EL GIGANTE BONAERENSE: VIDAL, MAGARIO Y MÁS ALLÁ

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Por Carlos Lazzarini @calilazzarini
El escalofriante asesinato de Leandro, el chofer del colectivo que circulaba por  la zona sur de La Matanza reactivó, además del histórico debate por las fallidas políticas de seguridad que irrumpen con cada caso de alto impacto social y mediático, la disputa entre Cambiemos y el Kircherismo. Los voceros, oficiales y no oficiales, que dicen rechazan la utilización política en realidad la promueven o alientan. Inevitable como el pan de cada día.
Es que La Matanza, el escenario en cuestión, es sin duda terreno fértil para la controversia política. Tiene todos los condimentos. Propicio también para discutir la coyuntura electoral, económica y social. Para saber dónde estamos y cómo vamos. Donde ese paran unos y otros. Es el distrito emblemático para los K y el objetivo de máxima para Cambiemos de cara a 2019. Lamentable, si, pero inevitable.
Subyace, además, una relación que cruje: la de los intendentes con los gobernadores y la de éstos con el Presidente. Y no nos referimos solo a la de Magario y Vidal que sin duda tiene aditamentos más que singulares. Tampoco solo por los temas de inseguridad, tema siempre al tope de las preocupaciones sociales, por momentos solo desplazada por la inflación pero siempre en los primeros lugares. Hablamos en general. Una tensión que resulta de un cambio de era de la que no se ha tomado debida nota.
La intendenta Magario recuerda que por mandato constitucional la responsabilidad de la seguridad le corresponde a la Provincia. También acusa a Vidal, entre otras cosas, de haber retirado a la gendarmería del distrito, de reducir la cantidad de efectivos (se habla en total de 1.600 hombres menos) y de ser discriminada a la hora de elegir los destinos de los nuevos egresados. También del incumplimiento de una ley provincial sancionada el año pasado según la cual las unidades de las empresas de transporte deberían llevar dos cámaras a bordo que contribuirían a la prevención y, eventualmente, al rápido esclarecimiento del delito.
En cambio desde el gobierno provincial, con el ministro de seguridad Cristian Ritondo como vocero destacado, se objeta a la intendenta de haber subejecutado el presupuesto previsto para políticas de seguridad e incumplido con las acciones planificadas para prevención del delito. Más precisamente de no haber ejecutado un solo peso, en dos años de gobierno, del Fondo de Fortalecimiento en Seguridad a disposición del municipio. Unos 239 millones de pesos.
Dato aparte. Además de las razones del ministro, bien valdría la pena repasar las subejecuciones de los presupuestos de seguridad en todos los distritos de la provincia, incluso en aquellos gobernados por Cambiemos. Habría varias sorpresas.
En el medio, todos los condimentos políticos. Las quejas reiteradas de Magario porque Vidal no le atiende el teléfono y, por otro lado, la ventilación del gabinete de gobierno de La Matanza, donde anidan ex ministros sciolistas y kirchneristas, a quienes desde la gobernación se señala como responsables de no haber solucionado lo males que hoy padece la ciudadanía.
En el medio, también, las indefiniciones por el destino de las fuerzas de seguridad. ¿Policía local? ¿Policía Provincial? Traspaso sí, traspaso no. Desde hace mucho tiempo en la Provincia hubo avances y retrocesos. Idas y vueltas. De la descentralización y regionalización de Arslanián, a la centralización de Stornelli. De meterle bala a los delincuentes de Ruckauf y Rico, a los foros ciudadanos de Solá. De las Policías locales bajo la conducción provincial, a los pedidos de traspaso con independencia. De las purgas de Arslanián al caso Chocobar y el combate a las mafias de Vidal. De las jefaturas civiles a las policiales.  Y muchos etcéteras que agregan confusión.
En ese sentido, poco se ha reflexionado sobre el nuevo rol que desarrollan los gobiernos locales y de las grandes zonas metropolitanas ante la gestión y solución de los problemas de la humanidad, en un mundo cada vez mucho más urbano. Es cierto que no es un tema para detenerse en medio de la conmoción actual. Pero la transformación social modifica la manera de gobernarse y cambia los paradigmas de gobierno.
Las ciudades son hoy el espacio de tensión de los principales problemas. La seguridad es uno de los principales, aunque no el único al que se le debe prestar especial atención en una población cada vez más concentrada en zonas urbanas. Las cifras en ese sentido son más que elocuentes. En 2030 más del 60 por ciento de la población mundial será urbana. Y mucho más si se mira Latinoamérica. Las zonas metropolitanas como el conurbano bonaerense, como el gran San Pablo o el Gran Madrid, por citar solo algunos ejemplos, se han convertido en uno de los principales desafíos para la nueva gobernanza.
El aumento del tamaño de las ciudades ha despertado este debate. ¿Deben existir gobiernos de conurbaciones? ¿Cómo se forman? ¿Están más o menos institucionalizados? ¿Qué tipos de competencias tienen? ¿Se financian con ingresos propios? ¿ ¿Son dependientes?
Iremos hacia un marco de competencia local que permita que los gobiernos locales gestionen las incumbencias que afectan la vida cotidiana de los vecinos, o persistirá un régimen jurídico local que limite de manera más o menos estricta su ámbito de actuación. Las autonomías municipales se discutieron en la reforma de la constitucional en tiempos de Eduardo Duhalde gobernador, y forma parte de una controversia que persiste y nunca saldada.
Cada vez más se pone el acento, en el mundo, en el contexto de crisis del estado, de la representación política, de los cambios profundos en la realidad económica, social y familiar, y el resurgir  de las ciudades y de los alcaldes como líderes de la colaboración para establecer estrategias y objetivos.
En un artículo de publicación reciente en el foro sobre ciudades se sostiene que las ciudades como hace más de dos milenios en la antigua Grecia, o antes, en el nacimiento de la civilización en la antigua Mesopotamia, vuelven a estar en el centro de las decisiones y las soluciones a los problemas humanos y sociales. ¿Lo estarán de verdad en Argentina?