imponer  nuevos  principios en vez de asegurar la vigencia de aquellos que nuestra Constitución asegura y el mundo reconoce.