GRITOS Y SUSURROS.

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Carlos Fara. Los pasos de la comedia entre Alberto y Cristina son y serán infinitos. Ya se sabe que no se hablan, y las últimas veces que se hablaron terminaron a los gritos. Con semejante falta de diálogo y confianza, el futuro de esa relación es fácil de predecir. Ella es la garante ideológica frente a su público y representa la épica en sí misma, de modo que si abandonase la lucha sería un contrasentido. Por eso no rompe el Frente y redobla la apuesta para condicionar al presidente que, dice, sentirse liberado del compromiso con quien lo ungió.

Con un poder debilitado, a Alberto todo se le vuelve cuesta arriba, sino imposible. Resolver el intríngulis de precios y salarios, más la demanda de los movimientos sociales es demasiado peso sobre sus espaldas. Tiene muy pocas herramientas políticas y de gestión, además de poca creatividad, para enfrentar esos desafíos. Ergo, todo confirma día a día los pronósticos agoreros: la crisis política y económica lo acompañará hasta el final de su mandato, salvo que suceda algo excepcional.

 

Qué escenarios se abren?

  1. ¿Cristina quiere que Alberto deje el cargo? No. Si eso sucediese Ella debería hacerse cargo de la administración cotidiana, se desatarían todos los demonios, el Fondo se pondría en señal de alerta, pagaría todos los costos indefectiblemente y la crisis pasaría de ser política a institucional. Todo se agravaría y solo llevaría a imaginar con más seguridad un triunfo opositor en 2023. Parece un mal negocio. Por eso la estrategia es condicionar, pulsear hasta torcerle el brazo para que quede claro quién manda.
  2. ¿Y si Alberto se va y Cristina también? Como en 2001 se desataría el mecanismo de sucesión con la Asamblea Legislativa. Disparo final a la credibilidad de ambos integrantes de la fórmula ya que abandonarían el barco en el medio de la tormenta, agudizando los malos pronósticos y por razones políticas. El peor de los mundos para ellos.
  3. Si se produce la vacancia ¿puede ser la hora de Massa? Imposible de predecir. Como sería un barajar y dar de nuevo, la persona elegida llegaría con poco poder y sumamente condicionado. De modo que debe ser alguien que al menos logre un amplio consenso dentro del oficialismo, donde ya se sabe pesan fuerte los gobernadores.
  4. Si se produce la vacancia ¿puede haber gobierno de unidad nacional, semejante a la experiencia Duhalde? Difícil. Debería producirse una constelación de poder muy particular. Hoy no existe el Alfonsín dentro de la oposición que pueda encolumnarla y acordar con un sector del peronismo con el cual comparta objetivos e instrumentos. El juego es muy distinto. Con el aroma a triunfo que hay en Juntos por el Cambio, no querrán quemarse en una experiencia incierta. Preferible dejar que el FdT se incinere y no haya más para discutir. Hoy no existen los incentivos para una confluencia de ese tipo. ¿A qué peronista aceptaría la oposición como presidente de la crisis, que al mismo tiempo reúna el consenso de la mayoría del actual oficialismo? Tiene que ser alguien con cargo electivo. Massa? Schiaretti? Uñac?
  5. En ese marco de presidente o presidenta elegido por la Asamblea ¿se puede adelantar la elección presidencial? Más allá de los detalles legales, todo se puede, pero ¿quién tomaría esa decisión y a quién favorecería? Aceleraría las internas por posicionamiento, lo cual haría que se profundice la crisis económica solo por el efecto incertidumbre. El mandatario o mandataria será de absoluta transición, y sin poder para resolver nada.

Dicho todo esto, la probabilidad de que se vaya a un escenario de vacancia hoy es cercana a cero. Por lo tanto, pone a la mayoría de estos 5 puntos están en el mero plano de la especulación (pero que cada vez más gente del mundillo se pregunta). Insistimos que el escenario futuro se parece más a una crisis permanente del oficialismo –que no se rompe- complicando el proceso de toma de decisiones y paralizando a la gestión, con todo lo que implica.

En el medio de todo eso, el gobierno intentando poner parches a toda la conflictividad económica y social, mientras se acortan los tiempos del primer examen ante el Fondo Monetario. En tanto y en cuanto no se ordene la política, malas perspectivas para el resto de los factores.

Al presidente y su ministro de economía les conviene que el mundo siga distraído con la crisis en Ucrania, que pone muchas cosas patas para arriba. Aunque parezca mentira, ese conflicto tiene dos ventajas (muy relativas): 1) el poder mundial dispensa a los dislates del gobierno, y 2) el oficialismo tiene la excusa de la inflación global. El muerto se ríe del degollado…