FRENO A LA JUSTICIA.

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Entre toses y lágrimas la Justicia silenciará su actividad hasta fin de mes, la corrupción y los otros delitos deberán  aguardar para ser juzgados, una vez más los procesos volverán a sumirse en el misterio, esta vez, no por obra de algún poderoso, sino a resultas de un mínimo virus chino.

Las investigaciones suspenderán el ritmo de su avance, las audiencias silenciarán sus voces y los Jueces se retirarán de sus despachos evitando que lleguen a sus oídos los comentarios adversos a sus decisiones. En este tiempo, se ha dispuesto la libertad de alguno de los imputados en las causas que mantuvieron en vilo a la opinión pública y su nuevo estado casi pasó desapercibido, sin generar mayores comentarios.

Todo lo que ocurre en torno a la pandemia, ha ocultado los desvelos que hasta ayer podían conmover a nuestra sociedad. Seguramente la sensación actual es la misma que en la Edad Media conmovía a las gentes frente a la peste o que, en nuestra ciudad,  alentó la construcción de una vía férrea, en el apogeo de la fiebre amarilla, para trasladar los cadaveres hasta el nuevo cementerio, que hoy conocemos como ”Chacarita”.

La situación ha dejado al descubierto todas las falencias que los Estados modernos presentan y que, obviamente, tampoco podían hallarse ausentes en el nuestro, aunque en estas latitudes la incertidumbre parece mayor, por la natural sospecha de que no estamos preparados para superar este tipo de desastre.

Obviamente, entre aquellos ámbitos en los que se presume estamos inadecuadamente preparados se encuentra el de la Justicia, para el que el nuevo Gobierno tiene dispuestas variadas reformas cuyo contenido aún se ignora. Entre varios, existe la preocupación de que las futuras reformas no estén encaminadas a mejorar el servicio, sino a restar independencia a sus miembros.

Para así presumirlo, toman en consideración el retiro de más de cien pliegos que se encontraban en el Senado -algunos con el trámite de comisión concluido-. Otros trascendidos señalan que aquellos que no volverán para ser tratados, son unos pocos, y que el retiro de la totalidad de las propuestas solo tiene el propósito de ocultar las personales oposiciones a algunos nombres que caerán en su carrera por acceder a la magistratura.

Aquellos que intentan conocer el propósito último de las medidas que se adoptarán fundan sus sospechas en las distintas actitudes de los alfiles  del actual Gobierno  que permiten sospechar un propósito distinto al que se expone,  la propuesta de intervención del Poder Judicial Jujeño, la modificación del régimen jubilatorio que ya produjo un éxodo importante de Magistrados y las versiones sobre futuros cambios, son elementos todos, que preocupan a distintos sectores vinculados a la administración de Justicia.

Nada autoriza a sospechar que se intenta vulnerar la independencia del Poder Judicial, pero la sensibilidad de muchos está atenta a que ello no ocurra. Así, los trascendidos sobre las reformas o modificaciones en la Corte Suprema, generan dudas sobre el propósito último que se persigue con ellas. Apalancar las reformas,  en las críticas a la actuación de ciertos Magistrados, no resulta sustento suficiente para alterar el régimen actual, que podrá mejorarse en sus protagonistas,  pero que no falla en sus incumbencias o deberes.

Cada vez con mayor insistencia, ha trascendido el disgusto de la ex Presidente, y actual titular del Senado, respecto del Ministro Lorenzetti a quien no le perdonaría no haber tratado, en su tiempo, algunos de los planteos que su Defensa opuso en las causas que se le siguen y que ahora, como dijimos al inicio, se verán suspendidas, cuando menos , hasta que la Justicia deje de toser.

Finalmente, se comenta en voz baja, la existencia de un acercamiento entre las Autoridades de otros Poderes y el presidente Rosencranzt, lo que unido al enfrentamiento anterior, podría importar un cambio en el eje del poder interno del Alto Tribunal.

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